Fue mucho más que el rock. Fue mucho más que solo ver a los más de 20 cantantes que vinieron para el último festival del año en Perú, llamado Vivo por el rock, en su edición ocho. Mi objetivo estaba definido semanas antes del 17 de diciembre, fecha del festival. Aunque no lograría una entrevista con cada uno de ellos (debido a que el proceso de acreditación se realiza con meses de anticipación), logré lo que, desde mi punto de vista, pocos logran: tener, en cuatro días (cinco, si sumamos al día del festival), una experiencia 360º; es decir, no solo gritar, cantar y (por qué no) bailar el 17, sino también ayudar a cumplir el sueño de amigos que hice durante esos días de una manera impensable.

El primer día resultó ser corto, puesto que no creía que un grupo como The Cranberries llegaría tan pronto a Lima. Por ello, decidí ir al hotel en busca de noticias de la banda. Horas después hablé con dos fans (un chico y una chica) y, así, nos pusimos de acuerdo para comprarle regalos a Dolores O´riordan, quien es la vocalista; no obstante, había un pequeño e insignificante problema: no encontrábamos el modo en el cual ese regalo llegaría a sus manos. Debido a eso, al día siguiente los tres nos juntamos para idear algún plan que nos permita entrar al hotel. Adivinen qué, no pregunten cómo, pero lo logramos.Pudimos conocer a un par de artistas (Aterciopelados y Godwana); comer adentro; y ser amigos del asistente gastronómico. ¿Contenta? No, aún no, porque no habíamos visto a Dolores. Una de las personas que estaba en ese momento conmigo decidió esperarla…pero en los exteriores del hotel, puesto que por poco y nos invitan a retirarnos. La persona que la esperó es fan de The Cranberries y de Dolores desde hace más de seis años. Y me consta, puesto que mientras comíamos nos relataba datos poco conocidos de la banda y de la cantante. La pregunta del millón fue: ¿La llegó a conocer? Afortunadamente, sí. Se tomó selfies con ella y, felizmente, le entregó nuestros regalos. Fue un día que, estoy muy segura, nunca olvidará.

El concierto era el sábado, y, por ende, faltaba solo un día para poder ver a los cantantes que faltaban llegar: era el turno de Garbage. Confesaré, a través de este artículo, que mi amor platónico femenino definitivamente es la vocalista de esta agrupación, llamada Shirley Manson, “La Chirley”, que, como broma, le decíamos algunos de los integrantes de la comunidad de Garbage en el país y yo mientras esperábamos a ella y a Duke, Steve y Butch en el aeropuerto (Butch, el baterista; no obstante, no vino). Debo admitir que esta comunidad es la más unida, amable y organizada que, hasta el momento, he conocido. Tanto así que esta comunidad se alquiló una movilidad para desplazarse desde el aeropuerto hasta el hotel en el que la banda se iba a hospedar. Dentro del vehículo, los fans y yo  dejamos a Steve, uno de los guitarristas, en el aeropuerto, debido a que la movilidad que proporcionaban los organizadores del evento a los artistas no lo esperó a tiempo. Quiero señalar que la banda llegaba cansada del concierto que realizaron la noche anterior en Santiago de Chile y Shirley era cuidada más que al presidente de Estados Unidos cuando vino a Lima. Solo los que habían ganado el meet and greet en diversos concursos tenían la oportunidad de ver a la banda completa. Lamentablemente, algunos de ellos, por diversos motivos, como el tráfico, no pudieron llegar a tiempo. Esto les pasó a dos fans, quienes, uno de ellos, mientras estábamos afuera del hotel, me comentaba que se estaba conteniendo las lágrimas y que esperaría para ver si algunos miembros de la banda salen, puesto que es fanático desde 1995. Horas antes, algunos salieron; no obstante, dicha salida fue fugaz. De pronto, más cantantes de otras bandas salían a recibir a sus fans y tomarse fotos, selfies y firmar autógrafos. En mi opinión, fue un gran gesto. Pronto se comunicó que se iba a realizar un nuevo meet and greet pero para otro cantante.

La fila para entrar al hotel estaba casi vacía, así que decidí entrar y probar suerte, se lo comenté a las personas que iban a conocer a Garbage y aceptaron realizar la fila conmigo. En mi mente estaba trazándose un plan. Se los comenté a ellos y, mientras estábamos adentro y esperando a este otro cantante, no me creían cuando se los decía. Insistí en que lo hicieran, ya que pude conocer las instalaciones del hotel anteriormente (con los fans de The Cranberries). ¿Tuvo resultado? Definitivamente, ya que llegaron a conocer a la mismísima Shirley Manson, le entregaron los regalos que le habían comprado y les pudo firmar el Strange Little Birds, su último álbum, en su edición vinilo. Mientras, yo salí del hotel en búsqueda de Fito Páez, puesto que el meet and greet del cantante (se realizó en otro hotel) ya estaba por empezar. No había nada seguro sobre si lo podía conocer; no obstante me aventuré y caminé (rápido), pero no tuve la misma suerte que la de mis amigos. Tengan por seguro que ese che de cabello ruloso no se me escapará, palabra de futura periodista.

Finalmente, llegó el día del concierto. Como lo dijo una amiga, fue una “montaña rusa de emociones”, y  ¡Vaya que sí! A pesar de no haber estado adelante, viví el festival intensamente, sobre todo con la satisfacción de haber ayudado o formado parte de cumplir el sueño de conocer a cantantes como Dolores O`riordan o Shirley Manson: metas que se convierten en recuerdos que no solo son compartidos a ustedes, los lectores, sino que también generen curiosidad por la música, que no solo The Cranberries, Garbage o Fito realiza, sino por todos aquellos cantantes o bandas que se presentaron aquel sábado. Por lo que, en conclusión, podemos ir a un festival de música las veces que nosotros quisiéramos, pero las limitaciones para hacer esa experiencia más enriquecedora e  intensa solo las ponemos nosotros mismos.

Agradecimientos:

Comunidad Garbage en Perú, Fiorella Rivadeneyra, John Serrano y a todas aquellas personas que me acompañaron durante esta corta aventura

 

Fuente de la imagen:

  • Comunidad Garbage en Perú
  • Fiorella Rivadeyra
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