La Ley del Servicio Civil fue promulgada hace unos días bajo un ambiente de tensión y protestas por parte de los afectados, quienes siempre están dispuestos a protestar porque seguramente no tienen nada mejor que hacer. Pero vayamos al punto: esta ley establece que “la meritocracia será base del avance en los trabajadores de la carrera, así como la capacitación y mejora de las competencias de los servidores públicos del país, todo esto a favor de la ciudadanía”. Por lo que a primera impresión parecería una de las pocas cosas rescatables que ha promulgado el gobierno de “cosito” Humala.

La ley es viable si es bien regulada –libre de la corrupción que caracteriza a nuestro país-, pues si las personas del sector privado lidiaran con toda la burocracia de evaluaciones constantes y competitividad, el sector público también lo podría hacer. El problema radica en que se aplicará en primera instancia a los nuevos trabajadores y no a los que se rigen bajo los decretos 276 y 728 (nombrados) y los del CAS (Contrato Administrativo de Servicios), quienes se verán beneficiados con el cese de su inestabilidad laboral.

En el sector privado, cualquier empresa está bajo el derecho de exigir a sus trabajadores aptitud para mejorar su desempeño laboral, lo cual resulta en que la empresa tenga gente más competitiva y capaz, que luego se ve reflejado en el aumento de calidad. Curiosamente, con los empleados públicos no funciona de la misma manera. La gente que entra allí es en muchos casos por “argolla” o nepotismo, o peor aún, haciendo “favores” a los jefes con tal de ingresar. Y esa es la principal causa de la mediocridad que nos encontramos al ir a tan “prestigiosas” instituciones.

No me negarán que al entrar a alguna institución de servicio público la perfidia inunda nuestros ojos al notar la fauna que allí se encuentra laborando, ellos creen que “nos están haciendo un favor”, pero son los impuestos los que pagan su sueldo. Y hablando de sueldos desperdiciados… ayer se realizó la protesta del CGTP ante esta ley – que el CGTP te apoye es ya el acabose de la dignidad para cualquier mortal-. La pregunta es: ¿están enterados acaso estos tipos de lo que se trata la ley? ¿O solo siguen como corderos al inepto mayor que les azuza el enfrentarse a la policía, y ser paladín de la rebeldía contra el “gobierno opresor”? Pareciese que están más pendientes de lo que hace “la amiga de todos” en su sextape con Ney Guerrero que lo que se dictamina en su país.

Valga decir que como en toda regla tenemos excepciones. Es decir, si los empleados no se desenvolvieran mediocremente, su empresa no tendría por qué exigirles más. Pero como estamos en el país argollero, donde solo nos importa que los famosos que visitan el Perú hayan probado el ceviche o libado Pisco, mientras continuemos con esta somnolencia moral que abarca nuestra racionalidad, no habrá un progreso que se haga notar.

Por lo que si no presentan ninguna objeción contra ella, tendríamos como resultado que todo aquel que postule a trabajar en el Estado sabría a lo que se mete, el ser amiguito del jefe no te favorecería si eres incapaz. Nadie ruega que estos pelafustanes sigan calentando sus asientos, y mejor si dejan el paso libre a personas aptas y con ganas de trabajar. Y si no te gusta, jódete.