El sábado por la noche quise ver una película para distraerme; así que prendí el televisor, puse Netflix y casi al azar comencé a revisar. Quería algo distinto a lo de siempre, un nombre llamo mi atención: Botas audaces para pies diferentes. Esta historia me enganchó desde el inicio. Un joven llamado Charlie Price, hijo de Harold Price, un británico dueño de una fabrica de zapatos, se encuentra en una situación bastante complicada. Ha terminado de estudiar y quiere salir de Northampton, el pueblo donde nació, y aunque ha sido criado desde niño para suceder a su padre, prefiere estudiar mercadotecnia y alejarse de esta responsabilidad. Ahora está comprometido y se va para comenzar una nueva vida.

Pero esto se ve interrumpido.

De un momento a otro, su padre muere y se ve obligado a regresar y tomar el mando de la fábrica. Completamente inseguro y torpe, intenta hacer su mejor esfuerzo para que la fabrica funcione con normalidad; sin embargo, para complicar más la situación, descubre que la fábrica prácticamente está en quiebra. Viaja a Londres en busca de algún tipo de solución al problema, pero la modernidad lo ha dejado fuera de competencia en el mercado. Antes de regresar a Northampton, en un callejón observa que un grupo de muchachos están acosando a una mujer y sin dudar: interviene. Intenta defenderla y en medio de toda la pelea termina en el suelo desmayado.

Cuando despierta, se encuentra en un lugar distinto, y la mujer que intentó rescatar se encuentra ahí, pero esta vez un tanto diferente. Esta mujer era un hombre, un drag queen.

Bueno, para quienes deseen verla, no voy a arruinar el final, pero si quiero escribir sobre lo que aprendí de esta película.

TÚ Y YO NO SOMOS TAN DIFERENTES.

A veces creemos que el no encajar en la sociedad que vivimos o en la que nos criaron es una particularidad de algunos. A veces me he cruzado con algunas personas LGTBQ y me he preguntando por qué se complican la vida. La respuesta es simple: todos nos la complicamos. Pero, ¡¿POR QUÉ?! Porque no podemos ocultar nuestra naturaleza. Y me parece más valiente la persona que no se esconde, quien sabe quién es y lo defiende ante los demás. Todos tenemos temores y lo que esta película te enseña es dejar de ver al “otro” como una persona fuera del conjunto al que tú sientes pertenecer. No necesitas tener una orientación distinta a la clásica que nos suelen enseñar para sentirte diferente a los demás. ¿Nosotros deberíamos hacernos la vida más simple entre todos, no creen? Sin embargo, la hacemos más difícil.

Debemos agradecerle eso a nuestros prejuicios, un ser humano no es LA ORIENTACIÓN SEXUAL O EL ESTILO DE VIDA QUE ELIGE, un ser humano es más complejo que eso. Yo no me considero solo una mujer que se siente atraída por los hombres y que se quiere dedicar a la antropología. Me considero más compleja que eso. Soy un ser humano que le encanta escuchar música, cantar, bailar, leer, conversar con mis amigos, disfrutar una buena película. Tengo objetivos y metas que quiero alcanzar, soy terca, tengo miles de alegrías y tristezas, y a veces, perdón, varias veces, cometo muchos errores. Yo soy un conjunto de cosas y creo que cada uno de nosotros lo somos.

Esta película me recuerda que la tolerancia y la comprensión aporta más a este mundo que los prejuicios y el egoísmo. Con este post no quiero cambiar el pensamiento de quienes lo lean. Para nada, créanme. Mi verdadero objetivo es impulsar a que intentemos ver con otra perspectiva a las personas que nos rodean y que hagamos de nuestra sociedad algo mejor: donde cada uno pueda hacer lo que le guste hacer y hacer que el otro se sienta más cómodo con el mundo que lo rodea, porque de esa forma yo también me siento más feliz de lo que hago para los demás.

El mundo no es solo de una persona o de un grupo de personas. Y si de verdad observamos con detenimiento, podemos encontrar más cosas en común con otros de lo que quizá creamos tener.

Mi recomendación final: vean la película. ¡Y gracias por leer!