Un momento de estupidez … ¿o no?

3am. Despierto todavía. Todo oscuro y en silencio. Solo me limitaba a caminar por el pasillo del segundo piso de la casa. Veía por la ventana de rato en rato, me gustaba cómo se veía el firmamento: las estrellas, la luna. Me daba una sensación de paz. Esa que no tenía, y no la tenía porque aparte de ver de rato en rato la ventana, veía de rato en rato si la luz parpadeante del celular me avisaba si tenía un nuevo mensaje. Y como no lo tenía, no tenía esa paz que me daba el cielo de noche. Un vacío que llenar, supongo.

4am. Recién dormí, creo, y como estaba de vacaciones (felizmente), desperté para el almuerzo. Vi mi celular, sabía que no había luz parpadeante, pero igual la necedad era característica mía.

Entré a Facebook, Twitter, Google y hasta a Messenger solo para ver si se conectaba. Era extremo, y es que todo lo vivido en los últimos años después de terminar el colegio me hizo creer que podía suceder algo entre nosotros. Pero nunca me atreví a decirle nada. No me atreví. Solo mirarla era lo que hacía.

–          Chau… te extrañaré –me dijo.

–          Yo también –casi tartamudeando le respondí–. Nos vemos algún día.

Así que corrí un rato. De  mi casa al malecón, del malecón a mi casa. Lo corrí de ida y vuelta y volví, después por unas callecitas hasta llegar a Francia. No me cansé, solo pensaba en cuándo sería el “Nos vemos algún día”. Seguía el vacío mío, supongo.

Así que bajé al sótano de la casa. Todos se fueron a comer. Yo me quedé porque…bueno, me quedé. Acompañado de cuadros y libros antiguos, me di cuenta de una foto. Tan perfecta ella. La saqué y bajo ella había todo un álbum, todas ellas mías y de la chica más bonita que pude haber conocido. No sé qué fue, pero un nudo en mi garganta me habló de lo profundo. Recordé cada uno de los momentos que habíamos pasado. Cada uno de ellos. Momentos geniales, incómodos, tristes, alegres, etc. Y pensé. Y seguía pensado. Y lloré.

– No, fue la vida -llorando.

– ¿Por qué? – escuché de algún sitio.

– Porque no, así de simple, se acabó, ¡¿no entiendes?!

– ¡No!, no pueden acabar así  sin más… tiene que ha…

-Solo… cállate –le dije a mi cerebro que me torturaba cada vez más. Y me secaba las lágrimas inexistentes en mis mejillas. Tratando de recordar nuestras manos juntas y la melodía de su voz. Se había ido. Y no lo asimilé.

Y quedé en la esquina del sótano. Guardé las fotos y salí corriendo. Agarré la llave y salí corriendo. Corrí toda la avenida, todo el camino pensando en lo que iba a hacer, simplemente tenía que hacerlo. No sabía por qué. Así que me corrí. No me cansaba. Como cuando fui a Francia. Desde una ventana escuché un grito: ¿Tu momento de estupidez? Miré al anciano mientras corría y le dije: Justo como usted lo hizo. Y me sonrió. Doblé la esquina. Me perdí. Y llegué. Toqué la puerta, y justo abrió…

– Te amo.

– Qué dices…

– Simplemente eso -le dije-, nada más -mientras salía completamente estúpido. Efectivamente, mi momento de estupidez.

Y me fui. No sé en realidad qué hice, solo sé lo que dije. Sólo sé que me sentí liberado, me lo había guardado tanto tiempo. Un “te amo” que me llenó por completo, y solo recuerdo que fue un 22. Lo cambió todo. No necesitaba mirar mi celular, solo… solo sabía que la amaba. La vi y listo. La vida te da sorpresas, dice la canción. Mi vida me da sorpresas, dice mi canción.

No bastó mucho tiempo para que me encuentre en mi cama mirando el reloj. ¿Cuándo sería mi siguiente momento de estupidez? Anciano tarado, nunca aconsejaba bien, lo debía recordar.

Ya esperanzas no tenía. Saqué lo guardado, y solo lo guardé de nuevo. Una confusión de sentimientos me llenó aún más de lo que me llenaba haber sacado y guardado algo. Así que subí a mi cuarto, cerré la puerta y me eché. Cuando veo la lucecita parpadeante del celular, esa que te avisa cuando tienes un mensaje no leído. ¿Será ella?

Dormí sin leerlo. Era ella, seguro. Qué me diría. Me sentía vivo de solo saber que era ella, sentí todo mi cuerpo latir. Me sentía tan frágil. Una paz que el firmamento no me dio esa noche.

10 am. “Claro le informa que…” Y volví a cerrar los ojos, desesperanzado y vacío. Sin paz, deseando ver las estrellas a esa hora.  Mas vacío que nunca, cerré los ojos.

3 pm. Desperté de nuevo, sin ganas de nada. Luz parpadeante del celular. “Yo también… u.u – se podía leer – yo también… “

 

 

 

 

  • Meli

    Morí :´)