La asignación del gabinete ministerial del presidente Pedro Castillo ha generado diversas controversias. Entre ellas, el tema de la paridad política ha sido uno de los motivos por los que el actual mandatario ha sido criticado. Así, de dieciocho representantes, solo dos son mujeres, las cuales son Anahí Durand y Dina Boluarte. Aquella situación ha propiciado un retroceso representativo y significativo en lo que constituye a la presencia de la mujer dentro de espacios políticos. En ese sentido, resulta válido analizar ¿por qué es importante generar cúpulas paritarias? A continuación, las siguientes líneas responderán de forma panorámica la relevancia de ello.


Históricamente las mujeres siempre se han encontrado relegadas en distintas áreas que no sean las relacionadas al hogar. Se les consideraba inferiores en comparación con los hombres, quienes se caracterizaban por llevar el perfil de liderazgo asimilado en medio de prácticas patriarcales, misóginas y paternalistas, y asociado a lo que reproducía el sistema económico imperante. Específicamente en Perú, el hablar de los primeros pasos de entrada de la mujer en espacios políticos recién se suscitó en el año 1955 con el sufragio femenino, el cual aún esbozaba matices sumamente restrictivos y excluyentes por la desigualdad estructural. La ley número 12391 promulgó el voto progresivo para elecciones municipales solo para mujeres letradas, proposición que privaba de la libertad de votar a una mayoría ubicada en condición de analfabetismo. Así, lentamente la imagen femenina se fue adentrando, desde ser partícipe en las elecciones hasta ser miembro directo de la representación parlamentaria. En el año 1996, Perú asistió a la Conferencia de Beijing, evento que influyó para profundizar en las problemáticas sociales y que jugó un rol fundamental para lo que posteriormente sería la creación del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Humano. Esta entidad fue una de las principales precursoras para aprobar al año siguiente, 1997, la Ley de Cuotas en el Congreso, que indicaba este sea conformado con un 25%, como mínimo, de mujeres en un inicio. Tiempo después, en el año 2003, se propuso la Ley de Alternancia por Género. Este hecho se presentó debido a que, si bien ya existía una ley relacionada a la paridad, las mujeres de igual forma eran colocadas al final de la lista de candidatos, lo que generaba escasas posibilidades de alcanzar algún cargo.


Sucesivamente, se pueden relatar diferentes acontecimientos políticos en los que las mujeres han tenido que luchar, presentar proyectos de ley, formar comisiones, buscar aliados, entre otras alternativas para escalar por las ansiadas liberación e igualdad. En este caso, la necesidad de generar la paridad de género en instancias tales como el gabinete ministerial recae en la importancia de que ellas mismas, desde la vivencia propia, sean capaces de adentrarse en una verdadera democracia. Su presencia involucra la propuesta de alternativas para superar esta problemática sin que los hombres o bien no comprendan la realidad que afrontamos o bien no se apropien de las luchas que nos conciernen. Asimismo, la ONU Mujeres (2019) explica que el ingreso de las mujeres al poder abriría paso a posicionarse en una escala en la que la estructura de subordinación poco a poco se resquebraje y la jerarquización implícita por condición de género cese. No obstante, con la asignación de este Gabinete se han retrocedido casi 20 años, cuando el expresidente Alejandro Toledo conformó su ministerio únicamente con un 6 % de mujeres, frente al gabinete del último Jefe de Estado, Francisco Sagasti, conformado en un 42% por mujeres. A esta situación se suma el ínfimo compromiso de los actuales ministros con las políticas inclusivas de género, puesto que, por más que en distintos discursos las hayan propuesto, sus acciones denotan situaciones contrarias, tales como los comentarios emitidos por el primer ministro Guido Bellido. El silencio del Presidente y la falta de accionar ante este son un reflejo de la realidad que nos azota y que le espera a la mujer tanto en la agenda política como en el accionar gubernamental frente a la violencia normalizada que recae sobre este grupo. A este dilema, vale acotar que la Comisión de Educación se encuentra liderada y compuesta por miembros de un partido conservador ideológicamente y contrario al de Perú Libre; no obstante, esto pertenece a otra discusión, mas deja en evidencia el contexto actual y futuro que nos tocará enfrentar como mujeres.

En esa línea, las polarizaciones ideológicas tratan de distintas maneras la problemática de género, puesto que, en ambas circunstancias, se suscita de forma diferente en los sistemas económicos y espacios privados familiares de acuerdo a los postulados generales que cada corriente defiende. De tal forma, lo que ambas ideologías comparten es la necesidad de priorizar la lucha por los derechos de la mujer, la cual debería colocarse siempre en preponderancia en todo ámbito de debate hasta el día en que la justicia se alcance. A ello, resulta importante añadir el factor diversidad en la asignación de puestos de poder a las mujeres. En otras palabras, dentro de esta problemática aún se invisibilizan concepciones sociológicas de mujeres que no se rigen bajo el modelo hegemónico de clase alta. Por ello, se resalta la relevancia de introducir la diversidad femenina en el acceso a cargos políticos, pues ello invitaría a colocar en la mesa demandas que comprometen a otro tipo de desigualdades históricas. En la circunstancia de emergencia que hoy alberga a nuestro país, en lo que refiere a condición de género, el primer paso para simbólica y sustancialmente ejercer el derecho a una verdadera democracia recae en discernir y revisar los pensamientos machistas y peligrosos de los funcionarios. En adición, se necesita una profunda evaluación que vele por el cumplimiento de la paridad de género e incluir a las mujeres y sus diversidades dentro de un espacio político, pues lo que no se muestra, denota inexistencia e invisibilidad.