Estamos en pleno siglo XXI: muchísimas cosas han cambiado a lo largo de la historia; sin embargo, algunas otras cosas aún permanecen. Quedan algunas de estas, pues, como hilos conductores, como puntos de conexión entre una etapa de la historia y otra. Quedan, en su carácter pura y, sobre todo, naturalmente permanente, actitudes hacia el mundo, ideas, ritos, tradiciones. Desde hace pocos siglos atrás, la prensa se ha masificado y ha logrado, mediante un proceso largo y lleno de imprecisiones, variaciones, decisiones, estar fuertemente presente y ser libre. Claro, esto no pasa en todas partes. Y he ahí la tradición.

El ejemplo a poner a continuación de esta tradición que además tiene un nexo con “lo autoritario” es el de Turquía. Muchos presidentes tienen sus formas de lograr que los medios de comunicación no sean un estorbo o que, más bien, sean productivos para sus gobiernos: puedes permitir la creación indiscriminada de periódicos chicha, puedes poner tu propio periódico que sea el de control hegemónico de la información o, más simple y comúnmente, puedes mandar a callar el ruidoso periódico independiente que te estorba. Eso es, miren ustedes, lo que está pasando en Turquía ahorita. En Turquía, de a pocos, según varias agencias internacionales de noticias, la prensa está siendo censurada con métodos directos e indirectos. La tradición autoritaria está consiguiendo desestabilizar la libertad de prensa porque puede resultar dañina para la imagen del soberano. El periodismo vuelve a luchar, ahora, en otra parte del mundo, en contra de su más grande enemigo: el silencio. El silencio, como ya alguna vez he dicho y, muy posiblemente escuchado, impuesto se convierte velozmente en un ruido tan estridente y tan amplio que repentinamente sale de nuevo el grito de libertad y el pedido de eliminación de censura. Quizá sea esta una concepción algo a lo “filosofía de la historia”, a saber de una predestinación que terminará por crear, una vez más, al menos en un sitio en particular, una sensación y necesidad de libertad que, finalmente, la otorgarán.

Lo último que he dicho me trae un recuerdo plenamente reciente a la cabeza: la visita de Joe Sacco al Perú para el Hay Festival Arequipa. Entre las muchas celebridades que han venido al Perú (a Arequipa más específicamente), esta me llama más la atención y me sirve mucho para esta entrada. Joe Sacco es famoso alrededor del mundo por su peculiar forma de hacer periodismo: él hace periodismo al estilo cómic. Es un periodista gráfico de aquellos que investigan, analizan, preguntan, entrevistan y, luego, dibujan y publican para llegar al lector de una manera más íntima en la que este pueda empezar a redefinir su concepción no solo de lo que lee sino también de lo que ve reflejado en los dibujos. Ha escrito sobre Palestina, sobre la Primera Guerra Mundial, sobre problemas bélicos en Europa del Este, entre otros problema. Este periodismo alternativo, que es fuerte, que choca, que duele ver, si se quiere, es la presentación perfecta de que, no importa cuán autoritario sea un gobernador de un Estado en particular, la verdad llega e impacta. Pareciera un fenómeno o una reacción natural de la historia de la humanidad aplicada al periodismo. Tan fuerte y desastroso suena la ausencia de voz periodística que las imágenes, externas al control de la nación, claro está, son objeto de reflexión y de incentivo para cualquier tipo de ayuda.

Joe Sacco, periodista gráfico, o Riszard Kapuściński, periodista que vivía el problema del que hablaba tanto, como los famosos relacionados al periodismo gonzo, etcétera, nos pueden servir de paradigma para hacer saber que, aunque se trate de ocultar la verdad, esta saldrá a la luz. Esta verdad cogerá luego muchas interpretaciones. Estas interpretaciones querrán ser censuradas. Las censurarán. Y el ciclo se volverá a repetir. El buen periodista debe tener, finalmente, en cuenta que, así como su trabajo es de servicio, no está solo. Solo un requisito debe cumplir: luego de haberse informado hasta las últimas circunstancias, queda aproximarse a la verdad objetiva e independientemente.

Esta entrada vuelve a ser una reflexión para mí mismo, futuro periodista, y espero que para ustedes, público en general.