Jueves 02 de Abril del 2020, Martín Vizcarra anuncia un nuevo paquete de medidas de urgencia para darle un “segundo martillazo” a la curva, con el objetivo de lograr una reducción significativa en las cifras de contagios, y asegurar que el sistema de salud no rebase su capacidad máxima. Éste paquete incluía medidas como “pico y género”, la cual consistía en que los hombres podrían salir tres días a la semana, las mujeres otros tres, y que el domingo la inmovilización sería absoluta. Además, decretó que se ampliará la cantidad de camas UCI existentes, y éstas estarían distribuidas a diversos hospitales, entre ellos, el Hospital de Ate. Acorde al gráfico mostrado por Vizcarra, las proyecciones apuntaban a que después del 19 de Abril habría un descenso marcado en la cantidad de infectados, y para el 3 de Junio llegaríamos a cero. Sin embargo, las medidas adoptadas este día no fueron del todo efectivas, puesto que han demostrado ser ineficaces e incluso insuficientes para afrontar la pandemia en una sociedad tan compleja y diversa como es el Perú. 

La adopción del “pico y género” ocasionó aglomeraciones innecesarias durante los días en las que estuvo habilitada, ya que las mujeres eran las que más compras realizaban en supermercados y mercados, causando aglomeraciones y filas en diversos establecimientos. Evidentemente, estos lugares de compra fueron un foco de contagio, y los casos empezaron a duplicarse a una velocidad mucho mayor de la esperada ¿Qué ocasionó esto?

Aumento en hospitalizaciones, y por ende, aumento en casos que requerían UCI. Al ser un aumento intempestivo, los hospitales rápidamente demostraron las carencias arraigadas al evidenciar que había una escasez de camas, material de bioseguridad, e incluso de pruebas. El mensaje del 6 de Marzo, cuando apenas se detectó el primer caso, empezaba a debilitarse el sistema de salud. Se confirmó la verdad popular, nuestro sistema no está preparado para afrontar una pandemia de este calibre. Diversos reportajes dominicales denunciaron la grave escasez de material para médicos, mostrando que tanto médicos como enfermeros/as usaban mascarillas de triple hoja cuando deberían estar utilizando N°95. Además, se evidenciaron las deficiencias en respiradores, algunos no estaban completamente implementados para su uso, y otros respiradores importados habían llegado al país con piezas faltantes. Un respirador con piezas faltantes, es un respirador obsoleto. Estos respiradores obsoletos fueron llevados al Hospital de Ate, un hospital que está destinado para casos graves de COVID-19. Los implementos no están llegando a tiempo o son deficientes, nuestras autoridades en primera línea están siendo infectadas, incluso muriendo a causa de la enfermedad. La medida propiciada ha expandido la enfermedad de forma innecesaria, acorde a la demografía y los ideales socioculturales, las mujeres son las que suelen encargarse de labores domésticas como las compras de alimentos, por ende, un análisis sociológico de la política hubiera concluido de que la medida no sería efectiva en nuestra sociedad peruana porque generaría aglomeraciones. Afortunadamente, el error fue corregido a tiempo, y después del 11 de Abril la medida quedó sin efecto. Lamentablemente, los casos siguieron en aumento por los contagios comunitarios intensificados durante ese lapso, y al día de hoy 29 de Abril del 2020, el Presidente indica que el sistema de salud se encuentra al borde del límite de su capacidad. Por ende, se puede concluir que las medidas incluidas de forma directa en el segundo martillazo fueron tanto ineficaces como insuficientes. Sin embargo, ¿Habrán consecuencias a mediano plazo por el aumento en contagios comunitarios durante los nueve días de la vigencia de las medidas del “segundo martillazo”?

Jueves 23 de Abril del 2020, se dicta una nueva medida, la cuarentena será extendida por dos semanas más. No obstante, iniciará la repartición de un bono universal que únicamente excluirá a los trabajadores que aún se mantienen en planilla. El nuevo bono ayudará a que las familias puedan subsistir durante el tiempo restante sin tener que peligrar sus vidas saliendo a trabajar durante el estado de emergencia. ¿En dónde radica el problema? La velocidad de repartición del bono. Se estima que, como máximo, el bono debe llegar a las familias peruanas en un mes. ¿Es un mes un plazo razonable durante tiempos de emergencia? Se ha evidenciado que, en el caso de trabajadores independientes (los cuales son el grueso de la fuerza laboral del país), la ausencia de dinero líquido los empuja a tener que volver a salir a trabajar, exponiendo tanto su salud como la de su comodidad.

El Perú no es un país homogéneo, la heterogeneidad dentro de las actividades laborales formales e informales ocasiona que un importante sector se vea obligado a trabajar. Para una gran parte de la población, el no salir a trabajar por un plazo mediano o largo de tiempo, significa no poder solventar gastos vitales como alimento y vivienda. Por si fuera poco, el último pedido del Colegio Médico del Perú ha recomendado inmovilización por tres días a la semana, lo cual sería repartido en dos días laborables y un domingo. Al igual que la problemática surgida entre la diferenciación de género y los roles de familia predominantes en el Perú, el Estado debe ser coherente con nuestra realidad social. Una medida lista para subsanar el vacío de la otra, no una ley que ocasione más vacíos, los cuales terminarán causando problemas. Si el Estado quiere decretar dos semanas más de cuarentena, siguiendo las recomendaciones del Colegio Médico del Perú, entonces el bono debería ser implementado lo antes posible para asegurar la vida de miles de trabajadores que se ven obligados a trabajar a diario para sustentarse. Parece que se pueden repetir los errores cometidos al inicio del primer martillazo, y si fallan las nuevas medidas, estaríamos enfrentándonos a una situación extremadamente adversa: el colapso total del sistema de salud.

No hace falta solo la tecnología y la teoría matemática, en un país tan complejo como el Perú, la elaboración de políticas públicas en estados de emergencia debe ir siempre acompañada del análisis sociocultural y demográfico para asegurar su efectividad en la población entera, no solo una fracción de ella. La pandemia nos afecta a todos por igual, y todos los sectores necesitarán medidas de reactivación una vez se contenga a la enfermedad, todos los sectores necesitarán apoyo integral para lograr el menor daño posible a la economía y la sociedad. El Estado Peruano debe aprender de los errores cometidos, asegurar que no se vuelvan a reproducir mediante medidas hechas sin el análisis de los aspectos sociales involucrados/afectados. Un gran paquete de medidas puede tener un efecto que dañe a sectores de la población, mientras una sola medida hecha con una visión completa de la sociedad peruana puede causar un efecto mucho más positivo. En el segundo martillazo, se cometieron errores irreparables que tal vez causarán consecuencias a largo plazo dentro del manejo de la pandemia; sin embargo, un correcto planeamiento en las semanas subsiguientes será decisivo para el futuro del Perú. Las medidas promulgadas por el ejecutivo deben guardar coherencia con la realidad peruana de toda la población, como he mencionado antes, de no ser así, cabe un gran riesgo de que la población excluida pueda seguir arriesgando su vida exponiéndose innecesariamente, acrecentando el pico de contagios y ocasionando el completo quiebre del sistema. Para dar en el clavo y no colapsar todo el sistema, el siguiente martillazo debe ser dado con una visión 20/20; tenemos que dejar de imitar las políticas que funcionan en la realidad de otros países, y dejar de basar las siguientes medidas enteramente en resultados científico-matemáticos.