Esta vez no narraré la sinopsis de una de las películas que están nominadas a la edición de este año de los Oscar, ni daré recomendaciones de la misma. Esta vez opinaré de una película mucho más impactante que tiene desarrollo en Latinoamérica; que no solo golpea la reputación de políticos, sino que también permite plasmar los hechos sobre una pantalla gigante y convertirnos en los espectadores de aquello que años atrás ha sido censurado o que no se ha visto ni con los mejores efectos 3D o 4D

¿Qué pasaría si te digo que hay ex – presidentes involucrados en un caso de corrupción de grandes proporciones? ¿Qué pasa si te digo que esas personas ocupaban su cargo para, supuestamente, defender la integridad y dar la cara por el país que los vio nacer? Y lo que es peor, ¿qué pasaría si no genera importancia para un ciudadano de a pie?

Esto no es una película de terror o de suspenso. Es peor. Esta gran “película” se llama Odebrecht. Esta empresa deja chico al más osado carterista o raquetero. Comprar licitaciones, sustraer dinero sin declarar cómo o coimear  son solo algunas de las “joyas” que se pueden encontrar dentro de las investigaciones realizadas con respecto a esta “película”; la cual no solo establece como locación el Perú, sino también toda América, incluyendo los Estados Unidos. Volviendo a nuestro país, en las últimas semanas dos personajes han llamado la atención de los medios de comunicación por su cercanía con esta empresa: los viejos conocidos Alan García y Alejandro Toledo.

Tete a tete con mi ego

Me resulta imposible hablar de este personaje sin pensar en los ochentas, su departamento en París y las diversas influencias que tuvo Odebrecht en su gobierno. Hablo de Alan García, quien, recientemente, volvió no por una acusación en su contra, sino (solo) para brindar declaraciones, como un apoyo a la investigación. Pero, ¿por qué no investigar a alguien cuyo gobierno guarda clarísima relación con Odebrecht?(Para mayor información, ver Este es el vínculo de Alan García con el caso Odebrecht – vía RPP).

“Yo no sé cómo es su corazón. Yo no sé qué es lo que usted sueña y piensa. Tampoco puedo ver lo mismo en el señor Cuba. Si le di la mano alguna vez yo no sé. No puedo detectar otras motivaciones y quién quiere ganar dinero”. Esto mencionó cuando fue consultado sobre el señor Cuba, que era viceministro de Comunicaciones en su segundo gobierno y “fue coimeado por Odebrecht para obtener la buena pro de las obras del metro de Lima” (Fuente El Comercio). ¿El ego le queda muy grande y cubre su capacidad de recordar?

Definitivamente, se hace acreedor al mejor actor si es que estuviera nominado en la próxima entrega de premios Oscar. Lo que es gracioso, por no decir triste, es que hay declaraciones, recopiladas en la editorial de un periódico local en su versión web que son  parecidas a la citada y que, para no seguir dañando al hígado, prefiero no abordarlas Qué tal lavada de manos.

¡Ese era mi presidente!

En mi caso, no lo fue; sin embargo, para varias personas que conozco, Alejandro Toledo era sinónimo de democracia en medio de la dictadura; del “cholo” emprendedor, sano y sagrado que llegó hasta Harvard; entre otros calificativos. Estas personas sintieron que un gran balde de agua fría caía sobre ellos al enterarse de que él no solo brindaría declaraciones, sino que estaría implicado en recibir una coima de más de veinte millones. Y, lo que es peor, que está prófugo de la justicia. En su huída, concedió una entrevista a un programa de televisión local afirmando que era inocente, pero… ¿el que no la debe, no la teme, verdad? ¿entonces por qué huye? Lamentablemente, en los últimos años, la imagen de Toledo se ha ido resquebrajando y guarda relación con aquello que menciona López Tello en el sitio web de IDL Reporteros: señala que no es novedad que el ex presidente haya estado metido en actos de corrupción, puesto que, dentro del Estado se creó y se continúa creando una microcorrupción en la inversión pública.

Más allá de que esta sea la caída del que pudo ser “el presidente” (con letras mayúsculas para algunos), también puede ser una lección aprendida y la señal de alerta para cierto sector de la población, como son los jóvenes, al no permitir que alguien venga prometiendo progreso, pero que no se sepa cómo ni cuándo lo hará; además de averiguar su pasado e informándose lo más que pueda para no impactarse con lo que esta persona pueda hacer en el futuro.

Poco a poco siguen habiendo nuevas declaraciones así como investigaciones que minimizan aún más la reputación de no solo los presidentes de los cuales se ha mencionado en párrafos anteriores, sino de aquel que garantizaba la gran transformación: Ollanta Humala, así como su esposa Nadine Heredia. Sin embargo, esa “secuela” recién está por empezar.
Para finalizar, quisiera, por un lado hacer la siguiente pregunta: ¿lección aprendida?, recalcando también que esta pregunta no solo va dirigida para los políticos, sino a nosotros mismos. Quizá, y muy probablemente, la respuesta sea la tan mal acostumbrada y dichosa  negación. No obstante, por otro lado, también quisiera utilizar dicha negación para, irónicamente, realizar una afirmación: no podemos, ni debemos, dejarnos engañar. Así se cierra la primera parte de esta película, lastimosamente, con ganas de continuar pero al mismo tiempo encerrando sorpresas que poco a poco se irán desmenuzando, todo por sacar provecho de la riqueza que posee uno de los grandes productores de este film: el Estado Peruano.