¿Quién no creció admirando a un protagonista de una serie animada de niño cuando el mundo era -tal vez menos- ajeno y desconocido? De pequeños no solo habitábamos nuestros cuentos, sino también los universos de Naruto, Dragon Ball, Pokemon, Digimon, etc. cuyos personajes nos acompañaban. Aún ahora, recordar a sus protagonistas y sus aventuras nos puede dar un empuje motivacional para no rendirnos en la vida, la cual muchas veces nos ha tentado a hacerlo. 

En retrospectiva, nos damos cuenta que estos personajes nos rescataron de momentos en los cuales la vida se mostraba sombría y no encontrabamos motivaciones que nos ayudaran a seguir adelante. Nos transportábamos al universo de cada serie y vivíamos, junto a los personajes, historias que solo eran posibles a través de una pantalla. Y no solo eso, sino que las enseñanzas que los protagonistas aprendían a medida que desarrollaban encontraban también su lugar en nosotros. Tal vez no podíamos aspirar a ser un shinobi de carne y hueso como Naruto, pero sí buscar un sueño que perseguir y perseverar hasta conseguirlo, ya que, como el niño del zorro de las nueve colas, nosotros tampoco íbamos a retractarnos de nuestra palabra jamás.

No obstante, los lemas de optimismo o de que los sueños se consiguen a punta de esfuerzo y dedicación, a veces, no son suficientes para comprender el mundo en su pluralidad. Ante la falta de diversidad de identidades en los personajes de series infantiles, Rebecca Sugar crea Steven Universe, una historia protagonizada por un niño mitad gema de 12 años que vive con tres seres protectores de la tierra, las gemas: Perla, Garnet, y Amatista. La serie narra las aventuras de Steven en un mundo en el cual los humanos conviven con seres de otros planetas. Así, Steven, de a pocos, descubre quién es él y quiénes son los demás, en la medida que consolida y refuerza sus relaciones interpersonales.

El objetivo de estas líneas no es ahondar la trama de la serie -finalizada hace unos días- o por qué debería ser vista incluso por un público adulto, sino reflexionar sobre qué hace que Steven Universe sea tan distinta a las series con las que la mayoría de nosotros, adolescentes y jóvenes adultos, crecimos. Por más que se desarrolle en un mundo fantástico, la obra de Sugar comprende de una manera más sensible y realista lo que es ser un humano.  Esta serie animada gira entorno a Steven quien es educado y criado por Perla, Garnet, y Amatista cuya misión es proteger a la tierra de los ataques de enemigos del espacio. Las tres gemas eran antiguas compañeras de Rose, la mamá de Steven, quien era una gema que, al enamorarse de un humano, sacrificó su existencia en este mundo para que Steven pudiera vivir en él. Por eso, las tres gemas terminaron cuidando a Steven en Beach City. En esa ciudad viven junto a personajes como el padre de Steven, Greg Universe, y su amiga, Connie Maheswaran.

La mamá de Steven, Rose Quartz, era amiga y compañera de Perla, Garnet, y Amatista; sin embargo, su relación con Perla fue, en cierto nivel, romántica. Por esta razón, Perla no puede evitar sentir cierto resentimiento hacia Steven, ya que Rose se sacrificó por él. Por otro lado, la relación de Steven con su padre se ve marcada por el rencor que tiene Perla hacia este último, cuya aparición en la vida de Rose también significó el fin del romance de ambas. Con solo este spoiler, se puede ver que la serie viene cargada de potentes y complejas relaciones interpersonales, y momentos entre personajes que ayudan a formar un mundo sumamente intrincado en el cual Steven crece como ser humano. No solo tiene que lidiar con ataques de gemas enemigas que buscan destruir su hogar, sino también con sentimientos y procesos psicológicos profundos como el amor, los celos, el arrepentimiento, y el odio. 

A pesar de ser una serie dirigida para niños – o, mejor dicho, por ser una serie para ellos-,  no se concentra solamente en crear peleas visualmente interesantes que demuestren los poderes sobrenaturales y la fuerza de los personajes, sino que acepta, trabaja y prioriza la vulnerabilidad emocional de Steven que se torna en una convicción de proteger a sus seres queridos. Demuestra que se puede ser alguien sumamente fuerte, poderoso y de voluntad inquebrantable, y al mismo tiempo, se puede ser frágil, introspectivo y estar confundido ante un conjunto de emociones que muchas veces no entendemos y que parecen contradictorias.

Por esto, Steven Universe es una serie tan especial. No se centra únicamente en crear a un personaje principal que los niños admiren por su fuerza y poderes increíbles, sino que proyecta con profundidad las emociones que embargan a los personajes. Además, las relaciones entre ellos se muestran de manera dinámica y conflictiva, porque no solo resaltan el lado feliz y optimista de la amistad y del amor, sino que, se enfocan en lograr que los espectadores -los niños en especial- comprendan que muchas veces los sentimientos poseen distintas tonalidades cuando son procesados, que son más complejos de lo que parecen, y que aceptar eso es mejor que ignorarlo. Desde otro enfoque, Steven Universe también destaca por su diversidad en otros ámbitos de la identidad de las personas como sus distintas orientaciones sexuales o identidades de género, y un espectro más extenso de los aspectos físicos que contrasta con el hecho que la joven audiencia es estereotípicamente expuesta a estigmas sociales disfrazados de un prototipo anatómico que invisibiliza lo heterogéneo de la imagén de las personas.

En Steven Universe, no solo encontramos un universo extraordinario producto del talento creativo de su autora, ni solamente una trama interesante que te deja a la espera del siguiente capítulo, sino también, hallamos una serie con la capacidad de cambiar el modo de comprender el mundo de las nuevas generaciones. Nos demuestra el potencial de cambio social que las series infantiles pueden llegar a poseer con una batuta similar a la de Sugar. Esta serie, finalmente, es un gran ejemplo de que podemos soñar con las cosas más increibles sin dejar de aceptar completamente nuestras emociones y nuestra humanidad libre de ideas que nos separan del otro y que evitan que nos comprendamos realmente.