Existen dos poemas que me fascinan y aterran al mismo tiempo: A mi hermano Miguel de Cesar Vallejo y el famoso Poema XX de Pablo Neruda. Leí el primero en un libro del colegio, cuando aún me encontraba en primaria. La manera en la que Vallejo recordaba a su querido hermano fallecido era simplemente conmovedora, y, a mí -que siempre fui un niño bastante sensible- no se me hizo muy difícil relacionar el dolor de su pérdida con el miedo infantil de perder a mi propio hermano, el cual, por razones del destino, también se llama Miguel. Recuerdo haberme encerrado en el baño para llorar cada verso. El segundo lo leí mucho después, siendo ya un estudiante universitario. Ya para entonces mi vida había cambiado. Había vivido y leído un poco más desde ese primer encuentro vergonzoso con Vallejo. Era un joven adulto algo cínico, con ambiciones, metas y responsabilidades. Tomé el libro de la biblioteca con una curiosidad estrictamente académica y le eché una ojeada. Me encerré en el baño para llorar cada verso.

Siempre he creído que uno de los mayores logros del ser humano es el haber podido transformar la miseria en una forma de entretenimiento. Cuando escribimos ficciones inspiradas en eventos que nos marcaron o usamos el dolor mismo como una fuente de inspiración, se puede crear un nuevo nivel de profundidad en las obras, ya que es mediante este sentimiento básico que el autor puede generar un vínculo con su público. El dolor es lo que nos hace humano; es algo en lo que todos podemos relacionarnos fácilmente.

Es en la poesía donde podemos apreciar esto con más claridad. Los tres poetas más vendidos de habla hispana son Mario Benedetti, Cesar Vallejo y Pablo Neruda. Grandes representantes de nuestras letras que suelen ser criticados por ser demasiado “sentimentales” o incluso “llorones”. Sin restarle importancia a ninguno (Vallejo es considerado por muchos como el poeta más importante del siglo XX y Neruda es un Nobel) podemos notar que muchos de sus poemas siguen un mismo patrón que los hace atractivos frente a las masas: comunican parte de su dolor a través de muchos de sus versos. Esto, junto a un estilo impecable y el talento que solo puede poseer un genio, es lo que los hacen tan populares en comparación con los otros muchos poetas talentosos nacidos en estas tierras.

¿Quién no ha sufrido una decepción amorosa? ¿Quién no ha sufrido la pérdida de un familiar? ¿Quién no ha estado frustrado hasta al punto de renegar su propia existencia? Es fácil sentirse identificado con estos poemas porque todos hemos sufrido de una manera similar y, con el dolor como lenguaje universal, podemos ir mas allá en el trabajo de estos autores sin gozar de las habilidades interpretativas de un literato entrenado, a diferencia de otros autores que exploran temas de política o realidad social. Usamos sus poemas como espejos para reflejar nuestras propias vidas, nuestras propias experiencias y fracasos. Por un corto periodo de tiempo, uno puede sentir cada verso quemando su piel con el mismo fuego con el que tocó a tantos otros.

En mi opinión, si son hábiles y les gusta escribir sobre problemas personales, pérdidas y desamor, no duden en hacerlo. No serán los primeros ni los últimos y quizá los critiquen por ello, pero recuerden: hay mucho sufrimiento en este mundo y muy poca gente que sabe sacarle provecho.