Esta semana, el Congreso de la República le otorgó la confianza al gabinete presidido por Mirtha Vásquez. Si bien esta podría ser considerada una buena noticia en un contexto normal, la realidad es que no estamos ese contexto. Llevamos buen rato enfrentándonos a momentos de inestabilidad política y económica, esto debido a la incapacidad o zozobra del presidente Castillo para dedicarse a gobernar en aras de la estabilidad del Perú.

Podríamos decir que cada buena obra que el Gobierno realiza con una mano, la borra con la otra casi en automático. Un ejemplo claro de esta realidad se puede observar cuando Castillo decidió aprobar la continuidad de Julio Velarde al mando del BCRP junto con los tres directores escogidos por el Ejecutivo:  Roxana Barrantes, José Távara y Germán Alarco. Si bien esta noticia tuvo un efecto positivo en el tipo de cambio (el dólar bajo de los 4 soles), la alegría solo duro unos días y terminó diluyéndose como azúcar en una taza de café: declaraciones de Pedro Castillo promovían la nacionalización del gas de Camisea bajo el supuesto de que este no llegaba a la mayoría de sus conciudadanos. Aquel momento de euforia solo demuestra que Castillo todavía no ha llegado a interiorizar del todo el peso de su cargo, ya que continúa emulando las típicas declaraciones de un candidato populista que generaron que el dólar volviese a estar por encima de los 4 soles.

Ahora, si analizamos el gabinete presidencial nos podremos encontrar con figuras aceptables tales como Francke en Economía, Torres en Justicia, Maúrtua en Relaciones exteriores, Durand en Mujer y Ortiz en Cultura. Sin embargo, representan un porcentaje muy pobre si los comparamos con la enorme cantidad de ministros impreparados y/o que, en lugar de mejorar su sector, más bien pareciera que buscasen petardearlo por dentro. Tal es el caso del ministro de Educación, Carlos Gallardo, quien, en lugar de preocuparse por el retorno a clases escolares presenciales al 100% para el 2022, parece más empeñado en destruir la meritocracia en formación, contratando de vuelta a aquellos maestros que “jalaron” las pruebas docentes.  Se sabe que dicho sistema necesita mejoras, no obstante, esto no significa que deberían volver aquellos “docentes” que demostraron, no en una, sino en tres oportunidades, no ser aptos para formar parte del sistema educativo.

Lo mismo podríamos decir del ahora exministro Barranzuela, conocido popularmente como el “ministro juergas”. Lo primero que podría decir de este sujeto es que jamás debió ser elegido como ministro para una cartera tan importante como es la del Interior. Puede que los policías se sientan más identificados o hasta reconocidos cuando alguien que formó parte de su institución dirige el ministerio que los comanda administrativamente, pero dudo mucho que les agrade la idea de que alguien con más de 130 sanciones y que nunca pudo ascender a más allá del rango de mayor sea quien los comande. Lo peor de todo fue la calidad de las excusas que brindó para el día en que decidió desobedecerse y hacer una fiesta en su casa.

Por último, pero no menos importante, tenemos al ministro de Transportes y Comunicaciones: Juan Silva. Este señor ya se había hecho famoso en el pasado por haber mencionado que era necesario hacer cambios en el canal del Estado, ya que funcionaba como un enemigo, al informar de la manera más imparcial posible. Pero esto no es lo peor que ha hecho: (además de ser gerente de una empresa de transporte y tener dos multas al conducir una minivan) en lo que se entiende como un claro conflicto de intereses, esta semana ha decidido tirarse abajo toda la reforma de transportes. Esto después de reunirse con miembros del rubro de transportistas, quienes pedían la cabeza de la superintendenta de transportes y la de la autoridad del Transporte Urbano. Sin sangre en la cara, el nombrado ministro hizo lo solicitado con la única finalidad de evitar una huelga. Si es que este señor tuviese algo de sentido común, sabría que llegar a un acuerdo no significa someterse y aceptar cada una de las propuestas de dichos representantes sin más, sino que es necesario discutir y buscar llegar a ese famoso punto medio sin dejar de lado la reforma que ya estaba en marcha. Pero bueno, supongo que no se le puede pedir peras al olmo.

Podríamos decir que este Gobierno tiene buenos elementos dentro del nuevo gabinete ministerial. Lamentablemente, como ya hemos visto, los malos elementos presentes dentro del mismo eclipsan casi en su totalidad cada una de las acciones que realizan estos primeros buenos elementos. Ya lo diría uno de los padres de la sociología, Max Weber: es necesario que un Estado tenga sus bases en un sistema que favorezca al mérito mientras brinda continuidad a las reformas que le benefician. Ojalá la premier tome cartas en el asunto y consiga deshacerse de los malos elementos dentro del equipo a su mando. Solo nos queda esperar, deseando que la presidencia de Pedro Castillo no termine en un choque estrepitoso.