“Tempestad en los Andes” (2014) es un documental dirigido por el sueco Mikael Winström y filmado en las provincias de Ayacucho, Apurímac, Huancavelica y Lima. La protagonista es la ciudadana sueca Josefine Augusta Ekerman, sobrina de Augusta La Torre, quien fuera una de las fundadoras de Sendero Luminoso y primera esposa de Abimael Guzmán. Para Josefine, este viaje desde su natal Estocolmo tiene como objetivo descubrir la verdadera historia de la participación de su familia en la época más violenta del Perú y, así,  encontrar las respuestas a las preguntas que su padre se niega responder sobre su tía Augusta.

De esta manera, Winström propone la historia de una chica que, a pesar de no vivir en Perú, tiene interés en conocer los testimonios de los familiares de las víctimas que cobró la revolución que su propia familia impulsó a finales de la década del setenta. Este es el caso de la familia de Flor Gonzales, quienes perdieron a Claudio (hermano de Flor) en la masacre de El Frotón; y que, además de compartir sus perturbaciones respecto a los verdaderos motivos que llevaron al asesinato de Claudio, podrán encontrar algo de justicia al final del documental cuando se les notifica legalmente que Claudio no formó parte del grupo terrorista.

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La primera escena tiene un valor muy significativo en el relato de la historia de Josefine. Los primeros planos en las fotografías de la unión matrimonial entre su tía Augusta y Abimael hacen que  reviva los cuestionamientos contra su familia por haber sido participes de una revolución sangrienta de la que, indirectamente, también se siente culpable. Asimismo,  la foto, en la que aparece apenas con dos años de edad en una marcha del Partido Comunista, da la sensación de que al observarla genera un reproche hacia su padre por no contarle la historia verdadera de Sendero Luminoso.

El Documental muestra los lugares exactos en que campesinos inocentes perdieron la vida en manos de la agrupación terrorista y, en otros casos, de las Fuerzas Armadas. En los paisajes que cubre la vista de la ciudad de Huanta, en Ayacucho, aún se puede apreciar los rastros de la violencia que oprimió a las comunidades campesinas que vivían principalmente de la agricultura en los años ochenta. Los encuadres cerrados de los testigos de las masacres transmiten el dolor que significa –hasta ahora- perder a un familiar; también de los embates de la difícil vida que estas comunidades deben llevar para poder sobrevivir.

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Un aspecto importante en el desarrollo del documental es la voz en off de Josefine. Ella va narrando lo sucedido en cada lugar enfocado por la cámara. Evidentemente, existe un deseo en el director de crear una percepción en el espectador, diferenciando el sentimiento de dolor de la familia de Flor y la intención de Josefine por encontrar respuestas. Ésta voz, al margen de ser una especie de guía, se convierte en la reflexión de la protagonista al escuchar las experiencias de los campesinos afectados por la violencia.

La música es otro de los elementos muy bien utilizado por la producción del documental. En algunos casos ha sido tomada como fondo de la voz en off de las conversaciones que tenían  Josefine y la familia Gonzales con los deudos de las víctimas del terrorismo. En otros,  las pistas musicales fueron una forma de representación típica de cada lugar que visitaban las protagonistas.

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Claramente, se puede apreciar la intención de reconocer a través de su música, su comida y sus actividades diarias a estos pobladores que fueron los más perjudicados en el episodio más nefasto y sangriento del Perú. Particularmente, es la primera vez que observo un contacto tan cercano para recoger testimonios vivos de los que vivieron las masacres más dolorosas en nuestra historia.

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Es, sin duda, el contacto directo con los afectados lo que genera más impresiones en el espectador. Esto se debe a que fueron conversaciones que traían al presente recuerdos que significaban marcas imborrables para los entrevistados y, por lo tanto, dejaban visibles sus más sinceros sentimientos al hablar de manera espontánea con los protagonistas. El hecho de ser conversaciones naturales y, en su mayoría, libres de un libreto o de un guion convierte al documental en altamente emotivo y sincero.

Personalmente creo que “Tempestad en los Andes” abre el camino a una posible reconciliación entre las partes afectadas -como lo fue la familia Gonzales- y los responsables -como lo fueron los familiares de Josefine-, ya que, en su momento, Flor, a pesar de su reticencia al contacto con Josefine, se da cuenta que ambas se necesitan mutuamente para responder a las inquietudes que dejó la época del terrorismo en sus vidas.