Si el escenario político fuese una infección, la fiebre más crítica ya habría pasado. Si para Kuczynski el ambiente ya estaba contaminado y hasta podrido, pienso que el virus lo invadió desde la no tan lejana confesión de Barata, que involucró a casi todos los políticos de relevancia nacional como Alan García, Keiko Fujimori, Toledo, Humala, y que terminó comprometiéndolo fatalmente.

Si el propósito del ex presidente después de su participación en el hemiciclo acompañado del Dr. Borea durante el primer intento de vacancia, fue mostrarse como una persona digna de enfrentar cualquier acusación e ir hasta la última y más drástica prueba con tal de demostrar su honorabilidad e inocencia, pues en casi nada le ayudó tomar la pésima decisión de indultar a Alberto Fujimori. No porque esté bien o mal su indulto, ya que esta conclusión sería parte de una discusión diferente, sino porque hacerlo días después del intento de vacancia, suena a que estratégicamente habría sido un balazo en la sien. Pero no fue así.

Hasta entonces, Kuczynski y su entorno político (los que restaron en el Parlamento y el gabinete ministerial) podían excusarse con argumentos jurídicos como la facultad constitucional del presidente para otorgar el indulto, además de apelar al concepto de “indulto humanitario”. Incluso cuando el congresista Arana planteó una nueva moción de vacancia, nadie, o mejor dicho, todos los analistas políticos tomaban esta propuesta de forma cómica. Para nada la consideraron en serio y hasta lo tildaron de oportunista. Al mismo tiempo, en el Congreso no había parlamentario que lo apoyase, exceptuando a los de su propia bancada. En otras palabras, Kuczynski, a pesar del indulto, había obtenido su segunda vida.

Así, golpeado, pero aún vivo, esperó y seguramente creyó que nada peor podía pasar. Total, un intento de vacancia es tan excepcional que en un mismo periodo de gobierno sería imposible que ocurriese dos veces. Pero fue precisamente ahí cuando Barata fue interrogado por los fiscales y confesó que habría entregado 300 000 dólares para la campaña de Kuczynski. ¿Esta revelación, podía ser considerada como un nuevo elemento de convicción? Por supuesto. Ahora, ¿un nuevo intento de vacancia tendría sentido? La respuesta fue sí.

Qué otra cosa peor le podría esperar, ya no a Kuczynski, sino al país. Habíamos recién salido de la mayor crisis política que había tenido en país en casi dos décadas, y nuevamente entramos al mismo escenario, y ahora con más posibilidad de que el entonces presidente sí haya sido parte de la red delictiva de Odebrecht. Nada peor podía ocurrir. Al menos eso creí. Lo posterior a la aprobación del debate y voto con respecto a la vacancia, habría sido solo esperar que pasen los días mientras Kuczynski y el Dr. Borea preparaban una nueva estrategia de defensa. Al menos la política ya se movería entorno a la vacancia (solo quedaba esperar el 22 de marzo), y efectivamente eso estaba ocurriendo. Por un lado el nuevo bando (o ahora banda) de Kenji Fujimori y por otro, Fuerza Popular desprendían más polvo del suelo que otros temas políticos.

El nuevo y efímero tema sería la reserva moral de los Fujimori concentrada en la figura de Kenji. Este supo muy bien crear una imagen renovada del Fujimorismo. Por qué seguir relacionando ese apellido con retrógrado, despotismo, corrupción. Qué ausencia de derechos tenía esa familia para poder reivindicarse. Creo que ninguna. Toda esta responsabilidad había recaído sobre Kenji, y señalo que honesto o no, no lo estaba haciendo mal. Supo vender una nueva figura, que incluso hizo trastabillar a ciertos izquierdistas.

Con todo esto encima surgió la noticia de que Kenji formaría un nuevo partido político. Se llamaría “Cambio 21”. Al menos por el lado de este Fujimori todo caminaría bien. Creímos que nada peor podía pasar. Creí que la sana espera del jueves 22 sería lo único que se tenía que soportar. Pero desgraciados nosotros, supimos más. Por la tarde del mismo día que Kenji avisó sobre su nuevo partido se revelaron videos donde se mostraban evidentes actos desleales, intentos bajos y groseros de querer comprar el voto (o ausencia) en contra de la vacancia del congresista puneño Moisés Mamani. Los implicados fueron nada menos que los más cercanos compañeros de Kenji y el mismo Kenji Fujimori.

Los videos y su contenido son de más conocido por el público y seguramente por el lector que no lo detallaré en este artículo. Pero sí debo decir que tampoco creo y creo que nadie cree que el congresista Mamani haya actuado en pro de la transparencia y que debamos aplaudir su “acto de valentía”. Todo lo contrario, este señor, que claramente no tenía idea de lo que leía cuando se presentaron los videos, no fue más que un títere de los que realmente mueven Fuerza Popular. Además, quién se prestaría para tales actos, o peor… quién no sería capaz de notar que lo están utilizando. Por donde se vea no hay manera de mostrarlo como un hombre valiente ni honesto.

Todo lo que se vio en esos videos, todos los actores sin excepción, todo lo conversado, todo fue la cúspide de la infección. El hombre infectado tenía que perecer, y sabía que así sería. Kuczynski, muerto en vida, optó por adelantarse al virus e inducirse la muerte. En la tarde del miércoles 21 todos los salones de la Facultad de Derecho de la PUCP transmitieron en vivo las últimas palabras del presidente. Aún se llamaba inocente.

Esta historia no termina con la muerte. El cuerpo tiene que ser paseado aún por plazas para que quede como precedente qué hechos similares no pueden ni deben volver a ocurrir. Uno de esos lugares es el Sistema de Justicia, y aunque se nos enseñó que al muerto no se le patea, las reglas del Derecho son claras y en teoría iguales para todos. La fiscalía ya presentó una solicitud de impedimento de salida contra el ex presidente Kuczynski. Ahora tenemos que esperar lo que determine el Poder Judicial, y seguir observando cómo concluye esta trágica historia.