El futuro próximo no es del todo incierto. Cabe la posibilidad de que PPK sea el nuevo presidente del Perú y, a la vez, cabe la pequeña esperanza fujimorista de volver a ocupar el  Ejecutivo. ¿Quién ganará? Dicen que PPK tiene una ligera ventaja, otros dicen que Keiko hará fraude, la mayoría dice que el gringo ya ganó y los demás que los votos del “Perú profundo” harán que la china gane. ¿Ganará? No puedo evitar sentir miedo y preocupación desde hace días por estas tensas elecciones. Sin embargo, hoy quiero escribir sobre algo más.

El domingo 05 de junio se cumplió un año más del “Baguazo”. Muchos no lo recordamos ni sentimos cercano. Probablemente éramos escolares indiferentes a la coyuntura política que, a lo mucho, sabían que hubo un conflicto entre una comunidad indígena y el gobierno de turno, nada inusual. Probablemente, nos dijeron que los indígenas no querían que extraigan los minerales que se encontraban en el subsuelo, porque están en contra del progreso, o porque ahí viven sus dioses – no cristianos – o porque son ignorantes y egoístas. Probablemente recordamos que en esos años Machu Picchu fue declarada una de las maravillas del mundo y que firmamos el TLC con EE.UU. Probablemente recordemos el boom de nuestra gastronomía y la dichosa “Marca Perú”, junto a su innovador spot publicitario. ¡Qué buenos tiempos para el Perú!

Ayer, domingo 05 de junio, fueron las elecciones presidenciales. ¿Algún candidato en su desayuno habló sobre el Baguazo? ¿Algún medio habló sobre el Baguazo? ¿Alguien recuerda que ayer fue el Baguazo? ¿Alguien sabe qué es el Baguazo? ¿Sabes qué paso en Bagua?

Hace unos días asistí a la segunda marcha contra el posible regreso del fujimontesinismo al gobierno. Encontrarme con tantos y tantas en el camino fue un momento increíble e inolvidable para mí. Por primera vez sentí que era parte de una colectividad, – lo cual es muy extraño en mi persona – parte de algo que tenía sentido, que era justo y que me llenaba tanto de esperanza como de energía. Ver a tanta gente reunida me hizo darme cuenta que habían causas y demandas en común esperando ser saldadas.

Al día siguiente, tuve una conversación que, de alguna manera, me trajo sentimientos encontrados. Conversaba con algunas señoras sobre por quién votaríamos el domingo. Una de ellas dijo que era difícil porque Fujimori derrotó el terrorismo – lo cual es falso – y que gracias a él hubo orden. Me dijo que antes no se podía vivir tranquilo. La otra señora me dijo que ella votaría por la china. Quería preguntarle porqué pero no llegué a hacerlo. Ella no me daba razones, sino preguntas: pero, ¿por qué PPK ataca a Keiko? ¿Por qué Verónika y PPK están haciendo marchas contra ella? ¿Por qué Veronika incentiva el terrorismo? ¿Por qué no votar por ella si igual todos roban? ¿Acaso una hija va a querer cometer los mismo errores de su padre? Finalmente, concluyo: igual, gane quien gane, yo seguiré trabajando duro para salir adelante. Entonces, todo lo anterior tuvo otro sentido.

Marchar en aquel evento fue trascendental en mi vida. Votar hoy por PPK es otra decisión que ha marcado parte de una etapa nueva e interesante. Votar por Verónika en primera vuelta fue otro momento importante. Todas estas decisiones han definido mi postura y mi actuar en, si podríamos llamarlo así, mi inicio en la vida política. Hoy voto, es decir, puedo tomar al menos una decisión en lo que respecta al futuro de mi país. No obstante, me pregunto si realmente debería sentirme satisfecha con ello.

La marcha a la que fui sostenía una causa justa, pero esa marcha hizo que muchas personas llegaran tarde a sus casas y no pudieran pasar tiempo con sus hijos e hijas, que durmieran una hora menos, que pudiesen ser asaltadas o no pudiesen terminar el trabajo que les quedó pendiente. No apoyo a Keiko Fujimori, no apoyo al fujimorismo, me pronuncio contra él. Sin embargo, poco o nada hice por informar a la gente. Voté por otros candidatos, asistí a una marcha y compartí publicaciones en las redes sociales. ¿Es eso suficiente?

Estudio en una universidad con valores humanísticos y aunque voté para que el pronunciamiento de los estudiantes fuese en contra de Keiko y, así, pudiésemos tomar acciones frente a su candidatura, el porcentaje de personas que votamos fue tan mínimo que careció de legitimidad. Por ende, los estudiantes no tuvieron un pronunciamiento, y ¿qué hice yo? Repartí volantes y ya. Ayer se cumplió un año más del Baguazo. Ayer, hace algunos años, muchos fallecieron por la ineficacia del gobierno y la creencia absurda de que existen personas de segunda categoría, personas cuya voz no importa y que son constantemente discriminadas. Hoy no hice nada más que este artículo para recordarlas, y ni si quiera hablo realmente de ellos y ellas. ¿Qué hice? Esperar el flash electoral y dejar que toda esta maraña política llene todos los espacios impidiendo que los pobladores de Bagua y los policías fallecidos tengan unos minutos para ser recordados.

El futuro próximo no es del todo incierto. Gane quien gane tendremos que seguir luchando cada día por salir adelante, por hacer un país más justo, más libre y equitativo. Podemos sentirnos aliviados porque PPK está muy cerca de ganar. Podemos decir que hicimos algo por el Perú y que impedimos que el Fujimorismo regrese cuando el Fujimorismo ya está aquí, en nuestro congreso. Cuando el Fujimorismo nunca se fue, se quedó impregnado en nuestra Constitución, en las leyes laborales y económicas, en nuestra televisión basura, en los medios comprados, en el narcotráfico, en la educación y la corrupción.

Podemos quedarnos pasivamente a la espera de que, con este eventual gobierno, todo cambie, total, ya le dimos nuestro voto a la democracia. Podemos bajar la guardia y que un día un nuevo Baguazo, Conga, Tia María, etc. nos levante en el noticiero. Podemos, en fin, seguir pensando que las acciones o publicaciones que realizamos son suficientes cuando no lo son.

Si PPK gana hoy, habremos ganado una batalla, es cierto. Lo que pongo en cuestión aquí es nuestra actitud frente a lo que sucede en nuestro país. No podemos seguir pensando que la democracia es tan solo una democracia electoral, donde la única participación ciudadana son las elecciones. No podemos seguir pensando que es solo en ese momento en el que hay que intervenir. Tenemos que seguir levantándonos, cuestionándonos, criticando, marchando, pensando, informando y observando. Tenemos que buscar que la democracia no sea delegada tan solo a un grupo seudopolítico y corrupto. Tenemos que hacer nuestra la democracia y que ella sea parte de nuestras vidas. Pero sobre todo, tenemos que dejar la resignación, el conformismo y la mediocridad de lado. Si gana algo mañana, pasado o traspasado, que sean las ganas de luchar, de vivir y de amar.