Caminar lento, muy lento

y querer llevarse todo

lo que una noche puede dar.

Querer sentirse vivo y querer también

mirar al infinito y …

Y de vez en cuando toparse cara a cara con la luna.

Luna que estás tan alto, tan lejos,

que eres energía unida a uno,

que, aunque no la entendamos del todo,

no podrá desvanecerse.

Parece ser, ¡oh noche!,

que te has apoderado de parte de nuestro ser,

ser que escarba como escarabajo

y en ese intento se encuentra a sí mismo.

Tal vez es cómodo y maravilloso, tal vez no sea así.

Y son en esos momentos  cuando nos damos cuenta

de que una noche como ninguna se vuelve necesaria

para despertar unas horas después.