Buenas noches a todos —o buenos días o tardes, dependiendo de la hora en la que se encuentren leyendo esto—, déjenme presentarme. Me llamo Clara, tengo 19 años y esta es mi primera vez redactando en el portal. Desde un inicio me interesó mucho la sección de “Viajes” de Letras al Mango, porque me gusta la idea de narrar experiencias jamás contadas, no solo mías, sino de grandes personajes que se atrevieron a dar ese pequeño salto hacia una gran aventura. Además, creo tener una visión un tanto diferente de lo que es viajar y quisiera compartirla con ustedes para que siempre podamos vivir viajando.

Siendo honesta, aquí encontrarán un pequeño espacio acerca de viajes y viajar. A veces, sobre viajes muy largos, y otras, sobre viajes muy cortos. Ambos siempre estarán llenos de intensos recorridos y aventuras. Ya que este es el primer artículo de la sección, quisiera tomar como punto de partida la definición de un viaje. Viajar no significa, necesariamente, hacer maletas, tomar un avión o un bus que nos lleve muy lejos y/o reservar una habitación de hotel por un tiempo. Todos podemos ser parte de un viaje. A lo largo de nuestras vidas, tenemos viajes que se dan de maneras muy diferentes, en los que definitivamente tomamos roles, también distintos.

Hay varias formas de interpretar el papel de viajar. Personalmente, considero que existe el “viajero del todo”, representado por una persona firmemente decidida a salir de su entorno, comprar un boleto con destino a miles de kilómetros de distancia, con reservas de hotel y tours incluidos. Este tipo de viajero está preparado para relajarse, divertirse y vivir una experiencia formidable con tranquilidad. Podemos ocupar este lugar en muchas ocasiones, sí; pero también existe el “viajero de la nada” y, aunque suene extraño, en algunas otras oportunidades —al menos en aquellas en las que buscamos una vida con más aventura— deberíamos intentar ser este.

Este viajero sale de su casa sin destino, no tiene de manera precisa un plan o un recorrido, solo la necesidad y las ganas de salir del ambiente en el que suele estar, aunque sea solo por un momento. Un paseo es un pequeño viaje. Quizá no vaya a caminar por avenidas emblemáticas, pero sí por las viejas calles del barrio. En vez de comer en un restaurante muy elegante, lo hará en el lugar que los verdaderos locales conocen…

Les recomiendo ser un viajero del todo y de la nada. Ambos nos conducen a experiencias enriquecedoras, en las que podemos desconectarnos de lo cotidiano por un momento para llegar a disfrutar de lo mágico, sea en cosas grandes o esté escondido en cosas pequeñas. Para despedirme, y a manera de reflexión, quisiera referirme a un fragmento de un poema muy bello de Gabriel García Márquez que, tal vez —o eso me gusta pensar—, fue fruto de sus múltiples viajes largos y cortos a tierras lejanas o a sitios muy locales y muy suyos:

“Viajar”

Viajar es marcharse de casa,
es dejar los amigos
es intentar volar;
volar conociendo otras ramas
recorriendo caminos
es intentar cambiar.

Viajar es vestirse de loco
es decir “no me importa”
es querer regresar.
Regresar valorando lo poco
saboreando una copa,
es desear empezar.

Viajar es sentirse poeta,
es escribir una carta,
es querer abrazar.
Abrazar al llegar a una puerta
añorando la calma
es dejarse besar.

[…]