I

Dos señores se acercan a una mesa de estudiantes que se lanzan al C.F. de EE.GG.CC. El hombre de cabellera blanca platica algo. El otro escucha. Luego de un intercambio de palabras, miran para la izquierda. Los dos, vestidos formalmente, se despiden y caminan por la rotonda en la que alguna vez estuvo Pizarro, allá por los sesenta, cuando estudiaba en la PUCP. Han encontrado el camino.

Mario Pizarro y Walter Noriega, representantes de Sedapal, llegan a la sala de eventos de la faculta de ciencias. En ella espera José Antonio Beteta, egresado de la PUCP y especialista en gestión pública. Los tres y un retrasado Luis Tori, representante del Sindicato Único de Sedapal, hablarán sobre un tema que debería interesarnos (e inquietarnos) a todos los peruanos: ¿debe la empresa pública Sedapal ser privatizada?

El evento es organizado por el Grupo Civilízate, asociación que reúne a estudiantes de ingeniería civil, que busca poner temas de actualidad en debate. Hace un año organizaron un debate sobre la posibilidad de una burbuja inmobiliaria en el país. Ahora, indica el muchacho que presenta a los “distinguidos panelistas”, se hablará sobre la gestión del agua.

II

“¿Es el agua un derecho? ¿Qué tipo de derecho es? ¿Absoluto? ¿Privado? ¿Será un derecho natural? Si es un bien, ¿es público? ¿Privado?”. Estas son preguntas que José Beteta se formula –de una serie de cuatro-, tienen como objetivo introducir al público en el tema de la gestión del agua. Es necesario este tipo de ejercicios, indica este joven experimentado en proyectos sociales, pues a la hora de llevarse políticas siempre se toman en consideración las conceptualizaciones.

Luego hizo algunos sondeos históricos sobre la gestión del agua para preguntar si, en la actualidad, es necesario que sea el Estado el encargado de la provisión de este servicio. ¿Solo él está capacitado? ¿Y la sociedad? Haciendo hincapié en que es necesario siempre contextualizar, Beteta habla sobre las ventajas de la gestión privada y de la gestión estatal. En líneas generales, la primera se centra en la gestión y la eficiencia; la segunda, en un servicio que beneficie a todos.

Finaliza su parte cuando hace referencia a si la privatización es aplicable. Señala que muchas veces se da una visión maniquea de lo privado y lo público, como que el privado es el empresario sediento de dinero y lo público es lo mejor; o que lo privado es más eficiente y el Estado entorpece las cosas. Así, se pregunta: ¿cuál es el modelo de gestión que podría ser aplicado?

III

Walter Noriega, economista y ex representante del Sindicato Único de Trabajadores de Sedapal, intentará responder. Su disertación empieza por una pregunta algo básica: “¿Qué cosa es el agua?”. Con ella inicia toda una argumentación en la que postula que el agua es un derecho humano, gracias a lo establecido por la ONU a inicios de la década del 2000, y que a partir de eso el Estado debe procurarse los recursos para garantizar el servicio. Como, para citar un ejemplo, el de asegurar el consumo de 30 litros por persona.

Para eso “es necesario racionalizar y ser eficiente”.  Y para cumplir esto es necesario desarrollar tecnología. Cosa que, hasta el momento, no habrían cumplido las empresas privadas que tercerizan servicios para Sedapal en un margen que ocupa aproximadamente el 60% de esta empresa. O sea, sí hay capitales y empresas privadas en Sedapal, y ellas se hacen cargos de algunos servicios -los principales según los ponentes ligados a Sedapal-. Un caso emblemático en cuanto al desempeño de los privados en el servicio de agua es el de Tumbes, en el que todo el servicio de agua potable fue privatizado en los noventa. A los cinco años de empezado el proceso, tuvo que retirarse la empresa.

“¿Es necesaria la privatización?”, se pregunta el economista. Y se responde diciendo que la gestión pública “debe mejorar su transparencia, que debe haber una reforma a fondo, que debe haber un ente muy vigilante, y que la ciudadanía debe participar”. Tal como se escucha: puro concepto general. Un chico me dijo fastidiado: “Pensé que vendrían especialistas”.

IV

Pizarro, el del cabello blanco, apunta que además de presionar por una privatización de los servicios públicos, hay un cargamontón injusto contra Sedapal. Recientemente, dice, en Ventanilla, una cañería rota se llevó 13 casas. ¿Qué ocurrió? Unos rateros robaron una válvula de 8 pulgadas que es la que controla el flujo de agua. Como en Ventanilla el servicio no es de 24 horas, cuando se reanudó el servicio, la corriente de agua no encontró “barreras” y salió despedida causando tales destrozos. Informados los medios de esto,  tuvieron otra razón más para señalar la ineficacia de Sedapal. Para Pizarro, por otro lado, no hay otro sospechoso que los privados que cargan con el 64% de las tercerizaciones de servicios de agua y saneamiento. Pizarro tiene motivaciones para desconfiar mucho en este sector: en los operarios y en los contratistas. Hace dos años, él informaba sobre el encuentro de una red clandestina de agua frente al Jockey Plaza que permitía un consumo, a la línea de tiendas, un aproximado de 15 mil metros cúbicos de agua potable al mes. Así se dejaba de pagar a la empresa un millón 300 mil nuevos soles.

Asimismo, comenta, como lo hizo Noriega, que muchas empresas privadas no cumplieron con su labor de modernizar los servicios. Incluso, habló de cómo el Estado pone un tope a los préstamos que Sedapal pueda hacerse. Para un proyecto que la empresa tenía con la cual se recabarían nuevas fuentes de agua para Lima, y por el cual se prestaron inicialmente 6’000 millones de soles, el Estado cerró la posibilidad de que se hagan un préstamo adicional pese a que la banca internacional les ofrecía bajos intereses y un cómodo plazo de pago.

V

Noriega responde una pregunta que le hago sobre qué ha hecho el resto de porcentaje, “sector público de los servicios”. Me dice que la tienen difícil. El Directorio de Gestión de Sedapal está distribuido por diversos ministerios. Entre ellos el MEF. Como recuerda quien esté mínimamente enterado del acontecer nacional, el mantra del ex ministro de Castilla es repetido a coro –por unos más por unos menos- por todo el gabinete ministerial: “vengan, inversores privados, vengan”. Así, la gestión pública tiene pocas opciones de ser escuchada y seguir una línea de servicio público en beneficio de la sociedad –por lo menos ese es el planteamiento que tendrá el servicio público de acuerdo con Noriega-.

Le sigue a lo dicho, una serie de críticas hacia la privatización: que no desarrolló competencias, que debió haber vigilancia, que no hay política pública. Frente a esto, indica, es necesario, como lo dijo antes, una reforma exenta de intereses. A la segunda pregunta que le hago sobre cambio climático y la propuesta de Sedapal ante la escasez de agua me da un panorama sombrío: “El área de drenaje de las aguas hacia Lima está en un territorio concesionado a las mineras”. Para resolver este asunto “hay que transformar la gestión del agua… hay que traer de otra región y hacer otro tipo de gestión”. Cita un ejemplo de una empresa española que coloca medidores de mala calidad en las casas: con eso no se puede hacer un mayor control del consumo de agua. Pues, claro, no le conviene al privado realizar un esfuerzo adicional, pierde. Solución: reforma de enfoque genuino que tenga en la mira al ciudadano.

Pizarro responde con experiencias. En el 2000 se llegó a identificar que los pozos de agua que abastecían a Lima sufrían una degradación mayormente debido a las empresas mineras e industriales. La napa freática (otro nombre para el pozo) no resistía más a la succión. Por ello, se hizo uso de un Decreto Legislativo, el DL 148, estimaba que Sedapal se haría cargo de las aguas subterráneas de Lima Metropolitana. Sedapal, de esta manera, estaba facultada a hacer cobros por el uso del agua como modo de inhibir el consumo exagerado del agua que dañaba la freática. La norma no fue cumplida por las empresas ya que la llevaron al fuero judicial y se declaró que la norma estaba “mal dada”. Pizarro citaba al magistrado César Landa cuando este se refería al incumplimiento de dicho decreto legislativo: “Si no hay control iremos a una situación de depredación que, a la larga, afectará al pequeño usuario”. Pizarro señala que Castilla no respondía a sus quejas, que, por otro lado, si no se cumplía la ley porque era un decreto del Ejecutivo, ¡bastaba que el Congreso la refrende! Si Pizarro se indigna por eso, es que hasta el momento no hay un interés desde el gobierno por controlar el mal uso del agua, que pronto escaseará.

El señor Tori, representante de los trabajadores, que ha hablado antes como sus compañeros y está en contra de la privatización de Sedapal por lo mismo que indica que el grueso de privados en la empresa no han cumplido, señala que Sedapal tiene en sus planes un proyecto de desalinizar el agua de mar. Si bien, va señalando, este es caro por el momento, él confía en que conforme avance la tecnología, los nuevos desarrollos técnicos harían favorable que semejante y ambicioso proyecto sea una realidad. Las fechas de espera podrían ser 10, 20 años…

VI

En conclusión, el sector privado, de acuerdo a lo dicho por los ponentes no está a la altura de las circunstancias (hubiera sido bueno que Beteta se explaya más en el asunto dado que él pertenece a ese sector), pero también no sabemos bien qué se propone desde el lado público. Se habla de reformas a secas, pero los panelistas no nombraron ejemplos que permitan una guía. Ante eso, bien serviría echarle una mirada al libro “Alternativas a la privatización: la provisión de servicios públicos esenciales en los países del sur”, editado por David McDonald, un especialista en temas de desarrollo. El libro trata de conceptos de privatización y de lo público. Este último, de acuerdo al texto, sobrepasa el concepto de Estado y en él participa lo que se entiende por sociedad civil. Se centra, asimismo, en servicios de agua, salud y electrificación. Fuera de esto, vale la ponencia porque es un tema pocas veces tocado y debatido. Que la oportunidad sirva para continuarla.

Fuentes: RPP