La economía es una ciencia de resultados inciertos. Las predicciones fallan, los pronósticos son errados y al economista solo le queda bajar la cabeza y aceptar su derrota frente a un contexto impredecible.

Aquella situación la vienen atravesando nuestros especialistas del Ministerio de Economía y del Banco Central. A fines del 2018, las principales instituciones en materia económica pronosticaban que nuestro país crecería a tasas de 4,2% (según el MEF) o 4% (según el BCRP).  Sin embargo, algo falló en la ecuación. Tras ocho meses de cifras catastróficas, el MEF y el Banco Central han hecho público su error y han recortado su proyección hasta 3,7% para el 2019.

De acuerdo al INEI, en el primer trimestre del año alcanzamos el 2,3% de crecimiento. Partiendo de esa cifra —si Dios quiere— llegaremos, a fines de diciembre, al 3% de crecimiento de anual. A estos pobres resultados se suman el aumento del nivel de desempleo y la desacertada gestión económica. El panorama, para lo que resta del año, se ve complicado.

¿UNA TÍA QUE HACE MILAGROS?

Ya nos hemos cansado de escuchar que somos un país minero y toda la parafernalia que visibiliza nuestro amor por los metales. Lo que no hemos escuchado —al menos por parte del Gobierno— es una solución viable frente a los acontecimientos sobre el proyecto Tía María. El Ejecutivo se ha preocupado en decidir si el proyecto va o no va, olvidando que existen otros canales que le inyectarían dinamismo a la economía peruana, como la inversión pública. Además, si en algún momento se resuelve el caso Tía María, Vizcarra tiene que recordar que existen otros 177 conflictos sociales por resolver ¡Vaya tarea!

No solo eso. Las erráticas decisiones del gobierno y las desalentadoras cifras de crecimiento han motivado que distintos gremios asociados al sector privado, como la CONFIEP, culpen a la paralización de Tía María del declive económico que atravesamos. Como si nuestra vida dependiera de un proyecto minero.

Otro punto que le preocupa al empresariado peruano es la lucha entre Vizcarra y el Congreso. Después de oír sobre el posible adelanto de elecciones, el 74% de ejecutivos opina que nuestra economía caerá en picada.

EL MUNDO NOS DA MALA CARA

Cuando al mundo le va mal, solo nos queda sujetarnos fuerte, prender algunas velas a los santos y esperar lo que venga. Para nuestra mala suerte, el contexto internacional no nos favorece. La economía mundial se ha enfriado y la impredecible pugna entre China y Estados Unidos genera un clima de temor por sus consecuencias en nuestro país.

Para concluir, los más polémicos creen que es momento de cortar cabezas. Muchos apuntan a Carlos Oliva, ministro de Economía, de ser el rostro tras el telón. Con 49% de desaprobación, consideran que Oliva es incapaz de continuar al mando del MEF. Otros, más optimistas —demasiado diría yo—, opinan que este ventarrón pasará y llegaremos felices al 2020 con la ansiada espera de nuevas elecciones. Es común decir que ser peruano es ser alguien con suerte. Solo espero que aquella suerte no nos abandone en lo que resta del año.