Colaboración de Soledad Castillo Jara

Esta vez escribiré acerca de dos películas: una con ocho nominaciones al Oscar y otra que, a mi modo de ver, entra en la lista de los grandes ausentes de este año. The Imitation Game y la cinta animada Giovanni’s Island abordan el tema de la guerra siguiendo el hilo conductor de las vidas particulares de los protagonistas y con un estilo parecido al de la trilogía de novelas The Century. Ambas giran en torno a la Segunda Guerra Mundial, pero se enfocan en países que difícilmente podrían ser más distintos: Reino Unido en el punto de inflexión hacia la victoria aliada y Japón después de rendirse.

 

The Imitation Game pasa por alto la historia familiar de Turing, un aspecto que sí ocupa las páginas de Alan Turing: The Enigma, el libro de Andrew Hodges en el que se basó el guion. En lugar de ello, recorre a través de saltos en el tiempo su época escolar, sus esfuerzos por decodificar las comunicaciones alemanas y su arresto como acusado de “indecencia grave” (homosexualidad). Aunque el film incurre en inexactitudes históricas, presenta un aceptable retrato de la personalidad del matemático. A ello aporta en buena medida la actuación de Benedict Cumberbatch, quien adopta un papel similar al que representó en Sherlock, la serie de la BBC sobre el famoso detective de Baker Street. Una vez más este actor se convierte en el hombre británico serio, más interesado en los acertijos que en el trato con personas y siempre listo para realizar el cálculo de costo-beneficio antes de tomar una decisión. Esta última característica encaja perfectamente con uno de los fines de la película: mostrar cómo la guerra confronta a los hombres con la necesidad de tomar decisiones difíciles.

Una escena importante (aunque no real, según un artículo de The Guardian*) ocurre cuando, una vez descifrado el mecanismo de la máquina alemana Enigma, el equipo de Turing se entera de que ocurrirá un ataque contra un barco británico. La primera reacción es coger el teléfono para llamar al almirante y pedir que se impida el ataque. Sin embargo, Turing detiene al hombre que intentaba hacer eso. Impedir el ataque llevaría a los alemanes a sospechar que sus comunicaciones han sido descifradas; ello haría que cambien la configuración de Enigma y todo el esfuerzo de los criptógrafos habría sido en vano. La solución que propone Turing es pasar por alto ciertos ataques e impedir otros según las probabilidades de que el impedimento no sea sospechoso para el ejército nazi. Hasta el momento, ello parece solo una decisión bien calculada, un acto de ver la gran figura o pensar en el futuro antes que en el presente. Esta apreciación cambia cuando uno de los miembros del equipo de Turing confiesa que su hermano mayor viajaba en el barco. En términos simples y más crudos, lo que está proponiendo Turing es cambiar unas vidas británicas por otras, salvar a algunos y dejar morir a otros sin ningún criterio de elección más que la estadística. Esa es la guerra tal como la presenta este film: un momento en el que la seguridad del país y los secretos militares tienen la prioridad suprema; las vidas que se pierden y las familias que por ello sufren son el costo.

Con el trabajo de Turing se perdieron varias vidas; pero se salvaron muchas más al acortar la duración de la guerra por aproximadamente dos años. Además de ello, la máquina que creó para descifrar Enigma ocupa un lugar importante en los estudios posteriores sobre inteligencia artificial. Los aportes de las personas, la actitud de la sociedad frente a ellos y los prejuicios son temas abordados en este film y el resultado es también bastante duro, no solo en lo referente a Turing sino también a su compañera de trabajo Joan Clarke. Ella se presenta habiendo resuelto el crucigrama pedido y lista para competir por un puesto en el equipo. Sin embargo, no la reciben bien. El hombre en la puerta le indica que no debe estar allí porque el lugar de las secretarias es el segundo piso; se muestra sorprendido cuando ella dice que no es secretaria sino candidata y no puede creer que ella haya resuelto el crucigrama sola. Turing interviene y la hace pasar a la sala en una de las escenas que mejor ilustran una cita de Graham Moore repetida a lo largo del film: “Sometimes it is the people whom no one imagines anything of who do the things that no one can imagine”. Ella, una de esas personas de las que nadie imaginaba que podía hacer algo importante, resuelve el siguiente examen en menos del tiempo previsto y es admitida por Turing. Es una trabajadora ingeniosa y aporta al equipo; pero los prejuicios acerca del rol de la mujer no la abandonan en el film. Su familia desea que ella se case. Entonces Turing, a pesar de su orientación homosexual, le pide matrimonio y la considera su prometida para que ella pueda continuar con el trabajo que tanto le interesa. El arresto de Turing, la pena de castración química que le imponen y el fin de su vida son también escenas que llevan a la reflexión. Turing descifró las comunicaciones del enemigo, ayudó a acortar la guerra y, más allá de lo militar, aportó a la ciencia. Sin embargo, al gobierno británico de entonces le pareció que su “indecencia” opacaba su contribución. Tuvieron que pasar cincuenta y nueve años para que se le otorgara el perdón real póstumo. Las escenas finales transmiten mejor que las palabras esta idea:

 

Giovanni’s Island no se ocupa de una persona famosa como Turing, sino de niños. Debido a ello no está centrada en una historia personal, sino más bien familiar. Los hermanos Junpei y Kanta –que llevan estos nombres en alusión a Giovanni y Campanella, personajes de Night on the Galactic Railroad- ven alterada su vida cotidiana por la rendición de su país y la ocupación soviética. Tienen un padre que lidera la defensa de la pequeña isla en la que viven y un tío que por las noches roba provisiones de barcos soviéticos. Los mayores están de acuerdo en que la URSS es el enemigo, pues han visto a los soldados alterar el orden y ocupar por la fuerza las casas de los pobladores (la misma familia de Junpei y Kanta ha tenido que ceder los grandes salones de su casa a una familia soviética y conformarse con un cuarto pequeño para vivir). Sin embargo, en la mente de los niños, esta enemistad va cediendo desde el momento en que deben compartir la escuela con sus pares soviéticos. Naturalmente, los salones de clase están separados; pero se ubican uno al lado de otro.

Historia Japonesa es una materia prohibida en vista de la ocupación, así que la profesora Sawako usa ese tiempo como clase de música. Los niños japoneses cantan piezas tradicionales de su país mientras que en el salón de al lado los soviéticos hacen lo mismo con la famosa Katyusha. Al principio, cada grupo de niños canta más fuerte para superar al otro y pone en el canto tanta energía que es imposible no recordar aquella escena de Casablanca en que compiten La Marsellesa y Die Wacht am Rhein (incluso la voz en ruso de Polina Ilyushenko –que representa a la niña soviética Tanya- se eleva por un momento tan claramente sobre las demás como la de Madeleine LeBeau en Casablanca). Pasan los días y las clases de música se repiten, siempre a la misma hora para ambos grupos. Los pequeños no tardan en aprenderse las letras de la canción contraria y allí ocurre una de las escenas más memorables de esta película: la cámara se desliza de un salón a otro mientras niños japoneses y soviéticos cantan juntos las músicas de los dos países.

Parte del drama del film es ocuparse de un tema tan delicado como la amistad en tiempos de guerra. Otra bella escena ocurre al regresar a la casa que antes fue de los hermanos. La familia de Tanya la ha ordenado de un modo que sorprende a Junpei y Kanta. Lo que antes fueron sus habitaciones es ahora una típica casa rusa. En la familia de Tanya se come con cubiertos y se baila, lo cual es extraño a la realidad de los niños japoneses. Por un tiempo, Junpei, Kanta y Tanya salen juntos y, a pesar de la diferencia de idioma, aprenden unos de otros. Sin embargo, su relación cambia cuando el padre de ellos es atrapado por militares soviéticos. Junpei acusa a Tanya de haber contado un secreto que no debía y su despedida ocurre en malos términos. No se vuelven a ver hasta que los hermanos están siendo llevados hacia la URSS junto con otros pobladores de la isla. Pero para ese momento ya no pueden hablar porque el barco ya está dejando atrás el puerto.

Junpei, Kanta, su tío Hideo y la señorita Sawako llegan a su destino; pero vivir allí no es fácil, no solo por el clima frío sino también por el sufrimiento de los niños al no ver a su padre. Kanta, el más joven de ellos, está enfermo; pero eso no le impide seguir a Junpei en un plan para buscar a su padre en el campo de prisioneros. Ambos escapan solos para emprender ese viaje y, aun cuando son encontrados, convencen a su tío y a la profesora para que no los obliguen a volver al refugio. Es Año Nuevo cuando se reúnen finalmente con su padre y he aquí otra de las particularidades de esta película: los protagonistas pasan el Año Nuevo ruso (una celebración que para la cultura eslava es de tal importancia y alegría como la Navidad para nosotros) en un campo de prisioneros de Siberia, preocupándose por ocultarse de los soldados para no poner en peligro sus vidas y sin poder dedicarle al padre de los niños el tiempo que merecería una reunión así. Solo pueden darle la mano a través del cerco de púas y el padre se hiere el rostro al estirarse para alcanzar al pequeño Kanta. Este último muere en el viaje de regreso a Japón y la escena inmediatamente anterior es otra memorable.

A lo largo del film, él y Junpei soñaban en varias ocasiones con el tren de Night on the Galactic Railroad, un medio de transporte que los llevaría por las estrellas a cualquier lugar al que quisiesen ir. En los últimos momentos, ambos vuelven a imaginar esa situación y Junpei trata de animar a su hermano con la historia. Incluso, cuando llegan, Junpei le sigue contando el cuento para que los soldados crean que está vivo y no tiren su cuerpo como habían hecho con los familiares muertos de otros pasajeros. Visualmente, el contraste entre los distintos tonos de azul del fondo es también un buen recurso para evocar la inmensidad del universo y los trazos de blanco con los que se delinea las figuras de la imaginación de los niños son igualmente bellos.

Las escenas finales incluyen dentro de sí el espíritu de la integración. Cincuenta años más tarde, Junpei asiste a la ceremonia de graduación de la escuela en la que estudió, en la misma isla donde vivió con su familia y donde conoció a Tanya. El cartel de bienvenida está en japonés y en ruso; los invitados son también de ambas nacionalidades. Sin embargo, aun en este momento feliz se deslizan recuerdos tristes y la idea de haber perdido un tiempo de la propia vida a causa de la guerra. La tumba de Kanta está también en la isla y, en el baile, una niña que solo habla ruso se acerca a Junpei para entregarle el cuaderno en el que, años atrás, había dibujado el retrato de Tanya. La niña es nieta de Tanya; su madre actúa como traductora y da a entender que Tanya ha fallecido el año anterior deseando volver a ver a Junpei. La guerra y sus consecuencias impidieron este encuentro. Para terminar, incluiré aquí la escena del baile final, unos minutos intensos tanto en contenido como visualmente y un buen representante de la ingeniosa alternancia de idiomas que se presenta a lo largo del film:

 

*KERMODE, Mark The Imitation Game review – an engrossing and poignant thriller
http://www.theguardian.com/film/2014/nov/16/the-imitation-game-review-engrossing-thriller-benedict-cumberbatch