Buenas noches lectores, sé que me he ausentado por un buen tiempo y la verdad no tengo excusas que proporcionarles. Sin embargo, me gustaría comentarles que no me encuentro muy bien de salud. Los cambios de clima me han jugado una mala pasada, mis ánimos y mis defensas solo duran las horas de mis clases y, por ello, se me ha hecho imposible ir al teatro. No podía dejarlos en la misma nada otra vez así que, gracias a una de mis excelentes amigas de la universidad, puedo hacerles llegar una crítica de esta obra que me apetecía mucho ver.

“Todos eran mis hijos”, es una obra que está siendo puesta en escena por el Teatro Británico. La verdad, no estoy segura si esta ha sido la última semana o recién está entrando a la última, pero -sin duda- es una obra que vale la pena ser vista. La obra gira en torno a una familia que oculta una verdad y continúa su vida como si nada. Esta familia vive en las circunstancias de una guerra con la que se desatan problemas y se cierran algunas historias. Para entender la obra, diremos que el patriarca de esta familia había sido investigado y enviado a la cárcel -aunque no se sabe con exactitud si en verdad llegó a pisarla- y luego, tras unos sucesos, fue absuelto. El problema por el que se originó esta confusión era que él tenia una empresa y se entera mediante la llamada de un amigo dentro de la misma que los productos estaban dañados -tenían rajaduras o algo así-. Al recibir esta noticia, el patriarca no supo cómo arreglarlo y se lavo las manos diciendo que estaba enfermo y que no podía ir a la empresa para arreglar el problema. Pidió que de todas maneras enviaran los productos, estos productos servían para los aviones de la guerra. Se investigó el hecho, pero en el juicio el patriarca negó los cargos y argumentó que todo fue realizado por su compañero en un momento de desesperación y así fue como su compañero fue a la cárcel y él no.

Este compañero es el padre de la novia del hijo del patriarca. Como ya expliqué, se libraba una guerra y por eso la mayoría de los jóvenes iban a la misma, y los hijos del patriarca no fueron la excepción. Uno de sus hijos vuelve pero el que estaba comprometido no lo hace. Todos tienen la esperanza de que vuelva a pesar de los años que pasan, sobretodo la madre. La novia se enamora del hermano que retornó y tienen planes de casarse; eso hace que la novia vaya a casa del patriarca. A raíz de esta llegada empiezan los problemas. Luego, importantes revelaciones cambian el curso de la acción en la obra.

Esta obra evidencia que de las mentiras nunca resulta nada bueno y que -aunque suene cliché- estas tienen patas cortas. En una obra donde las mentiras juegan un papel importante y donde no se sabe hasta qué punto lo que se dice y lo que se intuye es verdad, cuando es momento de que las verdades salgan a la luz, se da un punto de quiebre para todos en el teatro dejando a todos con una sensación amarga en la boca.

Recomendada 100 %.