El colegio es el primer lugar de socialización fuera del hogar. O, al menos, esa es la idea que muchos compartimos sobre este espacio, en el cual formamos nuestros primeros amigos, hacemos tareas, exposiciones y más. Tú, lector de esta humilde columna, ¿tendrás ya en la memoria algunas anécdotas escolares?

Pero, ¿por qué me hablas del colegio? ¿Por qué en la semana siguiente de parciales? Pues porque se ha dado a conocer que, por medio de Flavio Figallo (viceministro de Gestión Pedagógica), desde el próximo año, en una primera etapa, los estudiantes de mil colegios públicos completarán, a la semana, 45 horas de estudio, diez más de las que actualmente se cumplen.

En declaraciones a Agencia Andina, Figallo afirmó que dicha medida busca alcanzar un mejor sistema de administración para reforzar las bases pedagógicas de los estudiantes que, dicho sea de paso, muy felices no están. Su descontento se desprende del aumento de horas que privarían al alumno de sus hobbies. Analicemos esa situación desde ambas perspectivas.

Por un lado, el estudiante se verá beneficiado con el permanente espacio para el aprendizaje. O sea que los cursos, de entre 45 minutos o menos, podrán tener una base más sólida para contribuir a la educación del presente del Perú (porque decir “el futuro de la nación” suena a novela mexicana). Además, eso incrementará la demanda de profesores con el pago respectivo, según Figallo. Es decir, el estudiante recibirá educación casi ininterrumpida de 7:30 a 3:30 mientras sus profesores reciben el pago justo.

qaliwarma

Sin embargo, ¿qué pasa con el padre de familia que lidia con uniformes y loncheras? ¿Debe quedarse tranquilo esperando que Qali Warma alimente a su hijo? Y, sobre todo, ¿esta medida será efectiva? Por lo pronto, nuestros estándares de educación se proyectan hacia los cielos con convenios en países del primer mundo, pero la realidad es otra. No se puede negar la desidia de ciertos educandos en cuanto a su formación escolar, no obstante existen otros factores tales como la falta de calidad. Según Hugo Díaz, vicepresidente del Consejo Nacional de Educación, la diferencia entre Moquegua y Loreto, según la última prueba de Evaluación Censal Estudiantil, fue “abismal”, calificándose a Moquegua como la mejor región y a Loreto, en contraparte, como la peor calificada. Además, la infraestructura de los centros educativos se cae a pedazos en zonas de extrema pobreza o en aquellas donde las lluvias son intensas o el Estado, virtualmente, no existe. ¿Valdría, quizá, mayor calidad que cantidad?

Creo que uno de los problemas fundamentales en la educación pública peruana es la forma en la cual se desenvuelve la típica clase. Profesor al frente, pizarra llena de términos, libros y dictados. Se debe lograr la transición de la clase “dictatorial” a la que fomente el juicio crítico. Los exámenes memorísticos son un obstáculo para ella. Para lograr ese estado, se debe corregir errores administrativos y curriculares, preocuparse por la asistencia a una escuela de calidad de todos los ciudadanos, sin importar su lejanía a los centros económicos de Perú o limitación física alguna.

Por lo pronto, esta medida planea proyectarse a 8000 colegios públicos en todo el territorio nacional. Los resultados no serán inmediatos, pues se deben corregir los errores ya mencionados. Mientras tanto, dice un estudiante entrevistado en la televisión: “Estudiamos mucho.” ¿Pedirán cinco minutitos más?