Cójanse un ratico de sus asientos e imaginen que… 

Tienen 22 años, estudian antropología.
Entran al salón a un día,
ven la ventana porque no quieren saber del mundo,
en esa boba están hasta que…

Profesoooor, y ejjjto

Y pues…
volteas,
volteas y la ves,
la ves y
y la ves…
y tu amigo te ha dicho
¡copia, huevón! Ya empezó la clase
Tú atontado vuelves,
pero no eres tu mismo.
Ella baila en tu retina
te dice: “hola gua…”

La encuentras en un vértice
junto a dos amigas.
Inflas el pecho,
te presentas
¿Qué hay?

Te ve, te dice: “¿qué hay?”
Conversas,
te “alucinas”.
Ni la ves
(en realidad sí)
qué linda, te dices.

Le pides el numero,
te lo da.
Se miran,
conversas,
haces eso siempre…
¿Qué?
¡Hacerla reír!

La niña se ríe, sus ojos pardos, sus ojos verdes,
ese horizonte que guarda bajo las cejas…
La niña ríe.

Pasan los días,
te das cuenta de lo duro de la vida.
Prosigues
Flagelos
“auu, auu”, mucho” au…”
y nada.
Piensas en tirar todo por la borda…

Incluso ya vas a llegar al mes,
un mes en que ya muchos se han dado por enterados
de que tú,
de que ella,
de que los dos,
de que nada… de que nada,
de que “chau”.

Pero la ves, te ve ella un día
te azoras (te achoras)
y…
¡Te abraza!
¡Qué gran abrazo!
¿Y el orgullito?
¡’Pal caño!
¡Te abraza!

Quedan en verse, que un café,
que esto… que si

Llega un lunes
y sin pensar
dibujas un corazón-coraza en un libro.
Dentro ella y tú
felices en su felicidad
ahhh,…
Ridículo, ¿verdad Pessoa?
El portugués asiente.

Se lo das,
lo recibe.

Mensajón: “¡estas loco!
(le ha gustado)

Más, más, más y más conversas…
Salen,
por fin salen.
Rocko, poesías, carros, Centro de Lima,
cerrito, choteada al ra’, dejas tu mano en su pierna,
aperturas…
Elixir del cielo pues besaste a quien prematuramente amas.

Llega el viernes y con mas poesía que de ella solamente has aprendido
la encuentras
sin que el hado lo juzgue.
Simplemente la encuentras,
se ven… se tratan
le rimas, qué lindo, no lastimas.

Y así manito
Y así… hoy que es martes y ayer no la viste.
Hoy grandioso día,
hoy estuviste con ella
en un parque esclarecido.
Los dos ahí y bien juntitos,
acatando la voz poética.

Ella
Abrazados con un abrazo que solo ahí pudo darse
pero que, joder, también se dio después.
Su mano que te presionaba con calor la cabeza
que nunca antes sentiste,
su pecho que bullía y al que escuchabas,
su olor hermoso y candente,
su olor que hueles y persigues,
su olor a ella, su olor a vida, su olor tan solo.

La ves de nuevo frente a ti,
dice cada cosa, la celebras
y te mira
con ojos pardos, con ojos verdes.
Sientes que la amas,
lo sientes bien adentro
porque si no, no escribirías nada.

Y festejas todo
con la cabeza posada en sus piernas caminadas (pues es tu turno).
Festejas su dejo, su carácter,
sus joderes, sus “no entiendo”,
sus poderes, sus instantes,
hasta su retorno impostergable y lastimero
porque es más vida a lo que es vida.

Y agradécele el consejo a ese cronista.

Ella aumenta tu alma.