Editor: Miguel Prado

Alguna vez leí que trabajando en equipo se consiguen grandes triunfos ya que esto estimula la creatividad, aumenta la motivación y la eficiencia, y mejora la comunicación. Sin embargo, ¿qué sucede cuando te das cuenta de que aun trabajando en equipo, existen situaciones en las cuales obtienes un efecto contrario del esperado?

Hace cuatro meses inició una de las etapas más bonitas de mi carrera universitaria. Entre toda la ansiedad, estrés y caos de mi vida, me topé con un nuevo grupo maravilloso de realización. De aquellos que si bien no conocía detalladamente a todos sus integrantes, poseía una cualidad que el mundo parece estar perdiendo progresivamente día tras día: la empatía.

Al comienzo parecía que todos éramos muy distintos en cuanto a gustos e intereses, hasta que, a través de una larga conversación que mantuvimos, llegamos a la conclusión de que, como comunicadores audiovisuales que somos, queríamos realizar un programa nuevo y refrescante para una audiencia juvenil que esté interesada en el mundo del K-Pop. Y, así fue. Como resultado de un mes de pre-producción, logramos lanzar en vivo nuestro primer programa, llamado “Estación Geek”, a inicios de julio del 2019.

La experiencia fue única y, a pesar de nuestros tropiezos, todos nos volvimos unidos. Estábamos todos para todos. Si uno caía, el otro lo levantaba. Siempre con nuestras frases motivadoras y nuestras “urras” grupales para darnos esa palmadita en el hombro que a veces nos hacían falta. Así, aunque al principio nos hicieron creer que nuestro producto final no había superado las expectativas, todos estábamos convencidos de lo contrario. Mantuvimos la cabeza en alto, con los brazos abiertos y las caras empapadas.

Pasó el tiempo, llegó un nuevo ciclo y decidí llevar mis siguientes cursos con las personas con quienes más me relacioné en mi grupo anterior. Quería tener más noches y amanecidas con Melanie y Angie, mi mejor team de arte. Quería seguir grabando con Vanessa, porque grabar con ella significaba un apoyo moral incondicional. Y, aunque con Álvaro nunca desarrollé una amistad fuerte, él venía con la promoción del tres por dos de Angie y Vanessa. El resto de chicos como Cristina, Daniela, Ítalo, Rafael, Nathalie y Camila, tomaron rumbos diferentes.

El ciclo inició y, por cuestiones llamémosles inesperadas, nuestro plan de trabajar en grupo se disolvió debido a la docente del curso. Este suceso ocasionó que cada uno de nosotros se vea en la obligación de migrar a nuevos territorios, lo cual a su vez significó un pase directo para enfrentarnos a ciertos cuadros de estrés fuertes.

Se supone que se crean equipos para poder repartirse las cargas de los trabajos entre todos los miembros, sin embargo, algo que he ido entendiendo a través de mis diversas experiencias, una cosa es crear un equipo y otra muy diferente es crear un entorno cálido donde se pueda trabajar en equipo. Inevitablemente, un grupo no logra funcionar si es que ese ambiente de trabajo no demuestra tener cierto rango de compatibilidad y efectividad.

Existen diversas maneras de definir qué es el trabajo en equipo; particularmente, me gustaría definirlo como lo describen los franceses: “l’esprit de corps“. Esto refiere a que el trabajo en equipo es lo que mantiene unido a un grupo, y esa unión que se crea proporciona fortaleza y confianza. Todos los miembros conforman una unidad, un todo. No obstante, ¿qué sucede cuando algunos de los integrantes comienzan a perder la confianza en uno de sus compañeros de trabajo? ¡Todo se va al regadero!

Como se podrá inferir, uno de los integrantes de mi equipo cometió un error significativo que fragmentó al grupo a falta de un consenso. Esto me ha dejado un par de reflexiones valiosas; a veces uno no entiende por qué una persona, a pesar de sus elecciones de vida y sus posibles inseguridades, elige tomar decisiones equivocadas e irrespetuosas no solo consigo mismo, sino con aquellos que le rodean. No alcanzo a comprender qué pudo haber pasado por la cabeza de esta persona para que escoja, sin coacción alguna, la elección que ahora la ha sentenciado, figurativamente, a una muerte lenta. Sé que todos podemos cometer errores, pero, a veces, hay ciertas equivocaciones que algunos no logran perdonar.

Por mi parte, yo no me he cerrado con nadie. Aún no logro entender muy bien la situación, pero lo que más tarde aprendí es que una vez que pierdes la confianza de alguien es muy difícil recuperarla, y peor aun cuando se tratan de trabajos grupales. No obstante, estas circunstancias no tienen que significar la decadencia total del grupo.

A Cristina Lara, no Claudia, por siempre leerme y sugerirme la idea de escribir este artículo.