El eslogan de la campaña de Castañeda no mentía, volvieron las obras, aunque nunca dijo que serían buenas obras. En estos dos meses al frente de la Municipalidad de Lima, el alcalde y sus regidores han tomado decisiones poco acertadas, que más que beneficiar a la ciudad, buscan una revancha política luego del mandato de Susana Villarán.

La primera sesión del Concejo Municipal causó muchas expectativas ya que significaba el regreso de Castañeda al sillón municipal y la primera sesión que no sería transmitida por internet luego de 4 años. Lamentablemente, el burgomaestre solo tomo lista de los presentes y dejó a cargo de la reunión, a la teniente alcaldesa –que en realidad parece alcaldesa– Patricia Juárez. Era posible que el alcalde tuviera alguna reunión de importancia o que necesite supervisar alguna obra. Sin embargo, este comportamiento es constante, ya que hasta el día de hoy, según el regidor Hernán Núñez, el alcalde suele retirarse de las sesiones luego de tomar lista. Esto demuestra la falta de compromiso y también la excesiva confianza de la segunda al mando con el agravante, ya que se le vio celebrando el aniversario artístico de Carlos Álvarez durante mucho más tiempo del que estuvo presente en la primera sesión del Concejo.

La primera gran “obra” del 2015 fue el despido masivo de 2 mil trabajadores aproximadamente. La gestión anterior amplió los contratos de estos trabajadores hasta el 31 de enero con el fin de realizar una transición entre gestiones que no afecte a las reformas, como la del transporte, o la fiscalización en varios sectores de la ciudad, como los operativos en Mesa Redonda, ya que el segundo período del alcalde Castañeda (2006-2010) también realizó esta ampliación. Sin embargo, el alcalde optó por despedir a los trabajadores aduciendo que la mayoría del gasto corriente del municipio se gastaba en los sueldos de dichas personas. En su intento por justificar este despido masivo frente a la opinión pública, se alteró un texto de ley en un comunicado que posteriormente fue rectificado. Además, contrató a 50 nuevos trabajadores sin concurso público, pese a que la ley lo exige.

Además, la “teniente” alcaldesa Patricia Juárez, afirmó que la Municipalidad de Lima “solo tiene 15 millones de soles para invertir” por lo que no podrían atender las necesidades de la población hasta la reestructuración del presupuesto. Esta teoría se desbarató sola, ya que el portal de transparencia del MEF señala que la Municipalidad de Lima tiene un saldo positivo por más de 600 millones de soles, de los cuales 176 millones están destinados para la inversión. Sería ilógico afirmar que la municipalidad está en una “quiebra institucional” cuando se proyecta invertir S/. 700 000 en pintura y S/. 3 000 000 en uniformes.

Asimismo, paso por paso fue dinamitando las obras de la gestión anterior, como la reforma del transporte emprendida –a mediados- el año pasado. Primero canceló la licitación para el cobro del pasaje con tarjetas, similar al del Metropolitano, y luego se aprobó una ordenanza que permitirá renovar las flotas del transporte público pero que también mantendrá el sistema de correteo y peleas por pasajeros. También clausuró el Circuito Mágico del Agua, con el fin de realizar “mantenimiento” por el descuido del parque, pese a que en este lugar se realizó el coctel de bienvenida de la COP20, sin ningún inconveniente. El 18 de enero se reinauguró, sin los afiches ni la placa conmemorativa de la gestión Villarán. Otro caso representativo es la negativa inicial de continuar con las políticas culturales en la ciudad, motivo por el cuál varios artistas se manifestaron el pasado 22 de febrero, con el fin de que se mantenga el presupuesto y la Gerencia de Cultura.

Sin duda, lo más raro en estos meses pese a no ser responsabilidad del alcalde, es la falta de cobertura por parte de los medios de comunicación. Se podrá argumentar que hay temas de mayor relevancia en algunos casos, y es cierto, pero durante el período 2011-2014 la cobertura mediática de los problemas de la MML fue mucho mayor a la actual, y esto despierta muchas sospechas. Se criticó duramente y por mucho tiempo la demora en la remodelación de la Costa Verde, pero hoy en día no se toca mucho el tema pese a que Castañeda inauguró esta obra sin estar terminada. ¿Alianzas políticas? ¿Carga montón contra Villarán? Fuera de especulaciones, Lima espera que su alcalde empiece a mirar el futuro de la ciudad en lugar de atacar el pasado de la municipalidad.