Texto dedicado a Danae Román García

 

UNO

El nombre oficial del curso puede resultar anodino para quien lo escuche (“Temas en sociología 2… ¡Bah!”). Pero una vez que se tiene claro conocimiento de lo que tratará, es decir, sobre la economía política de la ciudad, uno para las orejas y, así haya sol, así tenga que hacer cosas, irá como un zombie (el paraje posterior del aula se presta para eso) al pabellón móvil C a eso de las cinco de la tarde de un martes y subirá las escaleras de esta estructura blanca que, dadas las áreas que lo rodean, parece un laboratorio salido de algún episodio de Resident’s Evil.

Omar Pereyra es el sociólogo encargado de conducir el curso. Es alto, flaco y de tez clara. Sus cejas son pobladas, su hablar es pausado y a veces demuestra una casi fría seguridad en lo que dice. Ya no luce el rapado de hace unos meses. Un fleco de cabello arriba de la frente quiere ocultar la desgracia de un hombre: las malditas entradas. Al entrar al aula con mi amigo, pasados diez minutos de que empezara, abre los ojos e invita a que me siente. Yo solo quiero sentarme. Rápido. Veo que al fondo hay una amiga sentada y le pregunto si puedo sentarme a su costado. Me dice “sienta” y tiro mi humanidad en la silla. Ahora sí (Pereyra me entrega un syllabus) la clase es toda mía.

Tras unas preguntas sobre nuestra condición de alumnos (que somos antropólogos y ya estamos en la etapa de tesis), Omar habla de lleno del curso. Señala que este no es un curso de sociología urbana pues ya hay uno en la PUCP que es dictado por Pablo Vega-Centeno, sociólogo de la casa. Indica que la diferencia entre ambos cursos radica en que el curso del profesor Vega-Centeno (más conocido como PVC) no es estrictamente sociológico pues contiene elementos de urbanismo, pensamiento urbano y algún cotilleo de fenomenología.

A su vez, señala que no se tocará en el curso a viejos conocidos del ramo, como lo son Henri Lefebvre y David Harvey. El primero porque no es sociólogo, sino filósofo (en clara alusión de lo que dijo Castells en relación al francés), amén de que su cuerpo teórico tiene los tres sables fatídicos: es poco operacionalizable, es poco hipotetizable y es poco demostrable. De otro lado, Harvey, aunque importante, es un geógrafo que para Pereyra tiene solo unas cuantas ideas traducibles para la investigación.

De que es polémico, lo es. Y más con ese tono muy seguro de quien se ha devorado una lectura una y dos y tres veces. De momento, nuestros padres sagrados del estudio urbano, nos referimos a Lefebvre y Harvey, claman por su venganza.

DOS

“La sociología urbana se ancla en dos tradiciones”, dice el profesor. En primer término, está la Escuela de Chicago y su corriente ecológica. Esta vertiente de estudios norteamericana hace hincapié en ver a la ciudad como una especie de ecosistema que, como tal, influye en los entes que la habitan. Así, menciona a uno de sus principales teóricos, Louis Wirth, cuando este da algunas caracterizaciones de la ciudad: que se distinguen por su tamaño (en oposición a una villa), por su densidad (“la ciudad es grande y densa”) y que, dadas estas condiciones, el ser humano producido (uno que es apretado por la multitud y la infraestructura, uno que tiene encuentros esporádicos) es un ser de indiferencia y de cálculo. Agrupado todo esto bajo la férula de la industrialización, lo que se obtendrá es un ser humano que vive en medio de una heterogeneidad muy vasta. Por lo pronto, recordaba los casos de amigos que se iban a Cuba y regresaban de lo más alegres por la hospitalidad recibida en los pueblos y ciudades de ese país. El ejemplo puede repetirse para casos de algunas ciudades colombianas. ¿El urbícola es indiferente y calculador?

Pereyra continuó hablando sobre quien vive en la ciudad: este sería más tolerante ante lo raro. Comentó un ejemplo cercano: “si uno camina por la PUCP y ve a alguien externamente raro, simplemente lo mirará pero… Pero no se detendrá y lo observará como bicho raro. Uno en la PUCP lo mirará y seguirá de largo pues no es parte de la etiqueta social detenerte ante lo raro”. La verdad, fue difícil para mí conciliar esa visión con lo que sucede actualmente en países de Europa y el brote xenófobo ante los distintos tipos de inmigración. Pero dejemos la polémica para después.

Luego pasó a decir que la ciudad es un gran collage de muchos ecosistemas. Dicho esto, mencionó que los barrios generan personalidades. El espacio es productor. Terminada esta idea, redondeó su exposición con una crítica: esta tradición es la del modelo de puro mercado; aquí los individuos compiten. “En este modelo no hay política, sino competencia”.

La otra tradición, continuó Pereyra, es la del conflicto. Aquí el Estado es quien pone las reglas en la ciudad. Aquí los estados zonifican, reglamentan. “El Estado es un elemento que transforma la dinámica social”. Esta es la tradición de la sociología del conflicto dentro de la ciudad. Y es la tradición en la que se basará este curso. Si se quiere, en un principio se verá al Estado como actor hegemónico, pero luego se pasará a añadir otras entidades como la empresa, los movimientos sociales, entre otros.

Como axioma básico, señaló que en la ciudad todos tenemos preferencias y recursos (“capitales”); que todos más o menos queremos que nos vaya mejor en el futuro. Así las cosas, la ciudad es un gran sistema de competencia, por supuesto, pero una competencia que incluye factores como la clase, el status y el partido.

TRES

Los ejes teóricos en los que se basa el curso son tres: I) en primer lugar, habrá un bloque para conocer diferentes corrientes que teoricen sobre la ciudad. II) en segundo lugar, se tendrá un espacio en el cual el gobierno urbano tendrá una interesante valía como factor que explique la dinámica en la urbe. Así, mostró cómo hay algunas ciudades que tienen prioridad por hacer pesar su valor turístico, su valor portuario, su valor exportador, su valor estético y su valor productivo (minería o de narcóticos), de acuerdo a lo que propongan sus gobiernos. En ese sentido, indicó que los gobiernos regionales o distritales tienen sus propias agendas. De este modo, pretendía desmarcarse de la visión ortodoxa marxista, que veía a las ciudades -y a sus gobiernos- como cuerpos capturados por el gran capital, como sus meros títeres. Al respecto, uno se preguntaba si en esta inclusión marxista la teoría gramsciana penetra en la medida de que contempla la diversidad de actores que intervienen en la disputa del poder. III) por último, el curso tiene un eje que dota de importancia al lugar por cuanto genera mecanismos, formas y procesos que influyen en la vida social. Por ejemplo, comentó que “los lugares reducen expectativas de vida de las personas. No solo la clase y los distintos tipos de capital que poseamos nos afecta: también el lugar en el que vivimos marca para bien o para mal nuestras vidas”. De este modo, la geografía de las oportunidades, las dinámicas de la segregación residencial y regional, el medio ambiente, las transformaciones urbanas y los movimientos sociales urbanos son recogidos dentro de este segmento.

Aunque un poco escéptico ante la última consideración, proseguí escuchando sus indicaciones. Pereyra comentaba que mucha de la bibliografía se encuentra en inglés pues las tradiciones latinoamericanas no han entrado mucho en los ejes descritos.

CUATRO

Se había seguido una ruta ordenada y ya habíamos superado la primera hora de las tres correspondientes. Por eso se pasó a seleccionar a los estudiantes que expondrían algunas lecturas para el curso, lo cual fue muy interesante pues Omar describía de manera somera de qué trataba cada lectura y partir de eso, el alumno o alumna se ofrecía a hacerla suya. Sin embargo, también hubo momentos tensos en los que Omar al no encontrar un postor para la lectura, por cerca de 10 largos segundos, pasaba y repasaba sus ojos por nuestras caras, comprobando más que nunca, aunque en otro contexto, eso de la indiferencia de quien vive en las ciudades.

Sin embargo, al final de la clase empezaron algunos alumnos a intervenir y eso la llenó de dinamismo. Por ejemplo, una pregunta que se le hizo a Omar tuvo que ver con cómo la teoría del economista Karl Polanyi respecto al cambio del valor de uso al valor de cambio tiene influencia en los aspectos micro y macrosociales de la ciudad; de otro lado, un alumno comentó si podía incluirse dentro del programa de lecturas del curso un capítulo de un libro del sociólogo Arturo Huaytalla que trata sobre formas de organización social en dos áreas conflictivas de La Victoria, distrito limeño.: el cerro El Pino y el cerro San Cosme. Diálogo de por medio, el pedido fue aceptado con la condición sine qua non de que ese mismo alumno halle el texto necesario. Y lo exponga.

Terrible inicio para un curso que apuesta por la comprensión de lo que nos inquieta: el conflicto.

13-03-18