La nostalgia es utilizada como moneda corriente en la industria del entretenimiento. Los polémicos remakes, reboots, secuelas y spin-offs son símbolos de una cultura que se ha acostumbrado a capitalizar no con la novedad, sino con el reciclaje. Es un negocio rentable que muchos catalogan de mal gusto, dado que los casos donde las obras originales han sido superadas son limitados. Esta vez, tampoco se pudo salvar la recordada “Space Jam”, película que marcó a toda la generación noventera y que se ha ganado su espacio en la cultura popular. Después de muchos planes e ideas desechadas, este 2021, pudo salir a la luz “Space Jam: Una Nueva Era” con la participación estelar del basquetbolista de Los Angeles Lakers, LeBron James. El revuelo alrededor de su estreno fue descomunal; sin embargo, el resultado no fue el esperado para los espectadores y mucho menos para la crítica. Hecho que es muy parecido a lo que ocurrió con la primera entrega, por lo que me pregunté si, tal vez, en unos años, esto pueda revertirse. Veamos. 

El film empieza con una presentación de quién es LeBron, su exitosa carrera y sus momentos más icónicos en la NBA. Pasado esto, conocemos a su familia y el conflicto principal del largometraje: la relación del jugador con su hijo menor, Dominic, “Dom”, quien es un genio de los videojuegos y ha desarrollado uno basado en el básquet. Sus habilidades, por el contrario, no son reconocidas por su padre, quien lo presiona para que practique este deporte. Mientras tanto, el algoritmo (Al-G Ritmo) de Warner Bros, interpretado por Don Cheadle, crea un sistema llamado Warner 3000 en el cual es posible la incorporación del público a las ficciones y series del estudio. LeBron es convocado para participar en este proyecto, pero lo rechaza. Por lo tanto, el algoritmo, enfurecido, termina secuestrándolo junto a su hijo. Ahora, deberán enfrentarse en un partido de básquetbol, que llevará al protagonista a buscar un equipo en el que también jugarán los Looney Tunes

Mi intención con esta crítica no es comparar las dos cintas, al mismo tiempo, considero que ese no es el propósito detrás de su producción. Ambas son diferentes, pero están claramente conectadas, así lo indican varios miembros de los Tunes. Muchas de las particularidades de la primera entrega se encuentran presentes; no obstante, son llevadas al extremo, ocasionando una sensación de incomodidad. Una de ellas es el abuso de la publicidad. Parece un desordenado comercial de dos horas, en el que ya no solo predominan las colaboraciones con marcas de zapatillas (Nike y Jordan, para ser precisa); sino que se expone todas las franquicias y licencias pertenecientes a Warner como DC, Harry Potter, King Kong, etc. Las excesivas referencias me recordaron un poco a “Ralph breaks the internet”. Dicha saturación provocó que perdiera el interés rápidamente en los elementos pilares de la historia: el basketball y los Looney Tunes. Esta creo que quizás es su más grande error. 

Regresando al aspecto de la trama, se percibe que el filme va escalando en complejidad a medida que el argumento avanza. Sin embargo, debido a que el relato se comporta como un cliché, es poco atractivo en un inicio. Al introducirnos al multiverso, el tono cambia gracias a la presencia de los Looney Tunes. La naturaleza impredecible y divertida de personajes como Bugs Bunny, Lola Bunny, el Pato Lucas, Piolín o el gato Silvestre mantiene la atención de los espectadores y nos atrapa totalmente. Los efectos especiales y la mezcla de los formatos de animación tradicional con animación 3-D permiten que las escenas sean dinámicas. Si bien LeBron es un “household name”, es decir, la actual imagen de la franquicia, se ve opacado por su versión animada, ya que su presencia en pantalla no logra convencer e, incluso, resulta irritante. La presencia de otros actores como Cedric Joe, en el papel de Dom, y Don Cheadle aligeran la carga de James como el protagonista de la misma forma. Al-G Ritmo, el antagonista, a pesar de ser un personaje más complejo y carismático, no sobresale y se ve arruinado por la película, la cual prioriza los anuncios publicitarios en vez de su desarrollo.

El guión, por otro lado, no se toma en serio a sí mismo, puesto que se burla de su propia historia y se muestra consciente de su intención comercial. Cualidad que es realmente efectiva en material de risas. Enfatizo la escena en la que el algoritmo (o Al-G Ritmo) resalta que los Looney Tunes son “los desplazados”. Es un momento agridulce si pensamos en la relevancia que estos personajes tuvieron en el pasado y que, con los años, han ido perdiendo. LeBron como personaje tiene un arco que es esperado. A pesar de su predictibilidad, marca la etapa final de la película que rememora la leyenda del baloncesto, Michael Jordan. Debo señalar que su conclusión es abierta, en vista de que, pienso, se ha considerado la posibilidad de realizar una secuela, aunque no funcionaría, pues nos deja con un abanico de preguntas en la cabeza. 

Una de las cuestiones que rodean a esta producción es si obtendrá el mismo efecto que la primera o si quedará en el olvido. Space Jam, de 1996, fue abucheada por la crítica, mas su avasallador éxito en taquilla y el público que cultivó la transformaron en un clásico. Se convirtió en un referente en el cine en lo que respecta a la forma en la que pueden interactuar los actores con nuestros personajes animados favoritos en la pantalla y eso incluye a los villanos, como Nerdlucks y el Sr. Swackhammer, quienes generaban el miedo necesario para ser icónicos. Jordan estaba, además, en la cumbre de su trayectoria y ya era considerado un mito en ese momento. Como mencioné, la segunda parte goza de todos estos elementos, llegando a, lamentablemente, trillarlos, lo que conlleva que las críticas hayan sido aún más mordaces y, sobre todo, carece de innovación, propuestas frescas y creatividad.

Resumiría la película como aburrida y decepcionante para quienes poseen un vínculo previo con esta franquicia. Es posible que se repita la misma historia y que sea mejor acogida por las siguientes generaciones. Solo el tiempo lo dirá, pero teniendo en cuenta que no está a la altura de su predecesor, es probable que pase desapercibida.