¿Podría el gobierno de Nicolás Maduro ir más allá? ¿No es suficiente para el chavismo haber polarizado políticamente al país y haber generado una de las mayores inflaciones de la historia? ¿Acaso el armar a los civiles y usar al ejército contra la población en nombre de una ideología, que tiene detrás al Socialismo del Siglo XXI, no ha representado ya un punto de inflexión? o ¿Esperan ahuyentar de una vez a todo aquel que aún pueda irse y seguir matando de hambre a quienes no engrosan las filas del oficialismo? Parece que el chavismo quiere ir aún más lejos.

Hace no más de tres semanas, dos disidentes de la FARC, Iván Márquez y Jesús Santrich, anunciaron desde territorio venezolano su regreso a las armas aduciendo el incumplimiento del acuerdo de paz logrado por el presidente Santos. Una semana después, el gobierno de Maduro movilizó misiles antiaéros y ordenó el inicio de ejercicios militares en la frontera con Colombia, ¿qué vemos aquí? ¿simple coincidencia? Pues no.

La revista colombiana Semana*, mediante la revelación de documentos clasificados del gobierno chavista, ha anunciado que existe una estrecha relación y colaboración entre el chavismo: las disidencias de las FARC y el ELN. Esta relación implicaría el apoyo y entrenamiento del gobierno hacia los grupos mencionados a cambio de que estos puedan proveerles de información clave sobre puntos de ataque estratégicos en el país vecino y fungir como un nuevo brazo armado del régimen. Pero, mirando con más detenimiento, vale la pena preguntarse en qué se está metiendo Maduro

Por un lado, las disidencias de las FARC y el ELN son considerados como grupos terroristas por una gran cantidad de países, incluido Estados Unidos. Si bien desde el año 2000 existió una relación de apoyo menor entre el chavismo y las FARC, hasta la fecha no se había conocido tal magnitud y alcance que esto podría tener. En este sentido es pertinente pensar qué espera Maduro, ¿Acaso desea que su país entre en la flamante lista de países que apoyan al terrorismo, junto con Corea del Norte, Irán, Siria y Sudán? De hacerse realidad, se tendrían más motivos para el endurecimiento de las sanciones que ya pesan sobre Venezuela y, además, podría ir perdiendo los pocos aliados que le quedan.

Por otro lado, el hecho de que un Estado pueda estrechar relaciones, e incluso establecer un vínculo de confianza con grupos terroristas, es altamente riesgoso. Uno de los principios que definen el Estado es que este pueda tener el monopolio legítimo de la violencia, algo que se vería trastocado totalmente al incluir a grupos terroristas. Tanto las FARC como el ELN responden a su propio interés y la relación con el régimen debe de entenderse en estricto pragmatismo. Aquí la muy aclamada “lucha contra el imperialismo” queda opacada por la cantidad de actividades criminales que estos realizan, tales como narcotráfico, secuestros, extorsiones y minería ilegal, que descalabran el ya agonizante orden del país. Entonces, ¿qué pasaría si los grupos terroristas, los cuales tienen presencia en todos los estados del país, logran empoderarse a tal nivel que pongan en jaque el débil orden estatal y poner por encima sus propios intereses a partir de sus actividades criminales?

Finalmente, esta redacción considera que Maduro está jugando su última carta. La situación del país se está volviendo cada vez más insostenible al punto de que muchos de los altos mandos políticos y militares han empezado a buscar vías de escape (recordemos el golpe en la base La Carlota hace unos meses). Elevar la tensión a tal punto podría permitir, por un corto momento, un margen de negociación un tanto más amplio con potencias que reivindican la democracia y buscan la salida del régimen; sin embargo, darle participación a grupos terroristas podría dejar al país aún más devastado.

*Investigación de la revista Semana https://www.semana.com/nacion/articulo/los-secretos-de-la-alianza-entre-el-gobierno-de-maduro-las-disidencias-y-el-eln/630999