Actualmente, la mayoría de los escritores peruanos se limitan a abordar temas relacionados a la violencia política del país o Lima “La Gris”. Sin embargo, Dany Salvatierra nos presenta, a través de sus obras, propuestas que atraviesan esos límites temáticos.

Dany Salvatierra, quien se formó profesionalmente en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima, donde se especializó en Realización de Cine, ha escrito y publicado, a lo largo de su carrera artística, tres libros: “Terapia en grupo” (2010), “El síndrome de Berlín” (2012) -ganadora de los premios Luces como mejor obra de ficción del año-, y “Eléctrico ardor” (2014).

En la siguiente entrevista, Dany Salvatierra nos cuenta acerca de sus inicios literarios, las variadas influencias que ha tenido y tiene, así como su nuevo proyecto, el cual se estrenará próximamente.

¿Cómo comenzó su vocación por la literatura?
Antes de empezar a escribir fui un ávido lector, pues me lo inculcaron mis padres, y combiné ambas actividades desde muy niño. Ya en el la primaria escribía cuentos, a veces por vocación y a veces para presentarlos a concursos literarios, en los cuales no llegué a ganar ningún premio. En la secundaria, mis compañeros de clase me pagaban para que les hiciera resúmenes de las obras que nos mandaban a leer en clase de literatura. Así ellos se ahorraban de leer y yo ganaba dinero para comprar más libros.

¡Buena estrategia en la secundaria! Y, entre las obras que leía durante su formación escolar, ¿hubo alguna que lo conectó más a profundidad con el mundo literario o fueron sus prácticas de escritura las que lo guiaron en el camino?
Por esa época disfrutaba más de los libros que de la escritura en sí. Mi novela favorita de toda la vida la leí por recomendación de mi madre antes de leerla en clase de literatura: “Cien años de soledad”, que fue la que más me influyó estilísticamente, y me impulsó a buscar más obras del mismo autor. Otro libro que disfruté en el colegio fue “Aves sin nido” de Clorinda Matto de Turner, quien para mí es una suerte de Edith Wharton nacional, por el tema de la mirada femenina a la lucha de clases y el coqueteo con el melodrama. Sin embargo, en tercero de secundaria un gran libro llegó a mis manos: “Salón de belleza” de Mario Bellatin, que no estaba en la currícula. Me impresionó su rareza y su brevedad, cada frase mínima tenía el calibre de un mazazo en la cabeza.

Justamente leí que en su obra “El síndrome de Berlín” se manifiesta la historia generacional que propone García Márquez en Cien años de soledad, ¿cierto? Respecto a su estilo, como comenta, existe una influencia por parte de García Márquez. ¿Cree que su carrera ligada al cine influencia también en la forma cómo le da vida a una historia?
Definitivamente. Mi acercamiento a la literatura es más cinematográfico que estilístico o académico, creo que antes de considerarme escritor me considero lector, y para mí es esencial que una novela posea una buena historia atrapante, con buen ritmo, giros de trama. Las novelas que son pura verborrea de estilo o que no te cuentan una historia específica, no me interesan en lo personal. En el caso de “Berlín”, es acertada tu apreciación. Esa novela fue mi primer intento de escribir literatura, incluso mucho antes de “Terapia de grupo”, que salió primero al mercado. “Berlín” fue una escuela de auto-enseñanza más que un intento de novela. Incluso el colega Alexis Iparraguirre, quien fue el que editó la novela, me pidió que reescribiera algunos párrafos en los que la influencia de García Márquez era bastante obvia. Pero soy consciente de que todo escritor empieza su carrera tratando de dejar claras sus influencias y sus héroes literarios. Además, la herencia del cine es omnipresente en todo lo que escribo hasta la fecha. A la hora de escribir, pienso en planos de cámara, ángulos, los puntos de vista de los personajes, la iluminación de las habitaciones, los objetos que aparecen delante de otros, el desenfoque, la atmósfera.

Claro, es casi imposible no imitar o acercarse al estilo literario que uno admira. Por ello, tras lo que ha mencionado, me pregunto lo siguiente: ¿tiene siempre en mente a algún autor antes de comenzar a escribir un nuevo proyecto, o le da preferencia a una temática?
Pues, cuando comienzo a escribir un nuevo proyecto, no tengo en mente a un solo autor, sino a varios, ya que ando constantemente leyendo nuevos autores y novelas. Prefiero leer literatura contemporánea para encontrar nuevas influencias o descubrir los temas de actualidad que les interesen a los lectores. De momento, ando obsesionado con el tema de la tecnología y las distopías del futuro, y también con el tema de la justicia social, racial y de género, que suscita tantos comentarios de la gente en internet. Chuck Palahniuk, otro de los autores que solían gustarme (por los temas exagerados que aborda, mas no por su modo de escribir), este año hizo un gran retorno con su nueva novela que trata precisamente de eso: un futuro distópico. Aquello también me hizo descubrir a dos autoras importantes que no conocía: Margaret Atwood y Ursula K. Le Guin.

¡Qué genial conocer esta nueva literatura! Normalmente, los autores suelen quedarse con aquellos del Boom o los clásicos de la historia. ¿Qué opina de ello? Por otro lado, respecto a la construcción de personajes, ¿a partir de qué premisas construye a sus personajes? ¿Tiene alguna enumeración de características que tienen que tener sí o sí, o se influencian según la temática?
Yo creo que un autor debe balancear sus lecturas, porque hay que leer tanto a los clásicos como a los modernos, y yo pongo especial énfasis en leer autores contemporáneos. Uno puede saber fácilmente qué está leyendo un autor en base a su obra. Si un autor continúa repitiéndose a sí mismo, volviendo a abordar tópicos ya explorados antes, es porque sigue enfrascado en sus lecturas clásicas sin animarse a explorar más allá. Aquello se nota en especial en el Perú, donde se sigue escribiendo sobre la violencia política de los años ochenta. En cuanto a los personajes, yo los concibo a partir de mí mismo o de personas que he conocido. Eso los hace más reales. Más que enumerar características, lo esencial a la hora de crear a un personaje es su motivación, su modo de actuar. Hay algunas novelas en donde te cuentan la vida de un personaje y de pronto, hacia la mitad del libro, terminan actuando de un modo opuesto, y a la larga resulta falso. Por más que un personaje pueda evolucionar su forma de pensar, se debe preservar también la génesis de su psiquis, de su personalidad, aquello que lo motiva a hacer tal o cual cosa. Eso el autor lo debe tener clarísimo, para no traicionar al lector.

Entiendo esa tarea que tiene que tener un autor de innovar acerca de la realidad actual, ya que todo cambia y eso (una novedad a partir del cambio) interesa a los lectores. Con respecto a sus temáticas elegidas en sus obras (apocalipsis, pederastia y perversión) al ser tópicos fuertes y tabúes en la literatura latinoamericana contemporánea, específicamente, la peruana, ¿cómo fueron recibidas por los lectores y los críticos?
Me sorprende que los lectores hayan sido los menos ofendidos por mis obras. Tengo la fortuna de escuchar comentarios positivos cada vez que participo en alguna conferencia, mesa o presentación. Suele acercarse gente de todas las edades y me quedo conversando hasta el cierre, o hasta que nos botan de una sala. El comentario que me hacen más a menudo es: “¿cómo se te ocurrió escribir sobre eso?”. Creo que lo que más les llama la atención ha sido el modo directo y sin tapujos en que he abordado temas incómodos, y que los haya contado de una manera que les ha parecido cercana, fácil de identificarse con los personajes. Una señora de la edad de mi abuela me dijo, después de leer Eléctrico ardor: “me emocioné mucho con Prudencio, quería que fuera feliz, que todo le salga bien, y luego recordé que era un monstruo”. Yo creo que es producto del cuidado que pongo a la hora de crear los personajes, de mi obsesión por hacerlos parecer reales, terriblemente ofensivos, pero con sentimientos como cualquier otra persona. Algunos críticos, en cambio, no lo han tomado igual. Quizá les resulta difícil comprender un autor que no está obsesionado con el Boom, con la violencia política, con Roberto Bolaño, y ahí te das cuenta de ellos también necesitan leer autores nuevos, cambiar sus referencias. Felizmente, un sector de la crítica valoró mis obras y fue por eso que pude aparecer en diversas antologías de autores peruanos.

Justamente la pregunta que quería hacerle respecto a los temas: ¿cómo se le ocurrió escribir sobre eso? ¿Como una innovación o como una rebelación ante lo clásico?¿Los cuentos que escribía de pequeño también tenían ese carácter?
Es una pregunta difícil, pero yo veo esos temas como una extensión exagerada del melodrama. Los cuentos que escribí de niño eran bastante vivenciales, anecdóticos, y no tenían nada que ver con lo que escribo ahora. Sin embargo, desde siempre me llamaron la atención los pasajes más oscuros de las obras clásicas. Por ejemplo, en “Cien años de soledad”, me preguntaba por qué el coronel Aureliano Buendía se había casado con una niña de trece años, por qué José Arcadio podía hacer proezas de circo con su “masculinidad hiper desarrollada”, y cosas por el estilo que, luego de leerlas, se las iba preguntando a mi madre. Ella ponía una cara muy incómoda y no me respondía. Yo pensaba en los libros que ella tenía en su mesa de noche y que me impedía leer, novelas como “El amante de Lady Chatterley” o “El valle de las muñecas”. Fue esa incomodidad y esa curiosidad por descubrir lo incorrecto lo que me llevó a desarrollar los temas que abordo.

¡Qué increíble! Creo que lo común es que el autor copie la temática de una época tal como es y describirla -sin investigar más allá de lo que se presenta-, por lo que creo que la mayoría de la narrativa peruana es respecto a la urbe y problemas cotidianos (obviamente, con clara referencia a la violencia política y al Boom).
He visto que tiene un nuevo proyecto ¿Sobre qué trata?, si es que me podría revelar esa información. ¿Seguirá una línea de investigación e interés por el misterio o será algo completamente distinto?
Sí, tengo un nuevo proyecto, una novela que he estado escribiendo durante los últimos cuatro años. Parte de mi labor como escritor me plantea una serie de retos personales, entre los cuales está la regla de no repetirme a mí mismo, escribir algo muy distinto a lo anterior. Terminé un primer borrador de esa novela hace 2 años, pero no me gustaba, soy muy autocrítico y esa es una de mis mayores debilidades. Entonces reescribí el manuscrito y me tomó otros dos años llegar a la versión final. Es una novela acerca de las telenovelas, más específicamente, las antimemorias de una actriz de telenovelas. De niño tuve una obsesión por el melodrama latinoamericano, el pastiche, el folletín, las revistas del corazón. En este proyecto también he mantenido mi interés por el misterio y el thriller, que eran géneros ya desarrollados en “Eléctrico ardor”. Esta nueva novela va sobre una actriz de los años ochenta que de pronto descubre un complot internacional en el cual estaba metida sin saberlo, y a la vez existe un vínculo con su madre muerta, quien había sido su manager y con la cual había tenido una relación problemática, asfixiante y autodestructiva.

Me encanta esa trama compleja que propone. ¿Cuándo se publicará? ¿También tiene influencia de García Márquez respecto al estilo? (Aunque creo que esto último es inconsciente muchas veces cuando tenemos una referencia tan precisa) ¿En qué basa esa autocrítica suya? ¿Bajo qué aspectos juzga su obra?
Pues al parecer la novela saldrá a comienzos del próximo año, porque seguimos en etapa de edición y ya no llegamos a la FIL de este año. El estilo dista de ser García Márquez, he tratado de canalizar mis influencias y brindar una narración más seca y directa, que fuera de acuerdo con el testimonio en primera persona de una mujer, lo cual es dificilísimo, porque hasta la fecha mis protagonistas siempre habían sido hombres, y mi mayor preocupación fue que sonara creíble. De allí viene la autocrítica, de crear una historia lo suficientemente convincente para el lector. La trama posee muchos giros y me preocupaba que sonaran verídicos. Mi obra la juzgo en base a otras obras que leo y de repente pienso “esto no funciona”. Si una novela pierde conexión con la realidad, pierde también empatía.

Claro, la verosimilitud en una novela es importante. Una última pregunta: ¿cuál sería su recomendación para los futuros escritores y aquellos que se están sumergiendo recién en el mundo literario?
Mi única recomendación es que lean, lean demasiado, y que sigan leyendo. A veces una persona puede tener muchísimas historias que contar, pero el problema es el medio, es decir, el lenguaje, la forma de contarlas. Antes de ser escritor hay que aprender a ser lector y no conformarse, formularse una autocrítica. A veces, cuando leo algún texto, me queda claro que fue la primera versión y que no hubo revisión, ni edición, y que se conformaron con el borrador o con sus ideas iniciales. La literatura requiere compromiso, empeño, obsesión, desesperación. Yo, en lo personal, he sufrido con ello, y puedo dar fe que un trabajo no está terminado hasta que no se te vaya la vida entera en el manuscrito, lo cual puede sonar un poco sadomasoquista, pero lo es, y es una lección esencial que he aprendido en estos diez años que han pasado desde que decidí que debía sentarme a escribir.

¡Gran consejo! Muchísimas gracias por el tiempo y por aceptar esta pequeña entrevista. Le deseo muchos éxitos en lo que será su próximo proyecto. Un placer poder conversar con usted.
Las gracias te las tengo que dar yo a ti por haber pensado en entrevistarme, y te agradezco también por el interés en mi obra.