La cercanía con el país llanero nos ha permitido ser testigos de una guerra sin cuartel entre un gobierno que heredó el comportamiento megalómano de su mentor ideológico con un sector de la población, en su mayoría estudiantes que, motivados por la ultraderecha controladora de los poderes económicos y grandes corporaciones, intentan hacer frente a un presidente que ha demostrado su incapacidad para negociar de manera pacífica, respetando los derechos de su pueblo; y que, sumado a esto, ha escogido el camino de la represión violenta con el afán de imponerse ante sus opositores.

Sin embargo hay quienes, dejándose llevar por los medios de comunicaciones plutocráticos, proimperialistas y totalmente parcializados, propagan comentarios como: “Eso es culpa de la izquierda” o “El modelo rojo tiene la culpa”. Que ocioso nos resulta tomar posición con lo que nos difunden algunos medios locales, o la verdad venezolana que nos difunden medios internacionales como Telesur, CNN y Fox News; por estas horas, estas cadenas juegan un papel principal para los grandes grupos económicos en pugna por la opinión pública.

Si nos ponemos a analizar un poco, podemos encontrar que es una historia repetida en nuestro contexto, que siempre ha tenido de protagonista al “cuco”, Estados Unidos, y su política intervencionista. Recordemos lo que pasó en Chile y el gobierno de Allende o, sin irnos tan lejos en el tiempo, lo que pasó en Irak, Irán, Kuwait, Líbano y Egipto. Es imposible no recordar todo lo que se vivió en esos países, y las guerras que se desencadenaron con la opinión mundial de un lado.

Por eso no se me hace raro que PPK -con su plan capitalista- proponga romper relaciones con Venezuela y retiremos a nuestro canciller en Caracas para reafirmar nuestra posición sobre estos enfrentamientos; esa posición seguramente mayoritaria en la Lima donde ganaron los “ppkausas”, esos que repiten comentarios como este: “Hacemos votos para que Nicolás Maduro caiga de una buena vez, no por su carácter opresor sino porque lo detestamos profundamente, a él y a su mentor, Hugo Chávez, el responsable directo del surgimiento de forajidos como los que hoy gobiernan Ecuador, Argentina y Bolivia.”

No nos dejemos engañar. La salida de Maduro no va a restablecer la democracia, ni tampoco el enaltecimiento de Leopoldo López va a devolver la calma a Venezuela. En ese camino, no nos dejemos engañar por un fujimorismo que pide que tomemos posición en contra del chavismo cuando ellos bailaban en trencito y negociaban la visita de nuestro tan bien nombrado Vladimiro Montesinos con ellos. Ya vemos que ahora sí tienen bastas razones para despotricar contra la izquierda peruana que a viva voz ha expresado su respaldo al gobierno de Maduro, y de esta manera puedan decir: “La izquierda es retroceso”,  “Los gobierno de izquierda son dictatoriales”.

Todo esto ha motivado una sensibilidad e indignación generalizada contra los abusos y las muertes en las manifestaciones producto de la represión; sin embargo pocos dijeron algo por los muertos del Baguazo o los de Conga. Nadie pegó el grito al cielo ni empezó a utilizar las redes sociales para trasmitir la noticia como tendencia. Es que aquí no sabemos ni siquiera lo que pasa con nuestro país. No sabemos de la cantidad de muertos por conflictos sociales contra la minería, ni de la ley que da luz verde a los policías para disparar de manera retroactiva sin que haya responsables, es decir “licencia para matar” en las protestas.

En nuestro propio país no conocemos la realidad de Cajamarca, Áncash, Morochuco; y menos vamos a saber qué pasó, hace quince años, en Venezuela. No nos pongamos una venda para que nos cuenten qué es lo que pasa en el país del petróleo sudamericano. La guerra que se vive en Venezuela va más allá de un pensamiento revolucionario, menos de la prepotencia de Maduro; en Venezuela se yuxtapone una conciencia anti imperialista a la protesta ultraderechista de la que ha sido víctima. Si no recordemos que al mismo Chávez se le dio “golpe de estado” y se le volvió a elegir.