Como casi todos los días, subí a una combi para ir del trabajo a la universidad. Una compañera me había regalado un pan chapla de Mistura y lo guardé en la cartera para resistir la carga académica, hasta las 10 de la noche. Iba parada. De pronto pensé en el noticiero de la mañana: gente huía a Europa en busca de una vida sin guerras, un niño sirio yacía muerto en la playa… No pasó mucho tiempo para que un hombre subiera al carro a pedir ayuda, con una historia similar a la de todos: “Señores pasajeros, disculpen que interrumpa su viaje, yo sé que he cometido errores…”. Por ratos escuchaba, por ratos lo ignoraba. Dijo  padecer VIH, estar hambriento, no tener ropa ni lugar dónde dormir.  Lo escuchaba y me cuestionaba si debería creerle -porque aprendí a desconfiar de todos-.  Me preguntaba si la historia era cierta, si solo quería dinero para drogarse o qué se yo.

Volví a recordar que tenía un pan en la cartera, un pan que podía comer y dinero para comprar cualquier otra cosa en el camino; pero, tal vez, ese hombre no tenía nada. En ese momento vi un ser humano que podía tener el estómago vacío mientras yo iba satisfecha. Súbitamente dejó de importarme si lo que decía era cierto o falso, tenía en frente un semejante a quién podía ayudar, y yo tenía los medios para hacer algo -aunque sea mínimo-. Ya no hay un pan en mi cartera, decidí dárselo.  Muchas personas miraban hacia otro lado, algunos le dieron monedas, otros tal vez estaban atentos por si intentaba robarles.

Hoy me puse a pensar en muchas cosas. Mis padres eligieron donde nací, la marca de leche que tomé y el colegio al que fui. Me dieron a elegir la posibilidad de viajar o tener una fiesta de  quince años. Yo elegí estudiar en una universidad que en promedio puede costar el doble (o casi el triple) de un salario mínimo cada mes. Tanta suerte solo por nacer en específicamente cierta familia y no en otra. Tanta suerte de poder elegir qué comer, dejar lo que no me gusta y no tener hambre después, tanta suerte que otros no tienen.

Me sorprende cómo hemos perdido la capacidad de conmovernos, cómo es tan fácil ignorar lo que sucede con otros. Qué fácil es seguir viviendo como si no pasara nada, qué sencillo es voltear el  rostro y seguir escuchando música mientras la vida pasa. Es tan simple mirar la tele, decir “qué pena, pobrecitos” y seguir la rutina regular, sentarte a la mesa con tu familia en la noche cuando otros no saben si abrirán los ojos al día siguiente. Hemos perdido la capacidad de ver más allá, es normal ver miseria en el mundo y nadie espera que tú hagas algo por cambiarlo. No son muchos, no es lo común, pero reconozco a las personas que perciben que algo está mal y se sienten en la responsabilidad de hacer algo por cambiarlo.

No, no está mal ganar bien, tener un buen trabajo, disfrutar con la familia. No quiero condenar a los que tuvieron buena suerte, porque nadie elige en qué contexto nace. Tú no elegiste tener cubiertas todas tus necesidades básicas mientras otros ven sus derechos vulnerados cada día. Sin embargo, tengo un sueño. Deseo que cada día, cada individuo pueda ver su propia humanidad reflejada en los demás. Sé que es difícil, que no podemos de un día para otro dejar de lado convicciones con las que crecimos. No pido que mañana decidas ir a alimentar a los niños de África. Solo pido que te veas en los otros; que cuando te sobre un pan no voltees la mirada; que cuando puedas hacer algo, elijas hacerlo. Te pido que no ignores la próxima foto, ni creas que por estar lejos, no sucede. Incluso, sin ir más allá, mira lo que sucede a unas cuadras más allá de tu cómoda vida.

El desarrollo no está hecho de grandes decisiones del Estado o de grandes organismos internacionales. El desarrollo no son solo estrategias nacionales, programas sociales, proyectos, ONGs, objetivos, metas e indicadores. No pienses que desarrollo es solo el trabajo de unos cuantos. Desarrollo también es incomodarte cuando te das cuenta que aquello que tu eliges, otros no lo pueden decidir; desarrollo es querer que la voz de todos cuente. Actos pequeños, que tú que lees esto decidas mirar distinto, pueden cambiar el mundo. Desarrollo -para mí- es tan simple como erradicar la indiferencia.