Alrededor de la vida de William Shakespeare se tejen mil interrogantes cuyas respuestas han permanecido escondidas de la humanidad durante siglos, y que incluso luego de hallarlas, solo dieron lugar a otras mil interrogantes más. A pesar de haber dejado al momento de su muerte más de cuarenta obras, entre tragedias, comedias, dramas históricos y demás, los datos que se tienen de su vida son meros trazos y confusiones, suposiciones, leyendas, datos sin confirmar. ¿Quién fue William Shakespeare? ¿No podría este haber sido un seudónimo, utilizado por alguien que necesitaba ocultarse de algo o alguien más? ¿Por qué hay tantos vacíos en su historia?

Estas cuestiones resultan tan atractivas para historiadores, analistas y todo lector de Shakespeare, porque detrás de ellas también nos resulta difícil creer que un hombre de la Inglaterra del siglo XVI cuya existencia es casi enteramente una conjetura, es el autor de tantas obras, tan complejas y maravillosamente humanas, que hayan podido permanecer en la memoria del mundo durante más de cuatro siglos. En ellas se encarnizan las más diversas situaciones que nosotros, como seres tanto emocionales como racionales, estamos condenados a sufrir; lo curioso es que el diálogo tan detallado y tan característico de Shakespeare parece hablarnos en cada ocasión desde adentro, como si nosotros mismos hubiésemos alguna vez pronunciado las palabras que Shakespeare puso en nobles, reyes y plebeyos por igual. Vivencias que están tan dentro de ellos, personajes lejanos y desconocidos en nuestros días, como dentro de nuestro pasado y nuestro presente. Las obras de Shakespeare ayudan a (re)conocerse a uno mismo como ser humano.

Un cuento para el invierno, obra que el legendario dramaturgo inglés debió haber escrito alrededor del año 1610, fue estrenada el día sábado 12 de setiembre en el Teatro del Centro Cultural Británico de Miraflores. Dirigida por Alberto Ísola, actor y director con vasta experiencia en obras de Shakespeare, la obra cuenta con un elenco excelente y con magníficos recursos de producción. Esta obra narra la historia de Leontes, rey de Sicilia (Leonardo Torres Vilar) y Políxenes, rey de Bohemia (Miguel Iza), quienes son muy amigos desde la infancia y cuya relación se ve terriblemente afectada cuando Leontes comienza a sospechar que su esposa, Hermiona (Alejandra Guerra), ha cometido adulterio con aquel a quien considera su hermano. Es por ello que ordena a Camilo, su fiel vasallo (Alfonso Dibós), darle muerte de inmediato. La desobediencia de Camilo ocasiona que Leontes sospeche de traición y de un complot para asesinarlo. De esta forma inicia una cruel comedia que nos habla sobre el daño que podemos causar a los seres que amamos por nuestro egoísmo, y de la fina línea que existe entre el amor y el odio.

Esta pieza teatral, de dos horas de duración con un intermedio de diez minutos, denota un cuidadoso trabajo de análisis con cada uno de los actores en cuanto a la construcción de los personajes, ya sean personajes menores o centrales. Tal trabajo es lo que exige una obra de Shakespeare, en la que los personajes vacían sus pensamientos en el diálogo, lo cual convierte en un auténtico reto el análisis de los personajes a través del texto. Sin embargo, considero que en ciertos momentos de la obra que precisaban de una mayor fuerza o tensión quedaron un poco livianos y llevaderos. Hubiera sido más interesante, por ejemplo, ver una mayor fuerza en la escena en la que se juzga a Hermiona, esposa de Leontes, por sus pecados y crímenes contra su esposo.

Esta propuesta de Alberto Ísola, profesor de nuestra casa de estudios, ha contado con una producción increíble y digna de las mejores obras del Centro Cultural Británico. Recursos audiovisuales de gran poder, acompañado de una elaborada escenografía y de un adecuado y bien medido juego de luces, son de gran utilidad al momento de llevar al espectador a través de los vaivenes situacionales y emocionales que plantea Shakespeare antes, durante y luego de cada cambio de escena. Adicionalmente, incluye en el montaje segmentos interesantes de expresión corporal acompañados de música contemporánea que dejan en el espectador una sensación única de confusión, pero que a pesar de ello logra transmitir el mensaje y empalmarse con el proceder más clásico de la obra.

Mi recomendación: Es una obra que vale la pena ver. Es un montaje que arriesga, que propone con audacia la inclusión de elementos contemporáneos para complementar el sentido de la obra, y que evidencia un intenso proceso de aprendizaje, de análisis y de exploración. Adicionalmente a ello, Shakespeare simplemente habla de la vida de una forma tan fascinante que resulta difícil no sentir la conexión con los personajes tan diversos que propone; ya sea de una manera personal, o de forma que podemos identificar en la obra situaciones sociales con las que estamos familiarizados. La obra va hasta el 14 de diciembre. ¡No se la pierdan!