Y ahí estaban las estrellas. Todas bellas, quien diría que podría captar un poco de ese paraíso. No pude evitarlo y me acerqué, estiré los brazos con tanta fuerza pero no resultó al principio. Solo quería alcanzar el cielo y fui de nuevo, con un poco más de fuerza y los ojos cerrados, y me sentí levitar, tropecé con todas las nubes. Al fin llegué a la última. Dejé de levitar y me eché en ella, una almohada y mis ojos en el cielo negro, no pude evitar pensar en el porqué de toda la vida, pero cualquier pensamiento que cruzara por mi desatormentada cabeza no podía ser más optimista. Dulce armonía, mis pensamientos durmieron en medio del viaje. Dormí.  Caí y desperté.  ¿Por qué caí? ¿Por qué desperté? La vida me abandonó, levité de nuevo, pero los pensamientos negativos me hicieron caer, logré reponerme y seguir subiendo, ninguna nube me detuvo de llegar más alto, estiré mis brazos otra vez. Subí.

Es tan bello el espacio entre la tierra y el universo, no puedo evitar caer de nuevo en armonía, creo que estoy bailando.  Pero si hay miedo, doy vueltas y el mundo me abruma, creo haber llegado, caigo sin dudar, subo las escaleras pero caigo. Me detengo, no puedo continuar el camino sin sopesarlo, no sé qué hacer, nunca he estado en el espacio. Ya sé cómo llegar, tomo fuerzas y camino sin pensarlo, sin mirar atrás, ahora corro sin mirar atrás, cierro los ojos para llegar más rápido. No hay ruido, pero lo escucho, es mi pensamiento, no sé lo que dice, quiero ignorarlo, no me deja avanzar, trato de avanzar pero el pensamiento me hace mirar atrás. Me canso, pero sigo caminando, sé que mientras camino me iré acostumbrando, hasta que tenga la fuerza para empujarme de nuevo. ¿De dónde saco la fuerza? Del deseo, el deseo ya no lo siento, solo camino.

Cerraré los ojos y los abriré de nuevo. Me impulsaré a ver de nuevo, todo estará calmado, caminaré con duda, avanzaré de puntillas, con cuidado porque ni pensar ni desear no me llevarán a ningún lado. Caminaré y sonreiré, a ver si así me motivaré…  presionaré los labios sin mirar a los costados y seguiré caminando.  No funcionará motivarse para llegar a las estrellas, me decepcionaré. ¿Qué haré? No fingiré, claro, necesitaré la clave para llegar, lo pensaré por última vez. Y lo veré entonces, lo natural no necesitará ser fingido, podré llegar, el espacio me llevará, sabré que si me dejaré llevar algún camino me guiará a una estrella, donde sea que estuviera ella.  Estaré en el camino correcto, lo sentiré, sentiré el calor cerca, sabré que podré llegar. No me preocuparé más, relajaré todos los músculos de mi cuerpo y estaré más cerca.

Floto suavemente, pero el deseo de tocar la estrella me hace correr aún más, no hay tiempo que perder. Después de tanto la veo, veo la estrella, no hay más sonido, es como un grito en silencio. Voy llegando y puedo sentir el deseo, las pupilas se me dilatan y a medida de que se acerca el final, me ciego.  Llego. Estiro mi mano y con los dedos la rozo, pero solo parte de mis dedos la roza porque caigo. No me importa caer.

Si

es

por

un segundo de felicidad.

Andrea Lescano