Crisis, desaceleración, enfriamiento; apocalipsis, cotidianeidad: algo pasa en la economía nacional. Diversos economistas y analistas políticos se tomaron el tiempo de hablar sobre el tema en los medios de prensa. Desde Rolando Arellano a Kurt Burneo; pasando por Inés Temple a los economistas de “ideas trasnochadas”, como gustan decir ciertos opinantes de derechas. Cada quien a su modo se decidió por rastrear las causas y analizar el futuro de la resfriada economía patria.

Indudablemente, la economía nacional requiere de reformas tanto como lo pide -y no por convencimiento propio- el aparato del Estado. Para el empresariado la responsabilidad radica en no haber hecho las reformas debidas. Muchas de ellas tenían que ver con la flexibilización del régimen laboral, el cual para ellos era uno de los más rígidos y proteccionistas al cambio en América Latina. Esta situación era un punto en contra para la sed de inversiones de las empresas multinacionales. Otra de ellas giraba en torno a la reducción del tiempo que tomaba la coordinación y ejecución de los contratos. Las famosas “7 medidas” que a mitad de año el gobierno anunció mantenían estrecha relación con lo advertido. La “tramitología”, la estresante espera desde instancias de estudio de ProInversión, entidad que se encarga de revisar los programas de entrada de inversiones, eran los objetivos a tratar. La administración “Cosito”, como se ve, leyó la situación y atendió rápidamente el llamado.

Esta semana, reconocidos economistas de la Universidad Católica presentaron sus descargos. Waldo Mendoza, Elmer Cuba, Efraín Gonzáles de Olarte, entre otros; comentaron que, en efecto, la economía peruana había sufrido una reducción del PBI tal cual lo estimó a inicios de año el BCR. La caída de las exportaciones, debido a la depreciación de los “commodities” en el mercado mundial, desestabilizó el no tan firme piso del modelo. Pero, como Mendoza valoró, esto era muy lejano de afirmar que habíamos entrado en crisis. Dentro de la media mundial en cuanto a crecimiento económico, estamos todavía en la exultante posición que hace unos años, la misma que motivó a que el Perú sea (auto) considerado como milagro económico. Además, los proyectos de inversión en camino y las reservas internacionales servirían de colchón ante eventuales repercusiones de la crisis que se extiende por el globo. La seguridad macroeconómica será el escudo. Sin embargo, el ciclo de auge de los precios de los minerales parece haber llegado al tope.

Es en este punto donde los pedidos de reforma se hacen escuchar. A diferencia de las exigidas por el empresariado, estas tienen que ver con temas estructurales e internos. La descentralización, seguridad laboral, inversión en actividades estratégicas como el sector energético, la agricultura, el sector servicios, industrialización, entre otros muchos temas es lo que se pide. La primera se ha visto afectada por la pérdida de tributación por el canon minero; la seguridad laboral es una broma de mal gusto pues la calidad del empleo es paupérrima; pretender independencia en el sector energético es un arrebato autoritario del que debemos guardarnos; la agroindustria hace posible la nulidad de desempleo en Ica pero exacerba el subempleo como ha dado cuenta el antropólogo Juan Carlos Callirgos, docente de nuestra universidad; el sector servicios es importante pero hoy en día no es lo suficientemente dada la dependencia excesiva que se tiene sobre la minería; y, finalmente, la industrialización presente en el plan de gobierno no asegura un efectivo cumplimiento de él, según califica Mario Tello, economista del medio.

Pocos meses atrás, La República presentó un informe sobre qué es lo que siente o piensa el ciudadano de a pie en medio de tanto debate sobre lo que debe y no debe hacer el gobierno para salir de este freno de la economía. Todos los entrevistados, trabajadores, amas de casa, pequeños industriales denunciaban el abandono del Estado, los -estos sí- milagros que tenían que hacer para balancear la economía y llegar a fin de mes. Un ejemplo temporalmente más próximo es lo que sucede con los comerciantes de Gamarra o lo sucedido con los trabajadores independientes y su “contribución” con las AFP’s, política felizmente suspendida pero aún viviente. ¿Inferencias? Saltan a la vista. Hay poco interés del gobierno por asegurar la calidad de vida de sus ciudadanos; en cambio,  tiene cuidadoso trato con los que cortan el jamón, perdón, los motores del crecimiento económico, ¿verdad?

Un debate público de temas públicos en la sociedad procuraría revertir esta situación. Es algo que se escucha por todos lados, pero el “manos a la obra” no se percibe. La intervención en política es necesaria, quiérase o no, porque si no haces política te la hacen.