Columnista de Teatro escribe en Política.

La palabra “democracia” proviene de los vocablos griegos “demos” y “kratos” que significan respectivamente “pueblo” y “poder”. Por ello, un sistema de gobierno democrático es aquel en el que el poder es ejercido por el pueblo. Sin embargo, en la actualidad, el modelo más común es el de la democracia representativa, en cual el pueblo elige representantes en los que se deposita el poder. No obstante, los representantes no pueden hacer todo lo que quieren, su accionar se encuentra regulado por leyes en cada país.

La libertad de expresión es un derecho fundamental en todo sistema democrático. Es a partir de ella que la prensa y los ciudadanos pueden informar y ser informados sobre hechos relevantes, y fiscalizar la labor de las autoridades elegidas. Es así que los representantes no pueden infringir la ley debido a que hay una presión externa y un constante escrutinio sobre el desempeño de sus tareas. Además, este control evita que el Estado, o una fuerza externa, acapare y trate de difundir una única ideología. Uno de los indicadores más importantes para una democracia es la existencia y protección de este derecho fundamental, que en el caso peruano se encuentra asegurado en la Constitución.

Los gobiernos dictatoriales – o al menos los que pretenden llegar a serlo – se valen de diversos métodos para suprimir y afectar la libertad de expresión en sus respectivos territorios. Esto se debe a que una población informada y consciente tiene una mayor disposición a protestar frente al atropello de sus derechos fundamentales. Por lo tanto, es mejor para ellos mantener a la población enfrentada, ignorando lo que pasa y entretenida con otros contenidos. Esta estrategia ya se usó antes en el Perú y en otras partes del mundo (“Pan y circo”, decían los romanos).

Lo que sucede en Venezuela, actualmente, es un claro caso de vulneración de uno de los derechos fundamentales en toda democracia, la libertad de expresión. Los medios tradicionales, como la radio y la televisión, han sido intervenidos, y la información proviene en su mayoría de agencias de noticias internacionales y lo que se comenta en los medios sociales. Punto aparte es que la cobertura internacional se concentra en la oposición sin hacer énfasis en la polarización con las marchas de simpatizantes del chavismo, tal vez igual de numerosas que las marchas opositoras.

La  situación que se vive en Venezuela es extremadamente delicada. La labor fundamental del Estado es que se respeten los derechos de sus ciudadanos. Sin embargo, cuando el encargado de proteger a la ciudadanía es el que dispara contra ella, el caos se apodera de la nación y se pierde todo orden. Fuera de la cobertura internacional, han aparecido cientos de denuncias y videos que retratan pequeños fragmentos de una realidad alarmante.

Muchos se preguntan qué hacer, no estoy segura de tener una respuesta. Lo cierto es que ninguna ideología ni línea de gobierno justifica la muerte de seres humanos, y ningún tipo de fuerza debe atentar contra los derechos fundamentales de una persona. Tal vez es difícil tomar acción más allá de marchas pidiendo que nuestras autoridades se pronuncien en contra de ello. Sin embargo, lo que sí está a nuestro alcance es reflexionar al respecto para no llegar nunca a un extremo semejante.

  • Elena Melgar

    De acuerdo contigo. Por Venezuela sólo podemos divulgar las informaciones que agencias internacionales proporcionan y estar atentos al desarrollo de los lamentables sucesos que afectan a la población de un lado y de otro: opositores y partidarios del gobierno.
    Por nuestro país ciertamente la reflexión y la enseñanza que nos puede dejar el caso Venezuela es importantísimo. Las diz que democracias como Cuba o Venezuela afianzadas en un individuo y bañadas de populismo, terminan siendo dictaduras y no es lo que queremos para Perú, ni para cualquier otro país libre.