RESEÑA Y ENTREVISTA POR NESSIE VARGAS Y ANDREA ELKIN

 

Viaje de un largo dia hacia la noche

“Te amo más de lo que te odio”… Estamos acostumbrados a pensar en nuestra familia como aquel espacio de soporte, en el que nos encontramos más a gusto. Son aquellas personas que consideramos valiosas y cuyo amor usualmente nos motiva a ser las mejores versiones de nosotros mismos. Sin embargo, ¿qué sucede cuando la familia parece representar todo lo contrario? Las circunstancias por las que uno pasa en la vida nos pueden llevar a extremos, extremos que pueden convertir nuestro amor en destructivo, y no solo nos hundiremos nosotros con nuestras acciones, sino que el dolor y el egoísmo hundirán a quienes más queremos…

Es un escenario como este el que se representa en el drama “Viaje de un largo día hacia la noche”, en el que la familia Tyrone se ve enfrentada a sus problemas y los efectos que estos han producido en cada uno. Un padre al que le preocupa el dinero más que su propia familia, una madre que se ve imposibilitada de abandonar su adicción a la morfina, el mayor de los hijos sumido en alcoholismo y negación frente a su trabajo, y el menor de la familia a punto de recibir una terrible noticia sobre su salud. La lucha intensa de cada personaje por salir del hoyo negro en que se ha metido, todos culpándose mutuamente por sus desgracias… solo los llevará a hundirse cada vez un poco más a medida que avanza la historia. La brutalidad del amor-odio con el que se tratan y el sabotaje al que se someten los unos a los otros, tanto como a sí mismos, los deja caer poco a poco en un mundo de tinieblas, tinieblas en las que finalmente se encuentran y terminan explotando en desesperación, porque ninguno cumple con las expectativas del otro. Y, a pesar de todo lo malo que reconocen entre sí, continúan en su viaje por ese eterno día, esperando que el amor que los une pueda rescatarlos del dolor que los separa.

Acompañando esta intensa trama, están los talentosos actores que la ponen en escena: Alberto Ísola, Sofía Rocha, César Ritter, Fernando Luque, Daniela Baertl y Diego Otero. Letras al Mango tuvo el placer de conversar con Fernando Luque, alumno de nuestra facultad, acerca de su experiencia representando a Edmund Tyrone, el hermano menor:

 

Letras al Mango: Comencemos hablando un poco de ti. Cuéntanos un poco de tus proyectos… sobre cómo entraste al mundo de la actuación…

Fernando Luque: La primera experiencia que tuve en el escenario fue haciendo impro en el colegio, en tercero de media. Apareció un taller de impro gratis, me metí y me gustó un montón. Hacer impro también es actuar, solo que es otro formato. Luego de eso me quedé con las ganas; formé un grupo de rock y cantaba. Así que de tercero en adelante estuve constantemente haciendo cosas escénicas. En quinto de media me metí a unos talleres del TUC, ya más enfocado en lo que es teatro, y bueno, ahí sí me di cuenta que me gustaba bastante.

Saliendo del cole me metí al Taller de Roberto Ángeles, que es el director de la obra que han visto, y ahí ya todo se puso serio… Me di cuenta que podía seguir la carrera y Roberto me dio seguridad, me dio apoyo…  además me ha llamado para esta obra, y me formó, me enseñó todo el ABC de lo que es teatro. Luego de eso conseguí unas obras gracias a Roberto; lo bueno de él es que no solo te forma sino que también te coloca… te coloca en obras muy chéveres. Y bueno, esta ya es mi sexta obra.

Empecé a hacer obras el año pasado y tuve la suerte de hacer una tras otra, y ahora estoy en un Taller con Alberto Ísola. En realidad planeo terminar el taller y tal vez irme a estudiar a otro lado para terminar mi formación.

LAM: ¿O sea que esta obra la conseguiste porque él te llamo?

FL: Esta obra es lo que Roberto llama el “cuarto nivel”; su taller consiste en tres niveles: hay una audición inicial, y si pasas llegas al primer nivel. De ahí cada tres meses hace una eliminación; si no cumples con los objetivos del taller, te eliminan, y si los cumples, te invitan a pasar al segundo nivel. Cuando terminas el tercer nivel (terminas el año), se acaba el taller, y si Roberto en algún momento te llama para hacer una obra profesional es lo que se llama el “cuarto nivel”. Terminas tu formación con él, haces tu cuarto nivel (que es la obra profesional) y para Roberto ya eres un egresado completo.

LAM: Tengo entendido que esta obra es autobiográfica de Eugene O’Neill…

FL: Sí…

LAM: Y tú lo representas como personaje… ¿hiciste alguna investigación adicional acerca del autor? ¿O solamente te basaste en la obra para tu actuación?

FL: Sí investigué sobre el autor, me servía un montón saber quién era. Para hacer la construcción del personaje de hecho necesitas información que esté más allá de la obra. Y tenía la facilidad de que el personaje había existido en la vida real… de hecho era un recurso más. En realidad, se podría haber hecho sin recurrir a la autobiografía, pero a mí me sirvió bastante, saqué un montón de datos.

LAM: Entonces, hablando un poco en general, ¿cómo describirías el paso de tu personaje a través de todo el drama familiar que significa “Viaje de un largo día hacia la noche”?

FL: Yo creo que mi personaje está constantemente intentando corregir a sus familiares. Creo que él se ve a sí mismo un poco como la esperanza de la familia y, de hecho, en la vida real es el que sale adelante… se convierte en Premio Nobel. Es un tipo que a pesar de tener un carácter taciturno y que parece no tener mucha fuerza, en realidad tiene bastante carácter cuando se lo propone. Entonces está constantemente tratando de demandar de sus papás y de su hermano una actitud que no es la que ellos presentan: el papá es un alcohólico, es un tacaño, el hermano también es alcohólico y más que nada es un fracasado; y a la mamá la corrige solo en el sentido en que está tratando que no se drogue más.

Yo creo que mi personaje desde el comienzo está tratando de mantener las cosas en calma y al no poder, explota al final. No consigue su objetivo, pierde, termina… bueno… “hecho basura” (risas). En realidad lo único que consigue al final es un contacto con el papá, más cercano de lo que jamás había tenido, consigue de verdad hacerlo notar que es un tacaño y que tiene que ayudarlo. En cuanto a su hermano no consigue nada, y su mamá… termina peor que nunca.

LAM: Siendo Edmund un personaje tan intenso, que lleva tanta tristeza… ¿significó para ti un gran reto interpretarlo? ¿Cómo hiciste para entrar en el personaje?

FL: Este personaje es el más complejo que me ha tocado interpretar. Tiene una profundidad bien bonita… había leído mucho, tenía todas estas circunstancias familiares que lo hacían ser un tipo que estaba buscando constantemente ser querido, y no encontraba ese amor en su familia. A pesar de que sí había amor, él demandaba más de lo que le daban. Además, como la historia misma lo cuenta, todo su nacimiento fue un poco turbio… porque ya había habido una muerte previa: la de su hermano, entonces él nace como en tinieblas. Eso es una carga con la que va toda la obra, y conseguir que se vea ese carácter melancólico, esa tristeza pero a la vez esa esperanza y esa luz que justamente se muestra en el monólogo del mar, en el que él se siente pleno, se siente en paz… esa contradicción es de lo más bonito que me ha tocado representar. Tratar de encontrar eso y hacer que se vea visible en el escenario…

LAM: ¿Sientes que hay algo de ti en él, o algún aspecto con el cual te identifiques?

FL: Me gusta mucho su curiosidad por las cosas… por la vida. La primera vez que la leí lo que más me llamó la atención fue la conversación con su padre, y todo lo que habla de la niebla… cómo lo apasiona, de su querer ir a explorar el mundo. Así que por ahí traté de abordarlo.

LAM: Una cosa muy resaltante en la obra es la relación que tiene Edmund con su madre, porque como tú dijiste, siempre está tratando de mejorarla. Sentimos que a pesar de que todos están tratando de hacer que ella se recupere, en tu personaje se ve un poco más de inocencia, otro tipo de acercamiento hacia ella… algo que no se ve ni en su padre ni en su hermano. ¿A qué crees que se deba esto?

FL: Esa es una decisión que yo tomé. Porque en la obra se muestra a Jamie como un tipo muy cínico, que incluso hace chistes sobre la enfermedad de su mamá. Pero eso es una manera de protegerse, porque al final te das cuenta de que sufre incluso más intensamente que todos los demás personajes. Entonces me pareció correcto que mi personaje fuera el único que de verdad tenga esperanza en que la mamá podía recuperarse. Porque además, eso hacía que al final, cuando se diera cuenta que eso es imposible, la caída sea más fuerte. Al principio él tiene una esperanza, de verdad cree que lo va a lograr, y cuando se da cuenta de que no es así, que es imposible… la caída, la realidad, es mucho más intensa. Digamos que eso me servía más a mí también para que todo sea más redondo y encaje mejor.

LAM: Ahora que dices que esa es una decisión que tú tomaste… ¿qué tanta libertad tienes tú para interpretar a un personaje? ¿Qué tan cerrado te lo presentan y qué tanto le puedes dar de ti mismo?

FL: Bueno, Roberto te da mucha libertad. Deja que tú trabajes, que tú le propongas, y él te va orientando, diciéndote “esto no sirve”, “esto sí funciona”, “llévalo al extremo”, o “déjalo ahí no más”. Entonces en ese sentido tengo un montón de libertades, y en verdad de eso se trata el trabajo con Roberto… de ir descubriendo poco a poco el personaje.

Cuando tú recibes el texto, recibes lo que te da la obra, lo que el autor te da del personaje, y tienes que aumentarle cosas porque si no se queda chato, o sea el personaje no llega a tener una dimensión humana. Simplemente falta para que conmueva y se conecte con el espectador. Así que en realidad la libertad es una necesidad que tiene el actor para hacer que su personaje cobre una humanidad que el texto solo plantea de manera superficial, es decir, hay que llevarlo al extremo. Claro, tampoco puede ser cualquier cosa… si el personaje es melancólico no puedes hacer un personaje feliz… hay ciertos límites, pero dentro de esos límites es donde el actor tiene la libertad de crear al personaje.

LAM: Ahora pasando un poco más al final de la obra… sentimos que en este desenlace ya no había ninguna esperanza para nadie. Tú que interpretas a Edmund ¿sientes que dentro de este mundo él tenía alguna salvación? ¿Algo de lo cual valerse para salir adelante?

FL: Es interesante, porque la obra propone que no es posible. Es decir, la lees y dices: “ya fue, ¿cómo alguien va a salir de esto? ¿Cómo se van a levantar estos personajes mañana por la mañana? ¿Cómo van a desayunar después de haber vivido todo este día?”

LAM: Pero O’Neill efectivamente sí salió de esto…

FL: Sí, y justamente eso es lo interesante de esta obra. Es decir, uno no sabe cómo, pero en la vida real ellos sí salen adelante. Cuando ves su biografía sí lo logran: él va al sanatorio (a uno más decente del que su papá quería mandarlo), y se cura. Su mamá también llega a curarse, al final de su vida llega a dejar la adicción. Y claro, es difícil pensar que el autor quería plantear eso.

Yo creo que lo que propone es que dentro de la miseria y el desastre que ocurre en esta familia, aún se aman y de la manera más intensa. Y eso lo que los hace seguir ahí en la casa, porque no se van, los personajes se quedan ahí. Si lo piensas… ¿tú qué hubieras hecho? Lo más razonable parece irse. Mi personaje tiene 23 años… ya se ha ido y viajado por toda Sudamérica… podría irse para siempre pero no lo hace, porque está atrapado en esta contradicción de amar y a la vez odiarlos… le grita a su hermano y luego lo abraza (risas).

LAM: Sí, recordamos que hay una parte en la que Jamie te dice “te amo más de lo que te odio”…

FL: Claro, esa contradicción es la que lo mantiene ahí.

LAM: Entonces con respecto a su hermano… el amor entre ellos es más destructivo, y la revelación de este amor-odio después de todo lo que le dice Jamie a Edmund es bastante fuerte… ¿cómo enfocaste ahí a tu personaje? 

FL: Yo creo que en esa escena se ve la fortaleza que tiene Edmund. Es un tipo que puede soportar todo lo que le están diciendo y aún así no irse o no decirle lo peor, solamente hacer un intento por comprenderlo. Pero también dentro de sus posibilidades… es decir, tampoco va a ir a abrazarlo, pero sí lo escucha y lo reprime… incluso en esa escena trata de corregirlo, aún en esas circunstancias. Yo creo que lo que más demuestra esa escena es su fortaleza.

LAM: ¿Cuál fue para ti la escena más difícil, o el reto más grande dentro de la obra?

FL: Esa escena. Con César tuvimos unos ensayos tanto desastrosos como preciosos. Habían días en que estábamos totalmente perdidos y pensaba “¿qué estamos haciendo?”, me preguntaba “¿cómo me puede decir estas cosas y yo nada?” Mi texto era: “¡ya cállate!” y nada más, era muy chiquito… yo quería decirle más cosas, pero no podía. Ese justamente es el límite del actor, tienes que ceñirte a lo que está en el texto. Y bueno, tuvimos que encontrar un montón de situaciones y de acciones que no estaban en el texto… y así salió eso. Hubo ensayos inolvidables… A veces César entraba y rompía cosas, quebraba vasos… era bien bacán. Una excelente experiencia trabajar con todos ellos la verdad…

 

La obra se presenta en el CCPUCP de jueves a lunes a las 8 p.m, y puedes conseguir tus entradas en el tercer piso del Tinkuy o en la misma boletería del teatro.