¡Y se acabó el ciclo! Ahora la pregunta bomba que puede retumbar en varias cabezas es … ¿y ahora qué procede? Es algo que no me he cuestionado durante la mitad ciclo. Venía anhelando que sea 11 de diciembre para acabar con toda la presión que apretaba mis pulmones con mucha gracia. Ahora que ya pasó el día anhelado, qué se supone que debo hacer conmigo o con mi vida. La respuesta aún no lo tengo clara, pero mientras iba cuestionándome se me vino a la mente esta loca de idea de hacer una versión de “Thank u, next” teniendo en consideración todo lo que ha venido aconteciéndome en este duro ciclo. Sin más preámbulos, ¡empecemos!

Pensé que acabaría con un buen 2018-2, 
pero no hicimos un buen match.
Escribí algunos mensajes sobre mi medicación, 
ahora los veo y me río. 
Sí que perdí mi dignidad con algunos (docentes). 
En cuanto a cursos, 
estoy tan agradecida con Mauricio (Véliz/ RAV).
Ojalá pudiera darle las gracias a Gésell (Vargas/ RAV), 
porque él era un “ángel”.


Como lo vengo diciendo desde hace MUCHOOOO tiempo, no fue un buen ciclo. Problemas, problemas… y más problemas. Siempre he tenido altibajos, pero este ciclo se lleva el primer lugar. Lo cierto es que hasta aquí llegó el ritual de enfados y tristezas estúpidas. Estoy a dos días de desaparecer al grupo más tóxico de mi piel. He tenido demasiadas horas en vela y muchas cosas qué decir-les. ¡TERAPIAS MAL LLEVADAS! Pero, ¡STOP! Ya no tengo ganas ni energías para seguir continuando el show ni de seguir fingiéndolo. Ahora quiero ser el espectador, aquel que tira sus palabras al tomar un taxi y le dan mil premios por haber escrito un guion tan masoquista y morboso como el mío. Lleno de medicaciones y medios viajes que callaron a gritos cuando intentaba decir que quería dejar de dar vueltas en el carrusel. 

Definitivamente, ahora releo mis capítulos y me río con ironía: “¡Vaya, que chiquilla tan tonta! Confiar así, sus más oscuros miedos, en personas que tienen por corazón una piedra pintada de colores acuarelables”. En fin, cada uno aprende de sus errores y horrores, ¿no?

¿Por qué los agradecimientos infinitos a Mauricio Véliz? Pues, fue el primero que desistió en firmar mi carta de suicidio. Decidió aligerar, de forma inconsciente, mi peso de crisis existenciales y no solo ello, sino también de procesos de medicación. Por este motivo, mis agradecimientos nunca bastaran para él. Como docente, era de aquellos que andan atentos a sus correos para absolver las dudas de sus alumnos. Siempre presto a brindar el apoyo necesario a quien se lo pida. Cuando podía saltaba como un conejillo de indias a nuestras grabaciones, sea donde sea que estuviéramos grabando o editando. ¡Siempre al día! Y no solo con nosotros, sino también con sus jefes de prácticas. A veces, sus ocurrentes comentarios creaban un drama dentro de mi grupo del curso que nos hacía explotar de risa tanto entre los miembros de la agrupación y nuestro jefe de práctica. ¡Imposible olvidarlo! ¡Gracias por ello, Mauricio! Por haberme hecho creer y sentir en algún momento que aún tenía escondida esa pasión por mi carrera audiovisual.

Ahora bien, de Gésell Vargas (GV) tengo tanto que contar. Si lo recuerdan bien, le dediqué un artículo hace varias semanas a pedido de él: Tips de cómo decepcionar a tu jefe de prácticas en unos minutos. En realidad, él solo es el ángel audiovisual. ¿Por qué? Pues siempre empujaba nuestra rueda de crisis existenciales y de ejecuciones con todo el equipo de producción. Es de esos tipos que deja todo en la cancha, patea la pelota con nosotros y si caes, te desahueva a gritos y te alienta con humor. ¿Qué más puedes pedir? ¡Es un ofertón! Si eres audiovisual y aún no llevas el curso de RAV ni VÍDEO 2, te invito a conocerlo. Créeme, no te arrepentirás.

Como dije en la letra del remake de la canción que he escrito: “Ojalá pudiera darle las gracias…” ¡Ojalá! Vaya que lo he intentado hasta con una confesión de más: ¡Eres el mejor jefe de práctica que he tenido! Quizás crean que estoy un poco loca por haberlo soltado sin remedio alguno, pero te hago una pregunta, ¿por qué callarlo si ya tienen un lazo de amistad y laboral? ¿No cuenta como un halago o cumplido hacia su trabajo? Lo único que he logrado con esto es un: “Chibolo, no me hagas reír”. Esto se debe a que en realidad no me cree, pues piensa que ese trono lo ocupa uno de sus compañeros y mi actual jefe de prácticas también: Erick Nazario. ¡PERO NO! No es así…

Sigamos:

Uno me enseñó el amor (Adrián Ménendez/ Radio 1)
Uno me enseñó sobre la paciencia (Héctor Plasencia/ Edición)
Uno me enseñó sobre el dolor (Rocío Trigoso/ TIP)
Oh, ha sido asombroso,
porque he ganado y he perdido,
pero no es todo lo que yo veo ahora.
Mira, mira lo que tengo,
mira lo que me ha enseñado,
y por eso, yo digo:

Adrián Menéndez: Realmente tengo muy pocas anécdotas con él, pero todas muy buenas y muy gratas de recordar. Mi agitado horario universitario y el cruce de mis grabaciones y ediciones de vídeo hicieron que la mayor parte de sus clases contarán con mi ausencia o tardanzas. ¿No les ha sucedido que a veces no quieren llevar un curso porque saben que no son buenos en la materia -es su talón de Aquiles- pero lamentablemente deben hacerlo porque la malla curricular se los exige? Pues, eso fue lo que me pasó a mi con su curso de Radio 1. Siempre me he considerado un cero a la izquierda en audio, al oír que debía llevar el curso quería huir como rata, pero definitivamente mi malla no me lo permitió. Cogió sutilmente mi cola de roedor y me posicionó en el Z407 todos los miércoles de 2:00 a 4:00 pm. Cómo olvidarlo si su curso funcionaba como un antiestrés. Él siempre puntual recibiéndote con una gran sonrisa que te contagiaba y borraba tus días grises. Como docente, siempre estaba presto a apoyarte no solo académicamente, sino también de manera amigable. A veces solía acercarse a nuestros horarios de práctica y se quedaba minutos conversando con nosotros sobre nuestro progreso en la materia y sus anécdotas del día. A pesar de que el tiempo de su reloj estuviera corriendo en su contra, no nos dejaba si se lo pedíamos. ¡Un amor de persona! Aquella que me enseñó a amar un curso en el que yo ya me daba totalmente por perdida.

Cuando hablo de Héctor Plasencia, mis emociones saltan y se desbordan. Y es que este tipo ha logrado estirar mi paciencia de una manera tan grandiosa. He tenido varios, pero varios problemas que a veces se notaban con solo mirarme un segundo. Nunca me preguntó qué me pasaba y cada vez que renegaba con la maldita máquina de la sala de Edición, siempre estaba ahí con ese tonito de voz esperanzador diciendo: “Tranquila, ahora lo solucionamos”. ¡Y lo solucionaba! A veces demoraba y para que no sienta el peso del tiempo, me hacía el habla, me contaba anécdotas pequeñas o algunas que otras bromas para reír. Al final de ciclo, como era de esperarse, tuve que hacerle mención de lo que venía escondiendo desde inicios del ciclo: mis medicaciones. Las cosas comenzaron a tornarse peor y no podía quedarme callada y, créanme, este ciclo he conocido un MONTÓN de gente a quienes les hostigan las personas depresivas y estresadas, pero Héctor era diferente. Si alguna vez han sufrido de ello, deben saber que el rechazo y la baja autoestima se vuelven el confidente de uno. Bueno, como les decía, Héctor no era así, su enorme paciencia hacia mí hizo que valorara su curso y este también se volvió una de las materias más lindas de mi carrera. Creo que él hizo, en la medida posible, que el peso del curso se aligerara. ¡Ojo! No digo que me facilitara las cosas, sino que intentaba que este curso no se me vuelva tan estresante como los otros, es decir, que Edición sea mi curso antiestrés dónde pueda sentirme como un pez en el agua.

De Trigoso no tengo mucho que decir: docente de calidad y temida por varios. Amada y odiada a lo Henry Spencer o algún otro youtuber que genere este choque de emociones contradictorias. Supongo que ustedes también habrán tenido un docente así… Quizás, tipo Villanueva o Bustamente, no lo sé. Con ella podría decir que he ganado un montón. He ganado un bagaje de conocimientos demasiado rico y a la vez he ganado mucho dolor, depresión, estrés, ansiedad, éxtasis, sobredosis, etc. Ahora que tengo la cabeza más calmada puedo decir que todo lo que he podido perder y ganar es una mierda asombrosa que ha repercutido en mi personalidad de hoy y que en estos momentos estoy tratando de perfilar. Los agradecimientos hacia ella están presentes aunque no lo crean. Y es que en realidad ella no tuvo la culpa de mi mala suerte: tener un grupo en ámbar y el proceso de mi descomposición tanto físico y mental. El problema no fue el curso ni ella sino mi grupo y el período en el que decidí llevarlo. Después de todo solo me queda decir que el dolor fue jodidamente asombroso…

Gracias, siguiente -siguiente- (x3),
Estoy tan jodidamente agradecida con mis docentes.
Gracias, siguiente -siguiente- (x3).
Estoy tan jodidamente agradecida con mis jps.

Gracias, siguiente -siguiente- (x3).

Paso más tiempo con mis amigos (Programación),
no me preocupo por nada,
además, conocí a alguien,
estamos teniendo mejores discusiones (debates).
Sé que dicen que paso página demasiado rápido,
pero esta vez va a durar,
porque su nombre es Jagus
y estoy tan a gusto con eso,
tan a gusto con eso.

Mi curso de Programación no tiene significado alguno para mí a excepción del grupo que tenía. No aprendí nada y le doy todos los agradecimientos a TIP. Durante las clases solo me pasaba haciendo los avances de Nazario: mi cuerpo estaba presente en el salón, pero mis sentidos enfocados siempre en la misma cosa… TALLER DE IMAGEN PUBLICITARIA. Ante todo esto, creo que la buena suerte aún quería sonreírme, pues mi grupo de Programación lo conformaban dos grandes amigas mías (Nathalie C. y Patricia C.) y Renzo C. Se hizo pasable el curso porque el grupo no era malo ni tampoco tan bueno, cada uno de nosotros sabíamos qué roles nos tocaba por hacer y avanzábamos como hormiguitas todos los avances un día antes. Como era evidente, Nathalie y Patricia no estuvieron presentes en mi vida solo por ese curso sino en todos los que podían, a pesar de no estar llevando la materia aún (en RAV, Radio y TIP). Si eso no es amor ni de amigos, díganme qué es. Tal vez, yo fui la mala amiga con ellas, arrastrándolas a mi abismo… No sé cuántas noches me habrán escuchado llorar y hablar de TIP, TIP y TIP, y no es que este curso sea un terror, es todo lo contrario, como me lo decía Paty, es un bello curso… y se vuelve perfecto si tienes un grupo con punche y compromiso. 

Uno me enseñó sobre principios -principios-, (Gabriela Ramos/ Radio)
Uno me enseñó sobre respeto -respeto-, (Alberto Ibarra/ Programación)
Aprendí a manejar el dolor -dolor-.
Esta mierda es asombrosa -sí, ella es asombrosa-.
He ganado y he perdido,
pero no es eso lo que veo yo ahora…
Solo mira lo que he encontrado,
no me hace falta buscar,
y por eso, yo digo:

Ramos se volvió mi conciencia durante todo el ciclo diciéndome que primero soy yo, luego soy yo y por tercera vez yo. ¿Egocentrismo? Pues no, al final tenía sentido lo que venía reclamándome todo el maldito ciclo. Era más una cuestión de respeto hacia mi persona y de principios. Gabriela renegaba al igual que yo con el menudo grupo de TIP que me manejaba y solía decirme que tenía potencial para dar más en mis cursos pero que no lo hacía porque concentraba toda mi energía en un grupo que ni si quiera valoraba mi esfuerzo ni lo merecía. Reaccioné demasiado tarde, pero lo hice. Es algo que no debo olvidar, ni yo ni ustedes. ¡Háganse respetar!

Bueno, con Ibarra ni sé por dónde empezar ni terminar, porque nunca lo traté. Lo único que puedo rescatar de él es que era respetuoso con cada uno de nosotros, a pesar de que sabía que algunos no le prestábamos atención por “x” motivos, gente como yo. No es el primer curso que lo he cargado así y probablemente ustedes tampoco.

Gracias, siguiente -siguiente- (x3),
Estoy tan jodidamente agradecida con mis docentes.
Gracias, siguiente -siguiente- (x3).
Estoy tan jodidamente agradecida con mis jps.

Gracias, siguiente -siguiente- (x3).

Algún día, caminaré por el pasillo del éxito,
agarrada de la mano de mamá,
dando gracias a papá,
porque gracias a ellos aprendí a crecer alejada del drama.
Solo quiero hacerlo una vez más, con muchísimas ganas,
voy a hacer que esta mierda deje de durar.
Erick (Nazario/ TIP) nunca escondió su bondad y
lo único que le pude brindar son trabajos sin tanto éxito
-sin tanto éxito-.

Ya para cerrar la lista de docentes del 2018-2, quise cerrar con Nazario por un motivo en especial. Conozco a Erick desde hace aproximadamente dos años (¡Vaya que ha pasado el tiempo!). Era un viejo amigo de esos con los cuáles podías hacer chacota y confesarle algunas cosas. Como probablemente tú también podrás tenerlo, si es así… ¡Conservarlo! Y no lo digo por conveniencia ni para sacarle provecho alguno, sino todo lo contrario. A veces suelen ser ellos los que te dan un lapo en la cara para que reacciones y veas las burradas que estás haciendo con tu carrera universitaria. Como verás, algunos docentes solo se dedican a dictar, dictar y dictar sin soltar un consejo alguno porque probablemente no les importe brindártelo. En cambio, si lo tienes como compañero, las cosas cambian. Tampoco te digo que te hagas pata con tu jp en pleno ciclo que te dicta, la idea es generar y crear lazos de amistades cuando se acaba su período de docente y alumno, no de ser un sobón o crearte una imagen de un mendigo que quiere suplicar por notas. Ahora bien, la misma cosa que les comentaba para Trigoso, lo es también para Nazario: el problema no fueron ellos.

Yo venía cargando desde hace un año la mala espina de repetir un docente de 5 estrellas para el dictado de un nuevo curso. Me fue fatal y mis expectativas hacia ese docente se fueron a la regadera. A pesar de ello, no sé por qué, pero algo dentro de mí me empujo a repetir la misma acción pero esta vez con Nazario. NO ME ARREPIENTO. Creo que dio todo lo que pudo a pesar de tener un grupo tan fragmentado como el que le brindamos. Y es una lástima porque yo no pude contribuirle de la misma manera ni devolverle el mismo favor. No estoy contenta con los trabajos que le pude brindar aunque al parecer él si lo está. Si es feliz con ello, bien por él. Por mi parte, me guardo mi decepción y le otorgo el agradecimiento de haberme sacado la mala espina que tenía impregnada por Santiago Carpio hace 12 meses. 

Tengo tanto amor -amor-, (Radio 1)
tengo tanta paciencia -paciencia-, (RAV)
he aprendido del dolor -dolor-, (TIP)
me he vuelto asombrosa -realmente asombrosa-.
He ganado y he perdido,
pero no es eso lo que yo veo ahora.
Mira lo que he encontrado,
no hace falta buscar,
y por eso, yo digo:

Con mi banda de RAV, mi sueño se hizo realidad. Fue el grupo de grabación que había soñado desde que comencé con mis prácticas de carrera. A pesar de contar con un alumno en ámbar, no nos atrasábamos. La paciencia tuvo que volverse mi amiga de vez en cuando, con él sobre todo. No negaré que sí solía renegar por el color que había decidido ser, pero luego se me pasaba porque sabía cómo recompensarlo. Los otros miembros de mi grabación (Carolina C., “la virgen”; Braulio R., “el gil”; Ximena LM., “la dulce”, y Camila V., “…”) eran unos cracks, tanto en pre, pro y post producción. Y por supuesto, también eramos muy buenos para decepcionar a GV, los números 1. No tengo nada que reclamarles a ellos, sino todo lo contrario, llenarlos de corazones por haber sido la mejor parte del ciclo. Una de las cosas positivas del 2018-2, y sí, incluyendo a Marcelo G., “el men”, nuestro alumno en ámbar de Mamarracho producciones.  

Tampoco tuve problemas con mi grupo de Radio, fue un gran equipo porque no había un alumno  ámbar dentro. Era uno de esos que mientras se realizan los trabajos, no podía faltar el humor. Uno lleno de compañerismo y de responsabilidad. Todos preocupados por los avances a entregar y, por qué no decirlo, preocupados también por mi bienestar tanto físico y mental. De ellos aprendí y rescaté cosas lindas como el valorar el trabajo del otro con un simple “gracias”. Aunque les sea un poco difícil de creer, el hecho de que te agradezcan por la labor que estás cumpliendo en tu grupo, por más que haya sido tu deber dentro del trabajo, te alienta a continuar, pues sientes que tu trabajo es valorado. ¡Conmigo funciona! Si es que no me creen, pónganlo a prueba. ¡Gracias por tanto Carlos, Juan, Leo y Melisa!

Finalmente, llegué a la parte final de todo este loquero… Mi grupo de TIP fue odiado no solo por mí, sino por mi grupo de Programación, RAV y Radio. ¡Y no solo ellos! Sino también por algunos que otros docentes. No les contaré exactamente cuáles fueron los problemas que albergaron en esta prisión porque simplemente hay cosas que deben reservarse. Todo lo que me daban mis grupos anteriores, ellos me brindaban lo contrario multiplicado por mil. No sé si alguna vez han tenido un grupo tan tóxico, pero, si lo tienen, ya sea estudiando dentro de la carrera universitaria o laboral, huyan, corran, aléjense… No es bueno. Acabas enfermo(a). Yo acabé así: estresada, cansada, deprimida, con sobredosis, con vértigos, con ideas suicidas, con toda la mierda que puedan imaginarse…

El 11 de diciembre cerraba con ellos. Contaba los días para ese entonces. Hasta agarré un calendario y comencé a remarcar los casilleros numéricos. ¡Ya no aguantaba! Quería que todo esto acabe… Comenzaba a ver al dolor como algo natural y eso estaba mal. Dejé de ser yo, dejé de hacer las cosas que me gustaban, dejé algunas terapias y tratamientos por ellos… por “nuestros” trabajos… ¿Y todo para qué? ¿Para recibir un: “Todo tu esfuerzo se verá reflejado en tu nota”? ¿¡Es enserio!? ¿En serio, creen que una nota vale más que tu salud mental y física? Esto era algo que nunca pensé en su momento. Y creo que se debe a mi terquedad de querer siempre presentar trabajos buenos. A ello, también sumémosle el compromiso y mi impulso de no quedar mal con mi viejo amigo. Al final, creo que terminé haciéndolo aunque Nazario no lo vea así.

Lo único que puedo decir ahora es que solo terminé matándome… No huí cuando tuve la oportunidad porque tenía la ingenua idea de que podría lidiarlo. En parte lo hice, pero me perdí, ahora no sé exactamente quién soy ni en qué me convirtieron. Ahora estoy luchando por encontrarme y, no solo ello, sino también por mi salud. Si aún han tenido la valentía de leerme hasta aquí, créanme que me siento jodidamente bien liberando todo esto. Contándoselo a alguien. ¡Gracias por ello!

Solo para cerrar este círculo de comentarios. Un jefe de práctica me dijo, no diré el nombre, pero si me lee aquí le va mi respuesta: “Tienes que aprender a trabajar con gente así (como mi grupo de TIP) porque también lo verás dentro de tu campo laboral”. Discúlpame, pero no, creo firmemente que sí existen este tipo de personajes tóxicos dentro de una oficina… Primero, no durarían mucho tiempo en una empresa. ¿Por qué? Pues, como me dice mi padre, si la empresa ve que tiene trabajadores deficientes lo primero que hará es ponerlos patitas en la calle. Segundo, y está relacionado con lo primero, yo no tendría porque verme en la obligación de cumplir con los labores de otro trabajador porque se supone que me están contratando para hacer específicamente algo. En el peor de los casos, si es que se llega a dar lo que él me dice, pues no dudaría ni lo pensaría dos veces, dejaría el trabajo. ¿Tonta? Creo que no. No me asusta la idea. Me asustaría más tener que repetir este horroroso capítulo.

En fin, las dos cosas positivas que pude sacar de ese mundito negro fueron el bagaje de conocimientos y el control y manejo del dolor. Dentro de este grupo -mantendré en anonimato los nombres de los integrantes- conocí amigos, pero solo eso… AMIGOS… No compañeros de trabajos. Lo que les vaya a decir ahora es, tal vez, un consejo doloroso para algunos, pero es necesario que lo tengan presente: que alguien sea un gran amigo tuyo no te asegura para nada que podrá ser un buen compañero de trabajo. Y no por ser tu gran amigo significa que tienes que apañarle sus irresponsabilidades. Si de verdad son amigos, coméntale en lo que está fallando y, si aún así, a pesar de la gran incomodidad que le haya podido ocasionar tu comentario, él/ella sigue manteniéndose a tu lado… consérvalo como tal… como un gran amigo…  

Gracias, siguiente -siguiente- (x3),
Estoy tan jodidamente agradecida con mis docentes.
Gracias, siguiente -siguiente- (x3).
Estoy tan jodidamente agradecida con mis jps.

Gracias, siguiente -siguiente- sí…

Así se fue el año, diciéndole a mi ciclo 2018-2: Thank u, next… ¿Y qué me dice el tuyo?