La etapa escolar de muchos se puede resumir en aislamiento social, escritores muertos de hace 200 años y anime. La verdad que esta combinación para una adolescente de 15-16 años puede ser letal al momento de juzgar las obras que uno consume: me acostumbré a exigir que estas fueran lo más originales y menos genéricas posibles, que no todo el mundo las consumiera porque eso significaba que yo era como todos; y, según mi yo de 16 años, que muchas personas amen algo significa no tenía mérito. Your Name, la película más aclamada del artista Makoto Shinkai y una de las películas más populares de anime en las últimas décadas,  llegó a mi vida cuando pensaba así por mala suerte. 

Cuando la vi por primera vez, aunque no se lo dije a muchas personas, Your Name ganó la batalla contra mi rechazo a llorar por películas románticas. Sin embargo, no pude evitar compararla con las anteriores películas del mismo autor a las cuales pensaba como uno de los pilares del anime: Cinco centímetros por segundo y El jardín de las palabras eran mis mayores referentes. Pensando en estas tres creaciones del autor, Your Name definitivamente me sugirió que era  la que potencialmente iba a llegar a un mayor público, ya que las otras dos, a comparación, no poseían una dirección tan dinámica. Las precedentes películas de Shinkai eran más tranquilas, dejaban a tu mente trabajar más durante tu visita a la historia. Your Name, por otro lado, era una explosión de música, escenas y colores que no le daban a uno tiempo de sentir  su ‘’profundidad’’. Dos adolescentes enamorados unidos por el hilo rojo del destino, pero separados por algo tan imposible de superar, como una diferencia espacio-temporal, me parecía una referencia -o imitación- a varias series y películas del mismo estilo de las cuales antes ya había escuchado y que ahora no se me vienen a la mente irónicamente.  Esta opinión mía se acrecentó cuando vi, tal como esperaba, la explosión que esta película desató no solo en los consumidores regulares de anime. La historia protagonizada por Taki y Mitsuha logró conectar con una variedad de personas de distintas edades y culturas, aclamada, afuera de Japón, como muy pocas obras del mismo estilo, como muy pocas obras de Shinkai,  incluso osando llegar a superar al Viaje de Chihiro como la película de anime más taquillera de todas. 

No puedo negarlo, esto último provocó que me convirtiera en una activa criticadora de Your Name. Cada vez que alguien me hablaba sobre la película, no podía evitar soltar algún comentario insoportablemente pretencioso como: ‘’No es ni de lejos la mejor obra de Makoto Shinkai’’ o ‘’Tiene muy buena animación, pero la historia no me termina no convencer’’. Debo admitir que el Viaje de Chihiro siempre ha sido mi película favorita desde que aprendí  lo que era una, y que Your Name viniera y destronara a una película tan preciada para mí solo empeoró mi ceguera esnobista

El tiempo pasó y olvidé parcialmente la película más famosa de Makoto Shinkai. Así, en algunos de esos días en los cuales solo quiero evadir al mundo de mí misma, la vi porque tal vez parte de mí la extrañaba. Como pasa con la mayoría de cosas en esta vida, no es lo mismo experimentarlas a los 15 que a los 18 o -peor aún- que a los 19, cuando ya uno se encuentra al borde de saltar al precipicio de la joven adultez. Y la cachetada que la vida me tenía guardada la recibí al ver Your Name por segunda vez.

 La animación, las escenas, los personajes, los colores, una de las mejores bandas sonoras de una película que he escuchado en mi -ya no tan- corta vida. Era una historia que no dejó los latidos de mi corazón en paz ni por un momento. Derramé aún más lágrimas que la primera vez, aunque ya sabía cómo terminaba, porque finalmente me lo permití, porque no me importaba nada más que lo que estaba sintiendo al momento de ver a estos dos personajes enredar y desenredar el hilo rojo del destino. No me importaba si la historia no era original, si es que era mucho más comercial que la mayoría de películas que había visto de Makoto Shinkai. En ese momento fue irrelevante si no era la mejor historia del mundo, si los personajes y su universo eran un cliché que ya había visto en mil animaciones del mismo estilo; yo también era -y soy- un maldito cliché y de verdad no importaba nada más que el hermoso dolor en mi corazón que surge cuando mezclas tantas emociones en un solo momento.

La película y su popularidad internacional siguen y seguirán siendo objetos de críticas de gente tan absurdamente amargada por lo mainstream y la ausencia de obras lo suficientemente profundas para su ego. A mí, Your Name me abrió los ojos a todo lo que me perdía por el miedo a no ser lo suficientemente auténtica para existir en este mundo. Uno se suele preocupar por ser lo más extraordinario posible y se olvida de siquiera empezar por las primeras cosas. Makoto Shinkai y su atrevimiento a lanzar un cliché después de sus películas de culto  hicieron darme cuenta de que el miedo a fallar, a ser un simple cliché es un miedo vacío que realmente no importa,  y que se convierte en nada si lo comparas con el sentir que en tu pecho hay un corazón viviendo con tanta emoción cada momento que el mundo te puede ofrecer. Si uno lo piensa bien, todo puede ser visto como un cliché: los amaneceres, los días lluviosos, los abrazos, las lágrimas, las sonrisas, el amor, la ira, la felicidad, la tristeza, todo se encuentra repitiendo,  siempre lo ha estado. Y qué importa realmente, qué más da si es que eres tú viviendo lo más que puedas cada instante de ese maldito cliché