Alguna vez he oído, en una canción, que “todo tiene su final” y que “nada dura para siempre”, pienso que es cierto. Hoy en día puedo decir, agregando, que todo tiene su comienzo, pues, en tiempos de tanto dinamismo, no es raro que todo comience (y termine en cortos intervalos). Esta serie de escritos -los míos- también tiene hoy su comienzo y el conjunto de palabras/oraciones de hoy es, de todos modos, la materialización de ese mismo inicio. Ahora bien, ¿cuál es el porqué de este inicio? La respuesta es simple: “Porque escribir es una forma de hacer arte y el arte es, evidentemente, una de las herramientas más grandes para que el humano (y algunos otros animales como, por ejemplo, elefantes que pintan) deje una huella en la historia”. Y, quizá, dejar una huella sea la solución a evitar el olvido que tan fuerte y poderoso se hace con el simple hecho de que las ocurrencias hoy se caracterizan por la brevedad.

Aparte de ser una herramienta, escribir también llega a significar un servicio para hacer, saber y hacer dar cuenta de cosas que suceden, periodísticamente hablando, todos los días en formas de noticias y que aparecen en todo el mundo. Estas dos dimensiones del escribir que he reconocido a lo largo del tiempo me llegan a incitar e inspirar, constantemente, para plasmar a forma de discurso textual, lo que está en mi cabeza; a saber, me significa una forma de dejar una huella de quién fui en el mundo y, quizá más enriquecedoramente, una forma de ayudar al mundo a que obtenga un cambio positivo en la medida de lo posible. Siento que es necesario contar los motivos de la escritura, ya que estos sinceran al escritor y al lector en relaciones próximas, lo cual es el fin de cada texto. Siento, también, inagotable alegría de comenzar a poder compartir, de vez en cuando, mis puntos de vista y mis esfuerzos por reportar cosas objetivas (no es fácil, pero es posible y necesario).

En esta pequeña entrada introductoria, me apetecería compartir, también, de qué irá mi trabajo futuro: de lo internacional, sin ninguna duda. ¿Por qué? Porque apenas interesa y porque es importante saber, mínimo a grandes rasgos, en qué contexto mayor se encuentra nuestro país. ¿Cómo así? Alguna vez oí que, para entender los procesos de una propia nación, es totalmente menester ver todo desde una perspectiva internacional: uno sabe solo de su cultura cuando sabe de las otras y ahí radica la importancia de mis próximos escritos, ya que trataré de dar un enfoque relacionado a nuestra realidad/actualidad social, de acercarnos en conjunto al panorama de lo internacional, de enseñar y, sobre todo, de aprender. Así, pues, se termina el comienzo de esta serie de oraciones y palabras que, con el tiempo, irán agarrando un sentido o, quizá, siendo optimistas, más de uno.