El jueves 18 de noviembre, en pleno debate parlamentario, la congresista Patricia Chirinos presentó una moción de vacancia contra el presidente Pedro Castillo por el caso de incapacidad moral. En su discurso, la parlamentaria pidió a sus colegas no tener miedo y mencionó que el país ya no podía continuar en una incertidumbre permanente, la cual era provocada por el mismo gobierno. Si bien la vacancia por incapacidad moral es una herramienta que está en la constitución (Art. 113), personalmente, tras menos de 150 días de gobierno, aún me encuentro en una disyuntiva sobre si apoyar o no la vacancia.

Ojo, con esto no quiero dejar de criticar al gobierno y al propio Pedro Castillo como gobernante, aunque, debo de hacer énfasis en que no estamos frente a un gobierno autoritario y mucho menos comunista. Más bien, citando al politólogo Gonzalo Banda, pareciera que este gobierno es una versión amplificada de los gobiernos regionales. Esto en el sentido de que, además de encontrase en poder líderes sin experiencia, coloca a sus compadres o a personas “de confianza”, pero sin ninguna experiencia, en puestos en los que la meritocracia es importante.

Un ejemplo de esta realidad puede observarse en el reportaje del dominical Punto Final, donde se mostró la veracidad de rumores que ya se escuchaban entre paredes. Ahora, dejando de lado cualquier mérito para acceder a un puesto laboral en Palacio de Gobierno, un requisito casi indispensable es ser chotano. Aunque el presidente tiene la protestad de contratar a personal de confianza que desee, este debería de ser eficiente. No obstante, el actual jefe de Estado parece colocar en puestos importantes a personas sin ninguna experiencia lo que generan mayor desconfianza tanto en el sector privado como en la ciudadanía misma.

Este temor es completamente comprensible y más aún si se encuentran posibles conexiones con grupos pro terroristas, como fue el caso del ahora exministro Íber Maraví. Ante situaciones como esa, una fracción de mi persona desea de todo corazón que se apruebe la vacancia presidencial, suponiendo, claro, que la sucesora de Castillo (ya sea Boluarte o Alva), traiga consigo una mayor estabilidad de la que se ve en este gobierno que se contradice cada vez que se puede. No obstante, siendo realistas, colocar a personas no aptas para el cargo o que estén siendo acusadas de criminales no parece ser causante de vacancia presidencial. Tampoco lo es el hecho de que el presidente de la República sea un ignorante o que no se vista de acuerdo a los estándares de algunos conservadores (aunque usted no lo crea esta sería una excusa para pedir la vacancia). Si siguiéramos estos lineamientos para vacar a un presidente, Toledo debería haber sido vacado en algún momento de su mandato: bien por emborracharse en el avión presidencial (el conocido “avión parrandero”), o bien por colocar a personas como “Popy” Olivera como ministro de Relaciones Exteriores (lo que provocó una crisis ministerial que duró cinco días, con la consecuencia de la renuncia de presidente de la PCM de ese entonces: Carlos Ferrero Costa).

Asimismo, es ridículo que algunos padres de la patria propongan tonterías, como es el caso del almirante José Cueto, quien en diversos medios ha propuesto que, a falta de firmas para el procedimiento de la vacancia presidencial, la solución es muy sencilla: bajar el número de votos necesarios para deshacerse del presidente (a pesar de que el Tribunal Constitucional ya dictamino el requerimiento de 2/3 de los votos del hemiciclo para vacar a un presidente). Parece que estamos dejando el Perú para entrar a una suerte de Macondo o Narnia 2.0, en donde solo se necesitan unos cuantos votos para deshacerse de un jefe de Estado si es que se tiene la percepción de que el mismo no comparte mi ideología o que le está haciendo un daño al país. Ya lo han advertido tanto politólogos como abogados constitucionalistas: en el Perú es mucho más fácil vacar a un presidente, pues solo se requiere de los votos de los congresistas y alguna excusa validada por cierto sector de la población, que vacar a un alcalde distrital. Para evitar estos “tira y afloja” es necesario, en primer lugar, que el Tribunal Constitucional delimite de una vez por todas qué es ‘incapacidad moral’; de ese modo, se evitará usar esta figura de manera exagerada por el poder legislativo. A la par, es imprescindible que la ciudadanía se mantenga vigilante para evitar que cualquiera de estos dos poderes abuse de su posición.

Es indispensable mantener estabilidad, no solo económica, sino también social, para que el Perú avance y salga adelante. Señor Castillo, por el momento usted bien podría no ser tan “apto” para que lo vaquen; sin embargo, la verdad es que apenas han pasado poco más de 100 días y ya debería empezar a colocar a personas eficientes en buenos puestos. Si no, usted será el único culpable de ejercer la presidencia más efímera del siglo, no los congresistas de oposición.