“En la práctica feminista también está esta cultura del compartir, no solamente de buscar las ganancias detrás de las cosas, sino siempre ver el tema de la sororidad y la acción colectiva. En todas las luchas de diferentes agrupaciones, diferentes colectivos, siempre la forma de juntarse es esta onda de la olla común, la olla comunal, la olla popular, el ollón”

El día lunes, Manada Feminista organizó el Lunes de Lentejas Feministas un evento cuyo propósito fue compartir un plato que es consumido, por excelencia, los días lunes: lentejas con huevo frito y arroz. No hubo precio alguno por el almuerzo, al contrario, cualquiera que llevase un taper o se comprometa a lavar los platos reusables que habían ahí, podía disfrutar de esta deliciosa comida. No obstante, muchos podríamos caer en la duda de ¿por qué se ofreció un almuerzo totalmente gratuito el primer día de clases, a pesar de que los comedores y kioskos estaban funcionando en la PUCP? ¿Cuál era la finalidad? ¿Por qué comprometerse a preparar un plato sin lucrar? ¿Cuál fue el motivo? Llena de tales dudas, conversé con Manada Feminista un rato después de finalizado el evento.

Mientras pensaba en qué preguntas realizarles, repasaba todo lo sucedido durante las semanas anteriores al inicio de clases. Para una estudiante como yo, que poco o nada se involucra en la política universitaria, me resulta difícil dar fe de cómo pasaron exactamente las cosas. Incluso haber asistido a las asambleas convocadas por la FEPUC sobre este tema no me asegura tener total conocimiento del mismo. Sin embargo, creo que todos coincidimos en que la universidad tomó una decisión sin consultar con los alumnxs ni realmente preguntarse cómo esta les afectaría a quienes, por obvias razones, somos los que consumimos aquel plato. Si bien el básico no era una comida que llenaba mucho, ni era de la mejor calidad, ni incluso la del mejor sabor, era un plato al cual muchos accedían por su bajo costo. Igualmente, el plato económico llenaba aquel hambre al mediodía que muchos teníamos que saciar con el 1.50 o a veces un poco más que hallábamos en nuestros bolsillos. Acceder a un plato de mayor costo podría saciarnos y/o gustarnos más, pero no todos teníamos esa opción. De modo pues, la mejora de la calidad y cantidad del plato era una necesidad. Sin embargo, esta debía ir de la mano con la situación económica de todos los estudiantes que probablemente no pueden pagar 6.50 todos los días.

Nos sentamos en el pasto frente a Sociales y empezamos a conversar. Ellxs me contaron que Manada Feminista es un colectivo que busca generar espacios en los cuales se hablen de temas feministas. Se podría decir que nació como un espacio que trasciende a la Semana Feminista, la cual “era solo una semana de puras actividades respecto a temas de género, lgtb, tema trans, laborales, todo siguiendo una línea feminista. Muy pocas veces han salido talleres que no sean en esa semana.” Esto cambiaría en el 2014 cuando se llevara a cabo el EFLAC – Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe – en el Perú. A partir de entonces, muchas feministas jóvenes y de la PUCP se encontraron y “empiezan a juntarse y hablan de la necesidad de que semana trascienda, un grupo, algo que quede.” De esta manera, Manada Feminista se consolida con personas de diversas edades y especialidades de la PUCP.

“Se dio el tema del básico porque justo era la semana donde hubo lo de las asambleas y creímos que era necesario ponernos de pie ante la medida de eliminar el basico ¿no?, entonces nació como una idea de decir que existimos como grupo feminista y además estamos en contra de la eliminación del básico.”

Pasamos al tema del básico. Me interesaba mucho la idea de la “olla común”, citada en el primer párrafo de este artículo, como algo que genera y generó un impacto el día lunes. Ellxs me hablaron del compartir. “El compartir es la sororidad, es esta compañía, este apoyo, más allá de lo físico es también emocional.” Como Manada no tienen un postura definida respecto a lo que está sucediendo pero “lo que si estamos de acuerdo es que estamos en contra del plato único como representa la elitización de precios” tal como me lo señalaron. La olla comunal buscó ser un acto simbólico: “no hemos hablado si lo vamos a repetir pero hemos demostrado que hay un trabajo personal, es el hecho de que nos dimos el tiempo para prepararlo, traerlo, esa acción colectiva es justamente lo que queremos compartir.” En otras palabras, Manada buscó, además de brindar una opción diferente a los menús del día y pronunciarse en contra del plato único, generar una reflexión en los estudiantes sobre lo que sucede y lo que es realmente ser comunidad. Me contaron que muchas personas llegaban con arroz, lentejas, huevos y demás. Justo cuando pensaban que ya se había acabado todo, nuevamente más y más gente traía cosas. Asimismo, varixs estudiantxs compartieron junto con los que estaban ahí, la comida que había traído de casa, tan solo con la finalidad de apoyar esta causa. Algo que les impresionó mucho, fue que la mayoría de estas personas no tenía contacto con Manada, es decir, fueron personas que quería sumarse a este evento sin importarles quiénes conformaban Manada Feminista PUCP o si recibirían algo a cambio.

De igual modo, señalaron algo que me parece importante subrayar “es imposible hacer el lunes de lentejas todos los días, si hubiese mucho más manos si podría ser posible la autogestión pero no hay eso. Entonces creo que es una posibilidad para reflexionar qué tanto o qué cosas podríamos hacer si nos organizáramos.”

Volviendo al tema de la comunidad, la propuesta de una autogestión que parta de los mismos estudiantes debe ser considerada como una oportunidad que situaciones como esta nos brindan para establecer vínculos. Considero que Manada fue muy clara y acertada con este punto. ¿Qué hacemos después de lo sucedido? Concretamente, ¿qué hacemos para que esto se convierta en un ejemplo de lo que no puede pasar? Unx de ellxs dijo: “Creo que si aceptamos ese modo de proceder de la universidad, no se va a quedar acá sino que va a continuar” entonces, ¿qué acciones tomamos para que no continúe? En efecto, constituirnos como una comunidad que se preocupa por el otro sería el primer paso y nuestra mejor aliada.

Finalmente, les pregunté si pensaban que falta inculcar el feminismo en la PUCP, si había realmente una presencia de este entre los alumnxs. Me comentaron una anécdota del día. Un chico se les acercó y le dijo: “¿Ustedes son Manada Feminista? – Sí – Ah son feministas… ¿O feminazis? – risas.” Posteriormente, respondieron “Creo que falta mucho decirle a las personas qué es lo que realmente representa el feminismo ya que muchos tienen una idea tergiversada o una idea malformada o estereotipada.” “Este colectivo busca abrir un espacio que nos permita decir estamos de pie en problemas como este y sí, queremos hacer un cambio en la universidad.”

En mi opinión, el efecto o el impacto de este evento ha sido importante y debe hacerse una reflexión del mismo. En estos días, otros colectivos realizarán ollas comunes similares. Les invito a participar de ellos, no sé si comiendo, estando allí, llevando más alimentos, subiendo fotos, etc. Simplemente vayan, es genial ver como acciones como esta nos convoca a todos, haciéndonos cuestionar y pensar tantas cosas. Quiero agradecer a Manada Feminista PUCP por el tiempo. Hay que difundir y darle espacio a acciones como estas, que muchas veces quedan invisibilizadas, pero que aportan más que las que siempre se visibilizan.