La cinta “A Quiet Place” llega como uno de los grandes estrenos del género terror-thriller del año y ha llegado a generar una gran cantidad de críticas positivas. La buena acogida de la película se debe en sí por su temática fuera de lo común en cintas actuales del género. La película nos narra la historia de una familia que intenta sobrevivir en un mundo que ha sido asolado por criaturas que son atraídas por el sonido. El concepto del silencio ayuda a generar suspenso durante la película siendo este el mayor atractivo debido a que los personajes mismos dejan a un lado el habla dando paso a la expresividad física. La película tal vez no tenga una originalidad propia, pero refresca un género que está acostumbrado a los sustos fáciles sin generar una atmósfera de tensión en primer lugar.

El peso de la historia es cargada en los hombros de los personajes, ya que a través de ellos entendemos el mundo en que viven y logramos empatizar con ellos de manera progresiva. Cada personaje tiene una traba por superar, ya sea una discapacidad o un reto emocional. Los personajes nos muestran su debilidad ante la situación y la necesidad que tienen de superarlos para sobrevivir. Es interesante el juego que se hace con los niños y la aceptación por su padre: el niño se ve obligado a ser el sucesor del padre y la niña el amor del mismo.

La estética de la película es interesante, nos encontramos en un área rural con amplios campos de cultivo que nos da la sensación de aislamiento por lo tanto de la soledad y la precariedad donde los personajes tienen que sobrevivir. La imagen se muestra gris en casi toda la película con saturación del color rojo en ciertas partes donde el peligro acecha más. El sonido cumple al romper con el silencio acompañado de una banda sonora discreta.
En conclusión, tenemos frente a nosotros una gran película de terror que renueva el sentido estético cinematográfico dándole importancia a las actuaciones las cuales resaltan gracias a los gestos sobre las palabras.