Desde México, Cheke Mondragón, la melancólica voz que se encarga de relatar las canciones de Sad Saturno, celebró su cumpleaños debajo del suelo limeño. Un oscuro y cerrado —pero acogedor por las pinturas que rodeaban el recinto y por su gente— sótano de un centro comercial de Pueblo Libre fue la puesta en escena encargada de la última presentación del “Alegría Tour”, el cual fue encabezado por el líder de la banda y el cantautor, mexicano también, Antonio Niram. Cheke llegó sin la compañía de su banda, pero, solamente con su guitarra acústica, hizo vibrar las cuerdas vocales de un buen grupo de seguidores con cada una de sus canciones el mismísimo día de su onomástico.

 

Sin embargo, el cantante mexicano no fue el único protagonista de la noche. “De cualquier forma te va a destruir vol. 2”, organizado por Pudin Crew y Movimientos Circulares de los Árboles, contó con la presencia de 11 grupos que demostraron estar a la talla de un concierto de envergadura internacional. El ambiente del show nos propuso una atmósfera underground —literalmente, por encontrarse debajo de la tierra— donde no solo pudimos disfrutar de la música, sino también de una interesante feria de fanzines, comida vegana e incluso, fieles a su nombre, con pudín gratis.

 

 

Los responsables de comenzar con la emo-cional fiesta fueron los chicos de Bólido, quienes supieron destruir el silencio que reinaba hasta ese momento gracias a una simpática combinación de lentas y ásperas guitarras distorsionadas con una simple base de batería que nunca desencajó. Inmediatamente después, Aeropod propuso la dosis de post-punk, género musical que ha encontrado muy buena recepción últimamente, necesaria para mutar de un ambiente cargado debido al grunge de la presentación anterior hacia uno mucho más digerible. No obstante, la música con numerosas capas de sonido, como lo que hizo Aeropod, no desapareció. La diferencia fue que, en su lugar, estuvo el trío de post-rock Baby Steps y sus pedaleras consiguiendo una densa, pero agradable estructura de sonidos digna de cualquier momento introspectivo.

 

Asimismo, lo elogiable y arriesgado de la organización fue precisamente la conjugación de bandas, aparentemente, disímiles entre sí. El flujo entre ritmos tranquilos y acelerados mantuvo la atención perenne de los asistentes. Una síntesis de ello fue la presentación de Fantasma, quienes lograron mantener el interés de la audiencia gracias a su particular amalgama occidental de sonidos expuestos en el j-rock, la cual incluso alentó al primer pogo de la tocada. Esas energías también se vieron reflejadas en los artistas posteriores. Angelo con baja autoestima se lució al aumentar las revoluciones del concierto y conseguir que un inexperto cúmulo de personas intente bailar alguna especie de reggaetón al compás de las percusiones de Angelo Grijalva. Por otro lado, la destreza técnica y performativa de Wanderlust fue irrefutablemente admirable, pues fueron dueños de algunos de los momentos más intensos de la velada.

 

 

Hacia la mitad del concierto, hubo un pequeño, pero reconfortante cese al choque de cuerpos. Antonio Niram se posicionó al frente con total personalidad junto a su guitarra acústica y nos ofreció un íntimo y confesional repertorio que nos acercaba cada vez más al espléndido espectáculo acústico que prometía Sad Saturno. Sin embargo, era turno de La Tole Tole, mítica agrupación de math rock que, a pesar no tocar hace muchísimo tiempo, enganchó con un público asombrado por el trío enmascarado. A continuación, 16 Bits y Millones de Colores, ambos de Anti-Rudo Records, le devolvieron la intensidad a la noche y pusieron en peligro los equipos que, debido a la ausencia de un escenario, eran pisados y pateados sin cautela ante el desenfreno de sus seguidores. Por último, la reunión de Un Viejo Arcoiris, quizás uno de los grupos emo más representativos de la escena peruana, fue la bisagra perfecta entre las bandas nacionales y Sad Saturno. Los presentes gastaron gran parte de su energía entre las baterías incesantes y los alaridos provenientes del escenario, pero supieron reservarse para el show principal, a pesar de las 6 horas de preámbulo.

 

 

Ya casi a la 1:30 de la madrugada, el reloj insistía en que era la hora de la llegada del personaje principal. Cheke le quitó la funda a su instrumento de seis cuerdas que reemplazaría a toda la banda en aquella oportunidad y, rápidamente, fue rodeado al instalarse en el escenario. Sin embargo, la soledad del vocalista no fue impedimento para manifestar el desborde de emociones que Sad Saturno está acostumbrado a expresar en vivo. De todas formas, es impreciso mencionar que estuvo solo esa noche, pues un mar de gritos inundaba aquel sótano en las canciones más representativas del artista mexicano.

 

Hotel Cometa” fue la canción con la que comenzó la tan ansiada presentación de Cheke. Las ansias se demostraron desde el principio cuando, religiosamente, todos los invitados a tan personal encuentro cantaron junto a él como si fueran uno mismo. Tampoco faltó “Alegría”, “Me aplicaste un Winnie Cooper 1970” ni mucho menos “Las Mañanitas” por parte del público cuando se creía que el ambiente no podía tornarse aún más festivo. Sin embargo, eso no fue todo para el cumpleañero. En pleno concierto, un abrazo incógnito y sorpresivo rodeó a Cheke para cubrirlo con una bandera llena de firmas de sus seguidores nacionales. Sin duda, fue una noche inigualable para los más fieles y para Cheke mismo, pues la fuerza y emoción con la que todo el recinto coreó al final del concierto “Nunca sabrás que esta canción es para ti” y “Salven la torre del reloj” produjo una onda difícil de materializar en palabras, pero a la que podemos acercarnos si pensamos en el cúmulo de emociones que se involucran en un corazón genuinamente roto.