A inicios del mes fui, junto con amigxs, a un conversatorio en DEMUS organizado por Déjala Decidir. Cuando la charla terminó, una persona de cabellos cortos, bajitx y sonriente, pasó al frente y cantó, con guitarra en mano, una canción llamada La otra de unx artista cuyo nombre también era La otra. En momentos como estos, donde una actual congresista que busca ser re-elegida por tercera vez declara en un programa radial que “puedes en primer lugar ir a hacerte un lavado vaginal puedes hacer, tomar, la píldora del día siguiente puedes, tienes, muchas otras medidas más allá de llegar al tema del aborto” canciones como esta, cuya letra grita: “y entre tanta basura, ¿dónde queda mi libertad?” suelen darnos el alivio, comprensión y cobijo que el Estado, nuestro Estado, no nos da.

Pensar en las palabras de Luciana León me hacen regresar a los apuntes que tomé en aquella charla sobre Déjala Decidir. Es increíble cómo asistir a eventos como ese, no son sólo un espacio para organizarse frente a un problema o sumarse a una causa, incluso para compartir un sentir y darnos cuenta de que no estamos tan solos o locos como creíamos, sino que son además, un espacio de aprendizaje y reflexión. Un espacio para informarnos y preguntarnos por nuestra sociedad y nuestro rol en ella.

En la charla estuvieron Jimena Ledgard, Jennie Dador y Micaela Távara. Todas venían de mundos distintos, Jimena es filósofa, Jennie es abogada y Micaela es actriz. Todas nos dieron una perspectiva diferente e interesante de su experiencia en Déjala Decidir y de lo que ha sucedido en nuestro país a raíz de la búsqueda de la despenalización del aborto.

Luciana señaló, en una entrevista en Canal N el día martes, que cometió un error y se disculpaba por ello. Sin embargo, reiteró la siguiente posición: “La píldora del día siguiente como una medida alternativa antes de pensar en el aborto.” En primer lugar, hay que tener en cuenta un dato sumamente importante que muchas veces pasamos desapercibido. Usualmente, las violaciones no ocurren como en los episodios de Law and Order o CSI, en los cuales, la víctima es ultrajada en un callejón sin salida a mitad de la noche o muy temprano cuando aún no hay sol. Lo que sucede en realidad, es que las víctimas de violación son violadas durante días, meses e incluso años por personas muy cercanas a ellas e incluso familiares, es decir, son víctimas de violaciones sistemáticas. Debido a esto, realizar la denuncia – que para Luciana es un paso previo que debe darse antes de pensar en el aborto, cito: “para hablar ya del aborto han tenido que pasar muchas etapas si ha habido una violencia sexual” – se dificulta drásticamente dado que ¿quién podría denunciar a su propio padre o tío? Por otro lado, ¿si el violador es el novio o esposo de mi madre ¿Ella me apoyaría, me creería? ¿Podría hacerlo sin sentirme culpable? ¿Si me amenazan? ¿Y si por denunciarlo nos quedamos sin comer? ¿Y si mi denuncia no procede? Entre otras preguntas.

La violación ocurrida dentro del hogar no se solucionará con una pastilla del día siguiente. Se sabe que su consumo es sólo para emergencias, mas no para usarla tal como se usan las pastillas anticonceptivas. El uso prolongado de la pastilla del día siguiente, provoca daños en nuestro organismo y esto, es algo que cualquier ginecólogo puede reafirmar. Si denunciar a tu violador – que es parte de tú familia o amigos – es complejo, y dado que es una violación constante – no una vez, sino muchas veces, muchos días, muchos años – y por ello, el consumo de esta pastilla traería consecuencias negativas a las mujeres, la posibilidad de la pastilla del día siguiente como una “medida alternativa” claramente es inviable.

Segundo, muchas violaciones suceden antes que las personas violadas lo sepan. Imaginemos que una niña de 10 años es violada por su padrastro. Pasan los años, y ella piensa que solo es un juego o no es nada malo. No obstante, ahora tiene 12 y ya menstrua. Los meses siguen y la niña se encuentra embarazada con tan sólo 13 años. ¿Realmente supo que fue violada o era solo un juego que su padrastro inventó? En tal caso, la pastilla del día siguiente, que debe consumirse en un lapso muy corto de tiempo después de tener relaciones sexuales, tampoco sería una alternativa viable. Si la niña no tiene conciencia de que ha sido violada, ¿cómo podría tomar una pastilla que evitaría su embarazo?

Posturas como las que sostiene Luciana León y otros parlamentarios realzan la idea que Jimena sostuvo en el conversatorio: las alternativas para abortar entre mujeres depende de su clase social. Así, una mujer de clase media o clase alta que queda encinta, ya sea por una violación o por otro motivo, recurrirá a un médico que pueda hacerle “el favor” y volverá a su casa tranquilamente. Mientras que una mujer con bajos recursos recurrirá a los teléfonos de un aviso con las palabras Atraso Menstrual en un poste de nuestra ciudad. Aquellas mujeres, probablemente nunca más puedan ser mamás, se contagien alguna enfermedad, sientan mucho dolor e incluso mueran en el intento.

Jennie Dador hizo énfasis en que no hay una distribución gratuita de la pastilla del día siguiente. Luciana León afirma que “esto de la medida de la píldora del día siguiente nosotros lo aplicamos en el gobierno del presidente Alan García. Era una política de estado, se les entregaba de manera gratuita a las mujeres.” Sin embargo, en el 2009 – durante el gobierno de García – esta política de estado se anuló y con ello, las mujeres que no podían comprar estas pastillas debido a su alto costo, dejaron de tener la oportunidad de hacerlo. Hoy en día, la distribución gratuita de esta pastilla es inexistente.

Por otro lado, cabe resaltar que en los actuales planes de gobierno sí aparece el tema de los embarazos adolescente debido, probablemente, a su preocupante crecimiento. Lo interesante del tema, es que estos embarazos tienen claramente un impacto en el lado económico: personas sin recursos y muy jóvenes tendrán hijos que tampoco tendrán recursos, aumentando así, la pobreza – y con ello, pondrán nuestro índice de desarrollo humano más bajo de lo que ya está. De modo que, si bien aparecen en los planes esto suele ser más por un tema económico que una preocupación social. Por ende, muchos planes no proponen derechos sexuales para hombres y mujeres, sino hablan de los derechos reproductivos y sólo en el caso de las mujeres. Dentro de estos, se refieren a la mujer en tanto esta es madre. Se albergan propuestas que afecten al niñx y a la madre antes, durante y después de su nacimiento. Muy pocos planes, proponen la despenalización del aborto, y si es así, es tan solo en casos de violación. La pregunta es, entonces, ¿Quién es el sujeto mujer que reflejan en estos textos? ¿Para quién los escriben? – explicó Jennie.

La moraleja que puedo concluir de lo mencionado por Luciana León es que un cuerpo de mujeres no asegura la defensa de los derechos de esta. La siguiente premisa, la escuché en la charla en DEMUS, pero no la sentí como real, hasta que Luciana declaró aquello. El congreso está lleno de hombres que, a diferencia de Gabriel Boric en Chile, no se interesan por los derechos de las mujeres. Asimismo, las pocas mujeres con las que cuenta el parlamento tampoco se interesan por sus propios derechos – aunque quizás sea entendible, ya que ganan muy bien y no los necesitan – ni por los derechos de las tantas mujeres peruanas.

Boric expresó lo siguiente: “Avanzar hacia la legalización del aborto es un paso fundamental para encarar uno de los aspectos más violentos que enfrentan las mujeres en nuestro país: la prohibición de tomar decisiones sobre su propio cuerpo.” Continuó, “Creo que es precisamente la posibilidad de que la mujer aborte en caso de violación donde se abre la primera puerta para saldar la deuda pendiente que como sociedad tenemos en el reconocimiento de la dignidad y autonomía de la mujer y las obligaciones que al respecto tiene el estado. (…) Es por eso que cada vez que el estado la obliga forzosamente a mantener un embarazo nuevamente niega su voluntad y autonomía, nuevamente la niega como un igual, su condición de sujeto de derechos en definitiva es rechazada.”

Este problema, el cual Boric sostiene como “un problema profundamente político” es decir, el de la desigualdad, no parece estar en la agenda de la mayoría de nuestros futuros congresistas. Tal como citó en su discurso, “seguimos siendo ciudadanas de segunda clase” y “no estamos autorizadas para dar nuestra opinión”. Me gustaría estar viva el día en que nuestro congreso emita un mensaje similar o mejor que el de Boric en Chile. Pesimista quizás, pero real.