A las 4:00 pm, las actividades a las afueras del Estadio Nacional se incrementaron. Las camisetas estampadas, las banderas y los pines recorrían el perímetro de “la casa de la selección” apresuradamente, pues los fanáticos de Radiohead -uno de los grupos más importantes de las últimas décadas- se levantaron del cemento al percatarse que las puertas del estadio se abrían.

 

Luego de un agitado ingreso, comenzó a sentirse la apresurada emoción en los primeros en llegar. Fue Mundaka la encargada de aperturar la experiencia del Soundhearts Festival a las 5:30 pm con un sonido cercano al surf rock. Y cuando los colores del cielo se disiparon, Junun, el proyecto alternativo de Jonny Greenwood, se adueñó del escenario con un peculiar ensamble de percusión proveniente del medio oriente. Sus canciones hipnotizaron a un Estadio Nacional que comenzaba a llenarse y que coreó -o tarareó- los últimos versos en un idioma de India. Pero la antesala tenía preparada un invitado más de lujo, Flying Lotus. El DJ preparó un magnífico juego de luces y un viaje musical desenfrenado acompañado por gráficos en tercera dimensión. Luego de 45 minutos y de un mar de palmas, el estadio reclamó a los protagonistas.

 

Pronto el sueño se haría realidad. A las 9:00 pm, los 6 británicos aparecieron en medio de la oscuridad y las primeras melodías -que se mezclaban con los eufóricos gritos de los 30 mil asistentes- proclamaban el inicio de un concierto memorable con “Daydreaming”. Un melancólico comienzo acompañado con el unísono de un público que esperó toda su vida para ver a los músicos. Y, además, comienzo que marcaba un proceso incierto, pues la banda tiene acostumbrado no repetir sus repertorios. Sin embargo, para deleite de los fans, Radiohead tenía preparado un set-list que recorrería, principalmente, dos de sus discos más aclamados, “In Rainbows” y “Ok Computer”.

 

Es imposible señalar el “momento cumbre” de un concierto cargado de tantas emociones, pero es preciso decir que fue una sorpresa ver a Jonny acomodarse en su xilófono en “No Surprises”. En complicidad con el público, Yorke y las almas presentes entonaron un íntimo suplicio de tranquilidad que demoró 21 años en concretarse. Otros momentos memorables de la primera parte son las interpretaciones de “Nude” -con un campo tambaleándose de derecha a izquierda sincronizadamente- y el clásico “Street Spirit”.

 

Luego de un breve descanso, la banda regresó y Tom se reencontró con su guitarra acústica para conmover -y hasta hacer llorar- a una audiencia totalmente entregada con “Fake Plastic Trees”. A esto le siguieron temas como “There There” y “Exit Music (For a Film)” antes de su último encore. Encore que predecía las últimas canciones de la noche.

La banda volvió a aparecer con Ed vistiendo la camiseta de la selección, palabras de agradecimiento y, para sorpresa de muchos, con uno de los himnos de los 90’s: Creep. Un estadio más unido que nunca en esa noche entonó cada palabra de la canción, pero aún no era el final. Continuaron con “Paranoid Android” -considerado por muchos como el Bohemian Rhapsody de los noventa- y cerraron con la emblemática “Karma Police”. Y ante miles de aplausos y gritos de agradecimiento, la banda se despidió del escenario y dejó un recuerdo imborrable en la memoria de los fanáticos.