Entonces, la señora pituca opina:

¡Martita! Pasa hija, pasa, has llegado temprano. Pero qué regio tu collar. Ay, mua-mua. Siéntate darling, esta es tu casa forever and ever. ¡Juliaaaa! Trae el vino, por favor. Perdóname, hija, pero estas chicas… Ay, no sabes, cada día más lentas y una no sabe qué hacer.

Te cuento que me ha salido con la historia del corredor azul. ¡Ay!, para morirse. Mo-rir-se. Es que yo no entiendo, ¿viste? Toda esa gente que seguramente vive en invasiones, porque no saben vivir de otra manera, no quiere caminar un poco más para tomar el bus. Imagínate. ¡El vino niña, el vino! Es horrible.

Y yo no entiendo, o sea, tú sabes que, el otro día, con las chicas de la prom nos fuimos a tomar un café y vimos estas maquinitas azules. Casi me muero. Casi, hija, casi. Si Pili y Mili no me sostenían, ay, olvídate. Esos buses de azul cobalto, que no combinan con Lima, es un calambre al ojo.

Gracias, Julia, déjalo acá nomás. Salud, Martita, para que siempre seamos regias. Pero esto está uff, para morirse, darling. Y yo no entiendo, o sea, encima la cosa azul esa es gratis, it’s free! Es que esta gente no sabe vivir, o sea, ¿qué de malo tiene caminar un poco más? Encima yo creo que los cerros esos en donde viven, deben quemar calorías alucinantes.

¿Y tu novio? Ay hija, ese francés se ve divine. Me encanta su acento. Me encanta que no pueda pronunciar las erres. Se ve más…más…fino. No como Julia, hija. ¡Aj!, olvídate. Lucho por que hable bien el español, y me sale con que no pronuncia las e’s. Creo que tampoco puede aprender inglés. Pero yo no me rindo. ¡Ay, hija! ¿Cómo vas a comparar a tu novio con Julia? ¡¿Cómo que lo mismo?! El francés se ve bien, hija. Lo de Julia es un problema.

Pero ya, vamos a la iglesia que estamos late. ¡Simón! ¡Simón! El carro, llévanos a la iglesia. Ay, hija, porque si camino un poco, tú sabes, cómo es el reuma. Es un mal. Felizmente este chofer nos salió educado. Yo no entiendo. Ay, hija, se me ha subiendo el vino.