29 de agosto de 1952: La audiencia del Maverick Concert Hall, ubicado en Woodstock (New York), estaba por presenciar una interpretación inaudita. Con la alta expectativa de conocer la flamante obra de John Cage, el público presenció la entrada en escena del intérprete. Este tomó asiento frente a un piano y, guiado por una extrañísima partitura, utilizó un cronómetro para contabilizar 30 segundos inmediatamente después de proteger las teclas con el respectivo tapón. Cumplido este lapso de tiempo, el intérprete descubrió el teclado y, en función a la partitura, volvió a repetir el silencio durante 2 minutos y 23 segundos. Evidentemente, la partitura parecía no indicar ni una sola nota. Es más, este ejercicio se repitió una vez más durante otros eternos 80 segundos. Al completarse los 4 minutos y 33 segundos, el intérprete abandonó la comodidad de su asiento y dio por finalizada la interpretación.

 

 

Las reacciones fueron diversas. Desde ser llamado una burda burla hasta ser catalogado como un hito de la vanguardia musical de la época contemporánea, la polémica resistió el paso del tiempo e incluso el cambio generacional. ¿Se trataba efectivamente de un silencio deliberado de 4 minutos y 33 segundos de duración o era una broma de mal gusto? Lo cierto es que tal composición (escrita con una sugerente cursiva) genera un conflicto con casi cualquier concepción que se tuvo o se tiene de lo que se comprende como música.

 

Por su parte, el mismo John Cage, quien identifica 4’33’’ como la obra más importante de su carrera, ha expresado sus intenciones respecto de tan conflictiva creación. En líneas generales, Cage trató de excluirse del proceso creativo de la composición y entregarle total potestad a la sonoridad azarosa del ambiente para que este domine el silencio y le dé rumbo a la canción. Es un cuestionamiento sutil a la función creadora del artista, el cual es entendido como el responsable de darle forma a la obra guiándose de su propio ego, y un intento de rescatar el concepto que subyace a la representación material de la obra. En este caso, la idea que mantuvo a Cage impaciente por años y la que explica la existencia de 4’33’’ es el silencio.

 

¿Existe realmente el silencio? Durante años, la materialización de este concepto pasó por la cabeza de John Cage. No obstante, fue su acercamiento a la cultura oriental lo que lo influyó en la búsqueda de las implicancias del silencio. Bajo la inspiración de Ramakrishna, místico bengalí, comprendió el silencio como el espacio de convivencia de los ruidos. Es más, en su intento por demostrarlo, emprendió un viaje hacia la cámara anecoica de Harvard, donde pretendía excluirse al máximo de cualquier ruido. Sin embargo, una vez dentro de dicha cámara hermética, reconoció todavía dos sonidos: el de sus sistema circulatorio y nervioso. La conclusión, entonces, que rescató es que el silencio absoluto es prácticamente inexistente, y que una composición como 4’33’’ no albergaría tampoco hábitat del silencio. Durante su interpretación puede escucharse desde la tos de una garganta inflamada hasta el sonido de la respiración de cualquiera de los asistentes al concierto. Y, aunque cualquiera de aquellos sonidos sea arbitrario, la existencia y acción de estos forman, precisamente, parte de las intenciones del autor. Aquello se explica con otro de los conceptos subyacentes en 4’33’’: todo cambia en todo momento.

 

Influenciado principalmente por el I Ching, un libro oracular chino de origen taoísta, comprende la indeterminación que aqueja al mundo. Con esto, Cage comenzó un proceso de cuestionamiento que inició dos años antes de la creación de 4’33’’ y entendió que todo lo que ocurre en el mundo siempre es víctima de las variaciones. Esto fue determinante para el propósito que tuvo la polémica composición. John Cage no solo le otorga total libertad a la sonoridad de su público para escribir sobre el vacío de sus partituras, sino que se basa completamente en el azar y la indeterminación. Es una obra cuya sonoridad, otorgada arbitrariamente por agentes externos, nunca será exactamente igual. Es un lienzo en blanco listo para ser coloreado con cada nueva experiencia.

 

Aunque también es entendida como una crítica con base en la ironía de la “mercantilización de la música dirigida por el mundo del mero espectáculo” desde una visión elitista de la música y el arte, la cual cree ostentar la capacidad moral e intelectual para decidir sobre lo que es cultura y lo que no. Sin embargo, desde un punto de vista personal, 4’33’’ posee mayor mérito como exposición de conceptos que Cage cultivó que como ironía glorificada por la intelectualidad. De todas formas, al ser una obra tan libre, aún queda una interrogante, bastante subjetiva dicho sea de paso: ¿es 4’33’’ una composición musical? ¿Y, si no lo es, qué es? ¿Qué opinan ustedes?