“Vivimos como en la época de la Inquisición”. “No existe país más conservador que el Perú”. “¡Abajo el Concordato con el Vaticano, carajo!”. Estas son algunas de las frases que suelen ser pronunciadas cada vez que se debaten temas polémicos como la unión civil entre personas del mismo sexo, tal como sucede en la actualidad, gracias al Proyecto de Ley presentado por el congresista de la bancada Concertación Parlamentaria-APRA. Así, usted no se equivoca. El PL no es una iniciativa proveniente de nuestra increíblemente progresista izquierda local, aquella que se jacta de representar a los más excluidos y oprimidos de nuestra sociedad, aquella que muchas veces ha marchado al lado del MHOL (Movimiento Homosexual de Lima, para los que no saben), o al menos eso suelen decir ellos. Es más, profunda decepción debe haber generado en muchos el hecho de que el “Padre” Arana haya afirmado, vía Twitter, que es de carácter “debatible” considerar que el derecho a la unión civil por parte de homosexuales, pueda tener la categoría de “matrimonio”. No es necesario ser un iluminado para tomar en cuenta que cada vez que un político pretende ocultar su posición adversa, y a la vez, no quedar mal con nadie (o al menos intentarlo), suelen pronunciar lo siguiente: “Es un tema debatible”. De hecho, ya se está convirtiendo en un clásico, al igual que “postular a tal cargo no está en mis planes” (claro, y luego de contradecirse con sus hechos, nunca falta el “lo hice porque le pueblo así lo quiso”).

Más allá de estar a favor o en contra de tal proyecto, siempre resulta interesante analizar este tipo de coyunturas, ya que nos permite tener en consideración la calidad del debate en este país. Lamentablemente, creo que el epíteto de “debate” es por demás generoso. Lo que hemos estado observando en los últimos días es una serie de insultos y ofensas que se están tornando cada vez más sistemáticas cuando se trata de confrontar dos posturas antagónicas. De ese modo, no faltó el cardenal que sacara del closet a más de un político (claro pues, como bien dice el dicho, Dios perdona el pecado pero no el escándalo, cómo puede atreverse un parlamentario, quien funge un rol de representante, a representar los intereses de los homosexuales(¿?); o el congresista que vía Facebook anuncie una cruzada anti-gay (si dices que por aprobar este PL, la instititución de la familia peruana como tal corre riesgo… creo que se te está olvidando algo en el medio,¿no?); o aquellos que luchan contra el sistema opresor-patriarcal-machista-phillipebutterista, y que no tienen mejor método para defenderse que calificar de “homófobo” y “lesbófobo”(¿?) a quienes no piensan como ellos (o sea, de sucesor de Pancho I y símbolo de la lucha por la igualdad, Arana se convirtió en el 666 por efecto inmediato).

Centrándonos más en el PL, creo que resulta bastante razonable que una pareja de personas del mismo sexo pida la protección del Estado en temas de herencia, pensión de pareja, seguro social, etc. Y es increíble que muchas personas que estaban a favor de esta iniciativa, hoy saquen cuerpo, por temor a represalias sociales (mejor dicho, electorales). Sin embargo, solo hace falta ver la lista de los integrantes de la Comisión de Justicia (el congresista autoproclamado “reformador” de gays) para “predecir” que el PL como tal, no tiene un futuro alentador. Sin duda que el tema seguirá generando mayor polémica, y ojalá que ambas partes suban su nivel, y no caigan en posturas maniqueas y dicotómicas.