Oscars. La fiesta máxima del cine que, a pesar de idas y venidas, sigue vigente. De todas formas, y descontando escándalos y lugares comunes, todavía queda el cine. Razonablemente, necesitamos mencionar algunas de esas producciones que la temporada de premios nos han dejado como regalo. Bien que mal, la resaca de los Oscar se mantiene, lo cual parece ayudarnos a descubrir clásicos instantáneos, pequeñas joyas y muchas historias sorprendentes. Conviene, entonces, revisar algunas de las películas que cambiaron el cine en un año tan extraño, y que, premios o no, se merecen un poco de reconocimiento. Hemos preferido la variedad, a fin de no repetirnos: finalmente el cine son muchas artes comprimidas.

La clásica: Mank, de David Fincher

¿Por qué verla? Un homenaje a la meca del cine, Mank no es ajeno al boom reciente de películas que hablan sobre películas, o más bien, de Hollywood. Sin embargo, Mank no se queda en un homenaje dulzón e ingenuo sobre los grandes nombres de Hollywood, sino que, mediante un chispeante guion y una fastuosa puesta en escena, está dispuesta a provocar a la audiencia con una fidedigna y mordaz crítica a la industria del cine. A través de los ojos de un guionista cualquiera, vemos las disputas de poder, la manipulación conservadora, y la constante necesidad de ego y dominación que subyace en Los Ángeles y EEUU en general. La clave de Mank está en lo encantador de sus protagonistas, lo delicioso de sus diálogos y sus muchas sorpresas en el camino. La recreación del periodo dorado, música jazz y blanco y negro incluidos, da para una experiencia que, si bien puede ser agotadora, se mantiene inmersiva y atrayente. 

¿A qué aspiraba? Por sus proezas visuales, Mank aspiraba a numerosos premios técnicos, buscando llevarse un buen puñado. Al final, el diseño de producción y la fotografía se llevaron galardones. La química entre Oldman y Seyfried es indudable, y la pasión de ambos al recrear sus personajes les dio nominaciones. Fincher también iba a la cabeza, con una mención por su dirección. Lamentablemente, se quedó fuera de la pugna en guion, al ignorarse el picaresco texto de Jack Fincher-. 

La popular: The Trial of the Chicago 7, de Aaron Sorkin

¿Por qué verla? Una película precisa para su tiempo, Chicago 7… es la perfecta demostración de cine popular al servicio de causas loables y progresistas. Bajo la lupa histórica, Aaron Sorkin reconstruye los sucesos que llevaron a numerosos protestantes anti guerra a enfrentarse al sistema judicial estadounidense. Con pulso ágil y directo, un guion plagado de enfrentamientos y momentos inolvidables, y un elenco impresionante, Chicago 7… sabe mantener su tono de denuncia a la par que resulta particularmente entretenida. A pesar de algunas cosillas fuera de lugar -demasiado melodrama, demasiados personajes atestados en un solo film, demasiada caricatura en el villano- no hay dudas de que su poder narrativo es capaz de convencer a cualquiera. Puntos extra a la puesta en escena, que se acerca a la época sin perder su tono fresco y moderno. 

¿A qué aspiraba? Sorkin fue por su segundo Oscar, esta vez desde la sección original. Más allá de eso, vimos cómo no alcanzó su primera nominación como director, en toda una sorpresa. Como buena pieza de época, era probable que rascase alguna mención en apartados técnicos y visuales; su montaje iba por todo lo alto. Y, por supuesto, está el elenco: de entre tantos nombres, Sacha Baron Cohen resultó ser el mejor posicionado con su primera nominación actoral. Aún así, la cuenta fue 0.

La sorpresa: Promising Young Woman, de Emerald Fennell

Por qué verla? Casi sin pensarlo, Promising… arrasó con todas las expectativas al mostrarse como un inquietante y disruptivo thriller con claros tintes feministas. Con un personaje principal en busca de la expiación, Promising es la marcha culposa y lastimera de una mujer en búsqueda de justicia, y la furiosa crítica a un mundo incapacitado para dársela. Poco a poco somos testigos de un intrincado plan de venganza, redención y mentira, elaborado con numerosas vueltas de tuerca de guion, filosos diálogos con mucho por decir y un intoxicante ritmo que es capaz de intimidar a cualquiera. Meticulosamente, persiguiendo a Carey Mulligan y narrando cada parte de su afrenta, la cámara de Fennell se muestra cada vez más innovadora, estéticamente relevante y muy, muy mordaz. Seguramente seguirá dando qué hablar

¿A qué aspira? Carey Mulligan aspiró a su primer Oscar, en lo que es una de las mejores interpretaciones del año: dura, pero vulnerable; vívida, pero marchita; fría, pero lastimera. Además, Fennell ya tiene doblete: nominaciones por guion y dirección, ni menos, con su texto que partía bastante favorito para llevarse el premio a casa, lo que sucedió.

La política: One Night in Miami, de Regina King 

¿Por qué verla? One Night… no tiene tantas pretensiones como parece. Quiere narrar la historia de cuatro leyendas de la historia afro estadounidense, pero lo hace con simpatía y profundidad, sin grandes momentos dramáticos, solo conversación. Quiere explorar las tensiones entre ser parte del sistema y enfrentarse a él, pero lo hace evitando el discurso moralizador y privilegiando un rol inteligente, observador y neutral. Quiere retratar las dinámicas y disputas socioculturales de la población afro, pero lo hace de frente, sin tapujos ni mayores alegorías. Por eso, el film de Regina King tiene mucho por decir y muchas formas para decirlo, siendo suficientemente asequible para toda audiencia. El brillante elenco y el contenido guion contribuyen a una explotación única de la historia reciente en los EEUU, llevando un mensaje imprescindible. 

¿A qué aspira? El guion, adaptado de una obra teatral, logró meterse en carrera, igual que la sólida interpretación de Leslie Odom Jr. como Sam Cooke hijo. Aún sin disputar mejor película, sus posibilidades en Canción Original parecían bastante sólida, pero eso no evitó que el film terminara por quedarse con las manos vacías.

La internacional: Druk (Another Round), de Thomas Vintenberg 

¿Por qué verla? Thomas Vinterberg es capaz de hacer un film sobre lo que sea -y mientras más transgresor, mejor- y con Druk decide tocar carne con un tema aparentemente zanjado, pero igualmente controversial: el consumo de alcohol en nuestra rutina. La apuesta es simple: cuatro amigos, subsumidos en la rutina y la depresión, y que creen que su vida mejorará una vez empiecen a beber cierta cantidad de alcohol al día. Solo con esto Vinterberg es capaz de delinear una comedia muy humana y diferente, una historia llena de vitalidad, personajes valiosos y un humor que interpela a su audiencia. Con un formidable Mads Mikkelsen a la cabeza, este relato danés sabe brillar e incomodar por partes iguales, explorando perspicazmente la cultura etílica en Europa, el drama intrafamiliar y la crisis de mediana edad. Aquí, las sorpresas van a hasta el final.

¿A qué aspira? Druk iba a la cabeza para ganar a Mejor Película Internacional -sin ser el primer premio para Dinamarca- y confirmó su favoritismo. Y, gracias al de gusto de los académicos, logró su cometido: meter a su dirección en carrera. A veces los subtítulos no son un problema. 

La inolvidable: Minari, de Lee Isaac Chung

¿Por qué verla? La historia de Chung, autobiográfica y cercana, es un cuidadoso estudio de la ambición, la estabilidad familiar y las aspiraciones, en una sorprendente vuelta de tuerca al sueño americano. Filmada de forma solemne, aprovechando la brillantez del Sur americano, este drama sorprende por su honestidad y dureza. Cuando las cosas parecen complicarse, la resiliencia y la fe de una familia, en especial de su patriarca, son puestas a prueba. La clave del film -y de su enorme éxito- está en su familiaridad: el tipo de conflictos en la pantalla, seamos migrantes o no, se nos hacen muy cercanos, implican una sensación de empatía pocas veces reflejada así en el cine. Minari deja de ser un drama familiar para hacerse una apuesta humana por la solidaridad, el trabajo duro y la esperanza. Cada elemento en el filme ayuda a que su mensaje se cumpla.

¿A qué aspiraba? Querida por la crítica y el gremio, el film se posicionaba bien como la sorpresa de la noche. Entre tanto, apuestas por guion o película, la veterana Youn Yuh-jung se llevó Mejor Actriz de Reparto.

La favorita: Nomadland, de Chloe Zhao

¿Por qué verla? Nomadland es una película milagrosa, una oda a la libertad -o aquello que más se le acerque-, un experimento en docuficción que no deja a nadie en indiferencia. Basándose en las experiencias de miles de nuevos migrantes que recorren los páramos inhóspitos de un EEUU irreconocible tras la crisis, Chloe Zhao grafica una peculiar odisea repleta de personajes en conflicto, lamentos y sueños perdidos, y una protagonista que se queda en nuestro corazones. Como tantas obras maestras, no es fácil de ver: demasiado riesgoso, demasiado humano; nostálgico por aquello que no ha sucedido, o aquello que no sucederá. Pocas veces habíamos visto algo así: en un limbo entre lo real y lo recreado, Nomadland funciona como una experiencia testimonial, bellamente filmada y mejor interpretada. Con la mejor Frances McDormand, este es un film insuperable.

¿A qué aspiraba? Un film así tendría que aspirar a llevárselo todo. Por supuesto, nuestras sospechas fueron confirmadas: Nomadland fue la gran ganadora de la noche, con dirección, actriz y película a la cabeza.

La moderna: Sound of Metal, de Darious Moroder

¿Por qué verla? Sound of Metal es incapaz de quedarse quieta. Parte de una premisa inquietante y única en su especie: un baterista de metal rock que empieza a quedarse sordo. Lo que parece propuesta de melodrama se vuelve un viejo tronador y muy íntimo por las tribulaciones del personaje principal, sus demonios internos y su futuro. Como drama excede las expectativas, planteando momentos honestos y duros de observar. Como historia consigue plantearse las preguntas correctas, inspeccionando la situación de crisis del protagonista, sus anhelos, sus demonios y todo lo que existe en el medio. Como mensaje sabe conseguir su acometido: someternos a una experiencia transformadora, que muestra de primera fuente lo que implica la sordera -edición y mezcla de sonido incluidos- y que, ante todo, consigue poner el dedo en la llaga en un problema que solemos ignorar.

¿A qué aspiraba? Un film así, indie y sobrecogedor, suele no aspirar a mucho, pero las nominaciones en Guion, Película y Actor demuestran lo contrario. Al final, tanto el Montaje y el Sonido, capaces de someternos a la agonía y redención del protagonista, resultaron ganadores.

La dramática: The Father, de Florian Zeller

¿Por qué verla? La ópera prima de Florian Zeller no es una apuesta común: es una tragedia de proporciones shakesperianas -si cabe bien el nombre- que muestra, una vez más, que nadie es invencible frente al paso del tiempo. Con una puesta en escena sobria y estratégica, con los decorados siendo parte clave de la trama, somos testigos de la dolorosa experiencia de Anthony, un anciano que, de a pocos, es víctima de la demencia y el envejecimiento. Esta es una propuesta dolorosa, difícil de ver, que nos muestra, de forma visual y simbólica, lo que implica esta enfermedad en quien la padece y quienes lo rodean. La música, las brillantes actuaciones, el inventivo guion, las proporciones teatrales y el crudo desenlace dan para una experiencia devastadora. Como se ve, los adjetivos no alcanzan aquí.

¿A qué aspiraba? The Father recobró fuerza cerca a la ceremonia, y sus posibilidades en Actriz Secundaria, Montaje y Película aumentaban. Al final, la extraordinaria actuación de Anthony Hopkins se llevó la estatuilla y el guion se llevó su merecido premio por adaptación.

La crítica: Judas and the Black Messiah, de Sacha King

¿Por qué verla? Furiosa y urgente, esta es la historia de Fred Hampton, pantera negra perseguida por el gobierno estadounidense y traicionada por uno de sus hombres más cercanos. El film es una pieza histórica en sí misma: consigue retratar la incertiumbre, las disputas políticas y las cuestiones de identidad racial con fidelidad, franqueza y estilo. Por supuesto, el corazón del film radica en la crisis de su protagonista: un sujeto como cualquier otro, un bribón sin más, que tiene que traicionar todo aquello en lo que cree, sin importar lo que ello pueda implicar. A eso se le suma, por supuesto, la presencia de Hampton: con cada monólogo e intervención, su ethos es un bramido desesperado por liberación, no libertad, por un EEUU distinto y disruptivo. Por supuesto, el film promete mucho y sabe cómo dárselo a la audiencia: acción, thriller y giros de guion.

¿A qué aspiraba? Siendo un estreno tardío, sorprende la cantidad de reconocimientos del filme, incluyendo nominaciones en Película y Guion. Lo mejor vino con Daniel Kaluuya, llevándose un merecido Óscar a Mejor Actor Secundario, y con Mejor Canción para H.E.R.