Hace casi exactamente 10 años, Disney Channel estrenó una de las películas por cable más recordadas por las generaciones del nuevo milenio: “Camp Rock”. Un largometraje que, ciertamente, no se caracteriza por algún espectacular guión o montaje, sino por su éxito y valoración en un público, más que todo, adolescente. Fue la acogida de esta película la que ayudó la popularización de Demi Lovato y de los tres hermanos Jonas, sus protagonistas, y brindó un gran impulso a sus carreras musicales.

 

Este fenómeno acogió muy bien, sobre todo, a los Jonas Brothers. Aunque ya habían debutado en el “Billboard Hot 100” un año antes con su single “SOS”, la banda se convertiría en un ícono mundial de la música adolescente con el lanzamiento de “A little bit longer” en el 2008. Sin embargo, el éxito vendría acompañado de cierta carga de estigma hacia los muchachos por ser un producto Disney. Pero lo curioso radica en que, a pesar de ser considerados como una boyband pop, durante sus tres primeros discos, se podía percibir un acercamiento —quizá no del todo voluntario— al punk de la primera década de los 2000.

 

No obstante, primero habría que explicar cómo es que del punk, un género autoreconocido como contestatario, se populariza una variación contradictoriamente popera; es decir, un punk con un discurso, por momentos, romántico y, por otros, juvenil. Quizá uno de los principales factores fue el imprevisto éxito comercial de Nirvana. Esto incentivó a las grandes compañías discográficas a apostar por géneros alternativos. De esta forma, Green Day y The Offspring (en los noventa) y blink-182, Sum 41 y Jimmy Eat World (a comienzos del nuevo milenio) se posicionaron dentro de la cultura musical de lo mainstream en los Estados Unidos.

 

Para los primeros años de los Jonas Brothers, ya eran tendencia grupos como Fall Out Boy, Panic! At The Disco y My Chemical Romance. Estos fundamentaron el cambio de los skateboards por las mangas a rayas y la ropa más oscura. La moda del “emo” había asaltado a los nuevos adolescentes y con ello la diversificación de las bandas de pop-punk, las cuales, en muchos casos, adoptaron la estética de la temporada. Es quizás en este momento cuando se pudo aprovechar que algún grupo con atisbo de luz resalte entre las nieblas del contexto. Y es por eso que la lectura de Disney de firmar con aquel trío de hermanos tras su primer intento de fama con Columbia Records fue atinada. No era necesario un cambio musical o de discurso, sino uno ligero en estética.

 

Para contextualizar mejor la imagen, en el 2005, los Jonas Brothers lanzaron su álbum debut. “It’s About Time” es una mezcla amateur entre temas rápidos y baladas con notables rasgos de inocencia lírica. Pero lo interesante es notar los vestigios de pop punk en canciones como “Mandy” o “I’m What I Am”. Quizá debido a la influencia del contexto y de las experiencias personales de los hermanos con este género, pues Kevin tiene como una de sus influencias al grupo de punk americano MXPX y Joe admite haber sido aficionado de tocadas punk rock como contraste a la vida religiosa de sus padres.

 

Luego de presentar un primer disco con un número de ventas menor al estimado, el éxito llegaría con su integración a Hollywood Records, discográfica de Disney Music Group. Quizá una de las claves fue la leve transformación estética del grupo; es decir, una actualización a la moda imperante del contexto, aunque con la permanencia de los rasgos tiernos de los protagonistas, los cuales serían explotados por la publicidad. Por eso, un factor importantísimo y que facilitó la estigmatización del grupo frente a otras bandas de pop-punk contemporáneas fue la forma en la que Disney dirigió su publicidad. Eran tres hermanos, sobre todo adolescentes, que resaltaban por su belleza e inocencia. La serie de televisión y los anillos de pureza también ayudaron a la construcción de una imagen romantizada e inmaculada de tres hermanos rockeros que fue dirigida específicamente a un público muy joven y que fue explotada para la venta millonaria de merchandising.  

 

Pero, en el plano musical, las diferencias fueron muy escasas. Su disco homónimo, “Jonas Brothers” (2007), es un despliegue inconfundible de pop-punk con baterías llenas de fills, guitarras distorsionadas tocando las más conocidas progresiones de quintas y una actitud en escenario enérgica. Aunque puede que el contraste con las voces melodiosas y vale decir que muy profesionales que apuntaban de vez en cuando al falsete camuflaran que estaban más cerca de Simple Plan que de los Backstreet Boys. En realidad, podrían estar más cercanos a grupos como The Academy Is… o The All American Rejects en sus años dorados. Basta con escuchar “Hold On” o la infravalorada “Inseparable” para notar la esencia punk en un disfraz de niños pop.

 

Sin embargo, a partir del lanzamiento de “A Little Bit Longer” en el 2008, las líneas musicales se fueron acercando más al espectro del pop. Aunque son igual de apreciables en ese disco “Burnin’ Up”, “Pushin’ Me Away”, “One Man Show” y el magnífico final de “Lovebug”. En este punto, la banda alcanza la fama mundial que ya conocemos, pero el objetivo de este artículo, más que narrar una serie de hechos, es darle una nueva oída al trío de hermanos. No necesariamente desde la nostalgia, pero sí desde una vacía de prejuicios, pues, como opinión personal, quizá esta sea una de las bandas más infravaloradas de su género por ser un mero producto industrial para adolescentes.