Quiero comenzar dando algunas aclaraciones, es la primera vez que escribiré sobre una poeta de tal dimensión como lo fue, y  sigue siendo en legado,  Blanca Varela. No me siento con licencia, a mis  18 años,  para poder hacerlo y a aquellos grandes  seguidores, amantes de su poesía, que llevan siguiéndola desde hace mucho tiempo, debo pedir perdón si es que en las siguientes líneas no logro elogiarla lo suficientemente.

La razón por la cual decidí comenzar con Blanca, este segundo artículo, es porque ella me ha enseñado qué es la poesía, algo a lo cual he vivido ciega gran parte de mi vida. No me malinterpreten, obviamente en mi vida he leído a Bécquer, Neruda, Chocano, Rubén Darío. Pero con Blanca sucedió lo inesperado. Ahora, para poder continuar muchos preguntarán sobre el título, “fenomenología”, suena loco,  sí, pero es algo a lo que he venido esposada recientemente, no solo por mi curso de filosofía contemporánea sino porque no sabía que existía algo muy parecido a lo cual yo constantemente me problematizaba. En simples términos, fenomenología es un estudio o método de todo aquello que existe, creado Husserl que nos dice que deberíamos hacer un “paréntesis”, olvidar todas las teorías científicas, junto con olvidar todo aquello que está en nuestra vida cotidiana. ¿Qué sigue? Solo sigue que confiemos en nuestra percepción de todo lo que se nos presenta, la percepción base de todo, seguido por una “reducción” nos llevará a la esencia de las cosas. ¿Cómo esto puede estar ligado con Blanca?

¿Qué es poesía? Me decía, siempre vi la poesía como algo externo y totalmente alejado de mí, alejado de la realidad. Jamás creí comprenderla, pensaba que solo algunos, privilegiados de hoy en día podrían lograr captarla en esencia. Fui a ver la exposición de vida y obra de Blanca; ahí ella me habló, me enseñó que es el instrumento por el cual podemos quizás explorar el mundo, “no evadir la realidad sino explorarla, encontrarle un sentido, convivir con ella, asumirla”. Me comentaban que desde muy pequeña ahondaba en palabras y hacia un juego con estas, que no le gustaba el mundo exterior pero sí curiosamente las palabras. Todo esto fue extraño, porque siempre pensé sobre esto y junto con ello, había conversado con buenos amigos míos, que la poesía podría ser una válvula de escape frente a toda la realidad. Este no huir de la realidad y afrentarse a ella, me da la idea del protagonismo, en general, fenomenológico que tiene la poesía y sobre todo la de Blanca(la percepción de la autora en el mundo de la vida). Ella, en poemas, describe la realidad cabalmente y conforme a ello la utiliza para encarar la esencia de todo aquello que refiere a la existencia del hombre (la muerte, el dolor, junto con influencia del existencialismo mismo, el amor).

Conforme he ido escribiendo, debo añadir que en la exposición, muchos autores que se refieren a ella, la señalan como aquella que habla sobre la humanidad y dejaba bien en claro las cosas tal y como son. Por último, Blanca nos hablaba de que su poesía quizá no llegue a describir y explorar la realidad tal y como ella misma hubiese querido, nos hablaba de la tarea casi imposible de la misma, sin embargo, hoy vengo a afirmar que no es así. Afuera de la exposición, se encuentra un pequeño fragmento de una entrevista que dio a La casa de Carton en 1996, en el que señala que si alguien le preguntase qué le hubiera gustado ser en la vida diría que un héroe, dice que la juventud debería luchar de cierta manera sin dejar las cosas de lado, también añade que quizás intentó dar una lucha de manera cerrada a través de su poesía. Pero, no Blanca, creo que dejas tu poesía y tu lucha continúa,  cambiaste al menos mi perspectiva que tenía de esta misma, estoy segura que la de otros igual. La poesía va mucho más allá de aflorar e imaginar, más allá de solo crear conforme a emociones que suceden por objetos presenciados mismos. Al final de cuentas responden a una pregunta: Qué es.

“la muerte
como una mala madre
me tocó bajo los ojos

entonces dividida
dando tumbos
de lo oscuro a lo oscuro
giré recién llegada
a la luz de esta línea

en pleno abismo
abriéndose
y cerrándose
la línea”.

“Vuelvo a contar mis dedos.
(La flor helada, la desconocida cabeza que
me acecha se descuelga y da voces),
yo miro las paredes y sus frutos redondos y veloces,
hago cálculos, sumo piedras, cenizas, nubes
y árboles que persiguen a los hombres
y perlas arrancadas de malignos estanques
o de negros pulmones sepultados
y horriblemente vivos.

La araña que desciende a paso humano me conoce,
dueña es de un rincón de mi rostro,
allá anida, allí canta hinchada y dulce
entre su seda verde y sus racimos.
Afuera, región donde la noche crece,
yo le temo,
donde la noche crece y cae en gruesas gotas,
en mortales relámpagos.
Afuera, el pesado aliento del buey,
la vieja fiebre de alas rojas,
la noche que cae
como un resorte oscuro sobre un pecho.”